Más de un siglo después, tras tres años de que Bastian rescatara a Zebela de Roan y reconquistara Luna Roja:LaurelLa calidez de la mañana me acarició con sutileza, como si los rayos débiles del sol, que apenas se dejaba ver, me besaran suavemente los ojos.Los abrí, luego me los froté y, acto seguido, me incorporé en la cama. Solté un largo bostezo, acompañado por un gritito prolongado que terminó por despertarme.—Ayayay... Todavía es temprano... —musité antes de tirarme de la cama. De inmediato, me encaminé al balcón, donde las montañas se mostraban majestuosas, vestidas con un manto de neblina que evidenciaba lo temprano que aún era.—Ah... —me quejé—. ¡Se suponía que hoy dormiría hasta tarde! ¡Qué injusta es la vida! Mi primer día de "descanso" en muchos años y, ¡pum!, vengo y me levanto antes de que el sol termine de salir. ¡Maldita alarma natural!Caminé de un lado a otro, refunfuñando de la frustración.Tras un largo suspiro, observé la montaña blanca que sobresalía entre tod
LaurelNuestras miradas se mantenían firmes, a la expectativa de la reacción del otro, en una guerra que ninguno estaba dispuesto a perder.Él continuaba con su mano extendida hacia mí, todo confiado, creyendo que yo iba a sucumbir ante su locura.Ayayay...¡Qué chiquillo ni más impertinente!Di un paso atrás y levanté más la barbilla, con un aire desafiante que mostraba mi autoridad. Entonces lo vi tambalear. De inmediato, el ambiente raro se esfumó y se levantó esa barrera fría que siempre había mantenido entre nosotros.Noté decepción en su mirada y, por un leve segundo, sentí lástima por él.No lo entendía. Liadrek era un lobo muy atractivo, lleno de frescura y energía. Poseía una habilidad admirable, fuerza e inteligencia. Siempre llamaba la atención dondequiera que llegaba, y el misterio en su actitud lo hacía deseable e interesante; sin embargo, buscaba con desesperación mi atención.¿Por qué?Yo era una mujer pequeña, sin mucho atractivo, una de esas a las que muchos llamaban
LaurelMis días de descanso habían terminado, pero, por lo menos, los aproveché al máximo. Por supuesto, tuve que escaparme varias veces porque esta gente no entendía lo que "descanso" significaba.Arg...—Alfa, aquí está su itinerario de hoy —me dijo Lisa, mi asistente, poniendo un portapapeles sobre la mesa.Ay, ni comerse el desayuno dejan a una en paz.—¡Niña, deja que, por lo menos, termine de desayunar! No ha empezado bien el día y ya me estás llenando de trabajo. ¡Vas a hacer que me caiga mal la comida! —exclamé, exasperada.Ella solo negó con la cabeza, pues estaba acostumbrada a mis berrinches.—Por cierto, un mensajero le dejó esta carta —me informó mientras ponía un sobre al lado del portapapeles.—Ummmm... —mascullé al ver el logo circular atravesado por la imagen de un rayo. Supe de inmediato quién era el remitente. Era del consejo clandestino de los lobos guías.Pero esa información solo la conocíamos Liadrek y yo, así que, para los demás, podría ser una de las tantas ca
LaurelTras saludar a mis bebés, me senté en mi escritorio y miré a Liadrek, quien se quedó de pie con los brazos cruzados. Le extendí la carta que había traído conmigo.Él frunció el ceño cuando la agarró. Con precaución, la sacó del sobre y empezó a leer. Noté cómo la expresión de su rostro cambiaba a medida que se sumergía en el mensaje.Lo percibí tensarse.—¿Es lo que creo que es? —masculló entre dientes mientras apretaba el papel con furia contenida.Asentí y me levanté de mi asiento para revisar mis plantitas. Sentí su mirada quemarme la espalda, lo que me puso nerviosa.Ayayay, ¿hasta cuándo estaré sintiéndome así con este niño?—Si lo que dice la carta es tal cual, debemos prepararnos y advertir a Bastian y a Zebela —dije mientras acariciaba una planta que casi se me muere la semana pasada. Por suerte, ya estaba mejor.—¿Cuándo irás? —preguntó, más relajado. Sabía que estaba luchando consigo mismo y que trataba de mantener la compostura.—Quizás hoy o mañana. ¡Ay, no quiero a
LaurelTraté de relajarme y actuar con naturalidad, pero era difícil con la tonta de Lisa mirándonos victoriosa y con esa sonrisa de "¡Lo sabía!" en la cara.¡Qué rabia! ¿Por qué dejé que las cosas entre Liadrek y yo escalaran hasta este momento incómodo?Me aclaré la garganta, puse cara de fastidio e indiferencia y me senté en mi escritorio. Liadrek me miró con una intensidad que me puso nerviosa y luego relajó el semblante, como si estuviera satisfecho de su logro.¿Cuál maldito logro? Él solo me puso en una situación incómoda por estar de atrevido y no saber cuál era su lugar.Ayayay... ¡Cachorro insolente!—Disculpen por... —Lisa nos miró con malicia y volvió a sonreír— molestarlos... pero necesito entregarles este informe de alta urgencia que les mandó el gamma Din —dijo mientras me entregaba una carpeta. Acto seguido, salió, cerrando la puerta tras de sí.El ambiente de la oficina cambió por uno más tenso que el anterior.Sostuve la carpeta mientras Liadrek caminaba con grandes
Pareciera como si el aire entre nosotros se hubiera detenido y, con él, todo a nuestro alrededor.Ayayay...Tenía tanto tiempo sin verlo, sin saber de él...Sus ojos ambarinos me observaban con una intensidad que empezó a ponerme nerviosa. Ese escrutinio tenía un brillo diferente, un reflejo de lo que parecía una pizca de felicidad y... fascinación.¡Ay, deja de imaginar cosas, mujer!, me recriminé.No podía apartar la mirada de la suya, pues buscaba algo en él que me diera respuestas a tantas preguntas que rondaban mi cabeza, pero que no me atrevía a articular.¿Qué hacía en este lugar? ¿De verdad era un Sigma ahora? ¿Cómo había estado todo este tiempo? ¿Se sentía arrepentido de todo lo que le hizo a su hijo? ¿Cómo vivía con la culpa? ¿Necesitaba ayuda? ¿Estaría dispuesto a enmendar sus errores?Ayayay...¡Tantas cuestiones que no tendrían una respuesta!—Laurel, ¿qué haces aquí sola? —preguntó. Luego se aclaró la garganta porque la voz le salió empañada.—Iré a visitar a... —Hice un
LiadrekA regañadientes, obedecí la orden de mi alfa y me dirigí hacia donde Din daba instrucciones. Al parecer, lucía más serio que de costumbre, porque ellos me trataban con cautela.Y sí, lo estaba. Ardía en furia y decepción conmigo mismo. ¿Hasta cuándo me arrastraría por el amor a esa mujer terca e impenetrable?Estaba cansado.—Yo iré contigo, Din. Orden de nuestra alfa —dije al fin, captando la atención de todos.Él asintió, satisfecho, pues le gustaba involucrarme en sus tareas.—Iremos hacia el norte —informó él, pero lo contradije tras una minuciosa vista al reporte.—Según estos datos, hay suficientes hombres como para que se dividan. No sé qué fulgores buscan, pero necesitamos ser más rápidos que ellos. Creo que debemos dividirnos en los bosques Reed —opiné.—Tienes razón. Una vez lleguemos al lugar desértico, nos dividiremos —secundó Din y empezó a dar nuevas instrucciones.Yo me mantuve en silencio todo ese tiempo, sumido en los recuerdos. ¡Por los Guías y Woses! Estuve
Laurel Una brisa traviesa se paseó por las hojas de los árboles y me levantó los rizos que caían alrededor de mi cara. Esa frescura fugaz contrastaba con el calor del momento tenso.Miré a Liadrek, quien confrontó a Draevor y, en el acto, me regañó a mí.¡Insolente! ¿Quién se creía que era?—Beta, que no se te olvide que te estás dirigiendo a tu alfa —le recordé, aguantando las ganas de darle un escarmiento.Su mirada desafiante me confrontó al fin, pero fue tan intensa que me hizo titubear. Liadrek era del tipo de personas que, con una simple mirada, podía intimidar hasta al más fuerte.—Exactamente, Alfa, soy su beta. Como tal, mi trabajo es cuidar los intereses de Luz y los suyos —respondió, impasible, pero con ese destello de molestia que me tenía nerviosa—. Por ende, debe preocuparme con quién se junta y su reputación, en especial porque tenemos una relación importante con el alfa Bastian que debemos cuidar. No echará a la basura eso por un cualquiera.Ayayay...¿Escuché bien? L