Capítulo 12: El lago Caronte

Cordelia

Mi estómago gruñó, sacándome del sueño como un despertador incómodo.

Me levanté de la cama, asegurándome de no hacer ruido. Miré hacia el sofá.

Zeiren seguía dormido, su cuerpo era demasiado grande para el mueble, pero parecía plácido.

"Ojalá yo pudiera dormir así," pensé, ajustándome la camiseta que me había puesto la noche anterior. "O por lo menos entre sus brazos... ¡Cordelia!" Me amonesté en el acto.

Me acerqué al armario junto a la cocina y lo abrí. La madera chirrió, dejándome ver los estantes vacíos.

—Genial… —murmuré, rodando los ojos. "Ni siquiera un paquete de galletas viejas."

Mi mirada se dirigió a la esquina de la cabaña, donde la vieja caña de pescar de mi abuela estaba apoyada contra la pared.

La tomé con cuidado y miré una vez más hacia el sofá. Zeiren seguía inmóvil, su pecho subiendo y bajando rítmicamente.

Por un momento, sentí una extraña calidez al verlo así, pero sacudí la cabeza y me dirigí hacia la puerta.

El aire fresco me golpeó las piernas desnu
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