Alex llegó a un laboratorio, un establecimiento moderno y vanguardista, y se presentó con una recepcionista bien vestida entrenada para detectar los millones de posibles clientes. —Señor Smith, está interesado en desarrollar un medicamento revolucionario. Alex sonrió, le pareció ver a su amiga Catherine poner los ojos en blanco por elegir un nombre falso tan trillado. —Así es, tengo suficiente motivación y dinero para invertir en el desarrollo de pastillas adelgazantes que sí funcionaran. Pero necesito hablar con la CEO. Laila Zain. —Muy bien señor, en un momento lo hacemos pasar. En breve escoltaron a Alex por un pasillo exquisito y con buen gusto, con cuadros de artistas famosos y esculturas emblemáticas. Pantallas al rededor promocionaban los últimos avances en la medicina con fármacos desarrollados por los laboratorios. Alex entró en una oficina con enormes ventanales y la hermosa y exuberante Laila se puso de pie, la silueta femenina entallada en el vestido bl
Irina conversaba con Matilde en la cocina después de almorzar a gusto, cada una con una taza de café. —Tengo esperanza en que la Dra. Reed consiga mitigar el estrés de mi mamá, con eso su enfermedad será más controlable —le dijo Irina ante la preocupación de Matilde, se habían hecho amigas. —De verdad me da pesar, vivir con dolor ha de ser terrible —expresó Matilde con consideración. —Y el umbral de dolor de mi madre es muy alto, ella ha pasado por mucho en la vida, estoy segura que muchas cosas guarda en su interior, secretos para no hacerme sufrir, todo eso se ha acumulado, por eso sé que la Dra. Reed la ayudará. Estoy muy agradecida con el Dr. Salvatore por eso. —Para Alex, Catherine puede solucionar lo que sea. Quien lo dijo fue Bianca, Irina y Matilde se sorprendieron al verla en la cocina, ella jamás entraba allí, ese era un lugar para empleados. —Sra. Bianca, ¿se le ofrece algo? —Preguntó Matilde poniéndose de pie de inmediato. Bianca sonrió. —No te pre
Irina era por completo un lio, jamás en toda su vida había tenido la vida tan patas arriba, pero lo cierto es que tenía responsabilidades que había acordado, la más difícil después de tanto que había hecho Alex por ella era el acuerdo con Santiago y la policía. Irina aprovechó el viaje de Alex, y llamó a Santiago, una vez más se citaron, esta vez en el apartamento de Santiago. Irina tocó la puerta y Santiago abrió, sonrió al verla. —Irina, pasa adelante por favor. —Detective —saludó con una pequeña sonrisa—. ¿Todo bien? Santiago asintió, pero soltó una pequeña risa nerviosa. —Sí… Bueno, no del todo. Quería disculparme por… La última vez que nos vimos. Ya sabes, mi comportamiento... Irina arqueó una ceja, como si intentara recordar, prefería no hablar de eso para nada. —Oh, eso. No se preocupe, Santiago. No lo tomé en serio —respondió con calma, casi desestimando el tema. — ¿No? —preguntó él, medio sonriendo, con una chispa de desafío en sus ojos. Se cruzó d
Olga estaba en el diván de Catherine sacando todo eso que lleva dentro encerrado, poder hablarlo ha sido como liberar la presión con una válvula. Catherine la escucha con cuaderno de notas en mano. Olga relató. —Era el primer evento al que asistía, mi amiga Tatiana ya había completado varias misiones, ella tendría unos 20 años, yo aún era muy joven, pero nos preparaban para madurar muy pronto, según los estándares del instituto ya estaba lista para trabajar. — ¿No solo era prostitución? —No necesariamente, infiltrarnos, tomar información, plantar objetos explosivos, interpretar cualquier papel era nuestro trabajo, como hacerlo lo dictaminaba el momento. —Eran espías —dijo Catherine entendiendo. —Pero sin reglas vigiladas por la justicia, nos entrenaban para ser máquinas, pero Tatiana y yo éramos amigas, no habíamos permitido que nos arrebataran la humanidad. —Lo entiendo, ¿cómo te fue en tu primera misión? Imagino estabas muy nerviosa. —Sí, pero también segu
Irina estaba conversando con su madre, Olga se sentía esperanzada porque el tratamiento y las terapias comenzaron a hacer efecto. Era de tarde y los niños habían regresado del colegio, ambos harían la tarea con Olga, pero antes ella les permitió jugar un rato al aire libre después de almorzar. El teléfono celular de Irina sonó y ella se alejó del barullo de los niños al percibir que era algo importante. —Sí, bueno… Es Irina Foster. — “Sra. Foster, le hablamos de Raíces de vida, clínica de fertilidad, es para notificarle que no ha sido cancelada la cuota correspondiente a la preservación de óvulos. ¿Desea continuar preservando los óvulos?” Irina no sabía qué decir, siempre pensó que algún momento sería indicado para tener otro hijo, pero ahora no estaba en sus planes. —Es que mi esposo murió, él se encargaba de los pagos y finanzas. — “Comprendo, lo siento mucho, quizás debería cancelar la cuota y pensarlo, no es una situación fácil” —respondió su interlocutora con a
Alex la besó, pero esta vez a conciencia, Irina sintió la pared metálica del deposito a su espalda y el cuerpo caliente de Alex sobre ella. El aroma de su colonia la envolvió, la dejó sin argumentos, su lengua sin capacidad de habla, pues ahora recibía la visita de la lengua de Alex que la tentaba a jugar, a dejarse llevar. Irina permitió que su lengua se encontrara con la de él y fue recompensada con la suave y sensual succión de los labios ávidos de Alex. Un escalofrío le recorrió la espalda y se aferró a él con más fuerza, dejando que sus manos subieran por sí solas hasta sus hombros y finalmente se quedaran en su cuello, acariciando suavemente la piel de su nuca mientras se entregaba al beso. Alex interrumpió el beso y comenzó a besar su mejilla, dejando un rastro de besos ligeros hasta llegar al lóbulo de su oreja, que mordió suavemente con los labios. Un jadeo escapó de los labios de Irina, un sonido involuntario que revelaba su creciente deseo y su abandono a la pasión de
—Mamá, pero mi papá está vivo, ¿acaso él no se curará? Irina sintió su corazón arrugarse de pena. ¿Cómo se le explica a un niño de 5 años que su padre tiene muerte cerebral? —Mi amor, tu papá ya no está con nosotros, aunque el monitor muestre signos vitales. —Esa máquina respira por él mientras se pone mejor. Irina con una media sonrisa abrazó a su hijo, ella es enfermera, y para el pequeño Ryan este hospital era su segundo hogar. Sueña con ser médico y por eso entiende lo que hacen las máquinas por su padre, pero entender que no regresará ya es otra cosa. —Irina, es hora —musitó la joven doctora a su lado. Irina despegó a su hijo de su pecho y con fuerza de voluntad resistió las ganas de llorar. —Debemos despedirnos de tu papá, mi amor. Irina cargó a su hijo y lo acercó a su esposo. — ¿Qué le digo mamá? Irina con el corazón hecho añicos pronunció: —Dile cuanto lo amas. —Te amo mucho papá —el pequeño Ryan dio un beso en sus dedos y los puso en la
Irina estaba anonadada. Su madre estaba a unos pasos de ellos, el Dr. Salvatore esperaba una respuesta de ella. —No sé qué decir —susurró ella y bajó la cara cuando sintió las lágrimas brotar de sus ojos. —Los órganos de James irán a varios necesitados, con su cuerpo se hará algo bueno por otros. —Y así era James, siempre presto a ayudar a otros. —Sí, era tan “servicial” que siempre estaba dispuesto a “ayudar” a cualquiera que pudiera avanzar en su carrera, sin importar el costo. Irina frunció el ceño, no estaba segura si eran ideas de ella, pero todo lo que decía el cirujano le sonaba a sarcasmo. Sin embargo, Alex Salvatore no era conocido por su empatía. —Es que… bueno, aun me parece mentira —Irina masajeó sus sienes—. James era su amigo, debe ser difícil para usted también —Irina esperaba la afirmación de Alex, pero el médico no mostró un ápice de empatía. —Cualquier cosa que necesite Ryan, por favor, no dude en decirme. — ¡Papi! Alex se giró con una so