Rechazo de ayuda.
Sebastián se encontraba impaciente en el coche, esperando que Marina saliera de la casa de Mayra.

La espera era una de sus peores carencias, un defecto que arrastraba desde su niñez.

Aquellos recuerdos amargos de su infancia siempre regresaban como fantasmas cada vez que se veía obligado a esperar más de lo previsto.

El reloj de su mano marcaba minutos que parecían horas, mientras él tamborileaba sus dedos sobre el volante.

La tensión crecía en su interior como una olla a presión a punto de estallar, y el sudor comenzaba a perlar su frente.

Había acompañado a Marina a visitar a Mayra, pero desde hace ya diez minutos que su esposa había ingresado y, nada que salía.

Observaba constantemente la puerta de aquella casa, esperando ver aparecer la silueta de Marina.

Estuvo en dos ocasiones a punto de salir del coche e ir a tocar la puerta, para sacarla de ahí y llevarla a casa, no obstante, su autocontrol hizo que descartara esas ideas, y esperara por quince más. Sus nudi
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