JennyCon mucho sufrimiento me senté a la mesa y la maldita oxigenada me colocó frente a Esteban. En cada momento nos miraba, como queriendo comprobar algo. Antes podría pensar que sería una locura, pero me temo que ella sospecha lo que pasó entre nosotros. O quizás es solo molesta y es mi conciencia la que me condena.—¿Volverás a sorprendernos con un nuevo vestido el día de mañana? — pregunta Milena.—No lo creo posible, debo regresar a Bogotá esta noche, tengo clases mañana— le informo, mientras Esteban me observa.—Es una pena que te pierdas de lo mejor del evento — dice ella—, pero sin duda Carlos se encargará de que no te olviden.—Eso tampoco será posible, yo viajaré con ella— responde él. Haciendo que mi corazón se acelere, nunca mencionó que viajaría conmigo.—Y no habrá problema en ello—. Agrega su madre con agrado, antes que Milena hablara— no es necesario que asista a todos los eventos. Y me gusta la idea de que acompañe a su prometida.Termina de hablar y Esteban se ahoga
La idiota se atrevió a abofetearme, sin sospechar que antes de que vuelva a respirar, recibiendo una fuerte caricia de mi parte, en su perfecta cara de ángel.— La próxima vez que pienses siquiera en tocarme, te mataré— le digo muy enojada, mientras la gata se calma—No sé lo que tus ojos hayan visto, o lo que cabeza enferma este creando en este momento. Pero te dejaré algo bien claro. Tu futuro esposo no me interesa.—No es lo que dicen tus celos— menciona tocándose la mejilla.—Es tan triste que una persona como tú, no sepa diferenciar los celos, del desprecio.—Mantente lejos de Esteban, oportunista. Él es mío.—Esa advertencia deberías dársela a él, porque de mi parte lo que menos deseo es tenerlo cerca y ser acosada por una tóxica loca.—Juro que vas a arrepentirte por eso, maldita perra— gruñe con voz llorosa.—No le temo a las mujeres como tú.—Cuando Carlos se dé cuanta la clase de mujer que quiere meter en su cama, tu sueño de princesa se esfumará. Y yo estaré ahí para aplasta
Eso le cuesta una nueva bofetada, pero no lo detiene. Vuelve a decirlo y con todo el dolor de mi corazón, dejo que mi mano marque su cara una vez más.—¡Cierra la boca! —mi voz resuena con un eco de angustia.—Puedes seguir golpeando el resto de tu vida, porque no dejaré de decir cuánto te amo.—Entonces pierde el resto de tu vida repitiéndolo, pero ya no lo escucharé. Mi corazón ha cerrado las puertas para ti, con doble candado y portones de acero reforzado. Adiós, Esteban Martinelli. Que sigas disfrutando la vida burlándote de jovencitas ingenuas, que yo seguiré mi camino —me alejo, con cada paso sintiendo el peso del dolor en mis hombros.—Te mentirás, creyendo que puedes olvidarme —su voz sigue persiguiéndome.Me sigue, insistiendo en lastimarme. Detengo mis pasos y lo miro de frente, mi cuerpo tiembla del dolor, quiero llorar, pero no voy a quebrarme frente a él.—Lo bueno de seguir el camino mirando al frente es que mientras más me aleje, el ayer queda atrás. El olvido es una gr
—Papá solía decir que compartiendo las penas, se aligera la carga del corazón —me dice Carlos, con su mirada sincera fija en mí—. ¿Te gustaría contarme por qué lloras?—Hay días en los que el dolor es tan intenso que simplemente no puedo soportarlo más, y lloro para desahogarme —admito, sintiendo cómo las lágrimas vuelven a brotar, sin poder detenerlas.—No hay nada de malo en llorar, lo que realmente duele es hacerlo sin un hombro en el que apoyarse —dice, su voz suavemente reconfortante mientras se acerca y me rodea con sus brazos.Durante un momento, mi corazón se detiene, y me cuesta aceptar esta oferta de consuelo. Sin embargo, el anhelo de sentirme acompañada y el calor de su cuerpo me impulsan a acercarme. Sus brazos me envuelven, y dejo que mi cuerpo se repose contra él, buscando refugio en su calidez.—Abrázame fuerte, muy fuerte —suplico entre sollozos, la voz rota por la emoción.Carlos me aprieta contra su pecho, sus brazos firmes y protectores. Mientras mis lágrimas cont
EstebanRoger me había advertido del desenlace. Pero la vida misma puso frente a mí el final. Su destino no la llevó conmigo, solo hizo un desvío para ponerme a prueba, para arriesgarme y luchar por lo que quería. Sin embargo, decidí hacerlo a mi manera y ahora la pierdo.Después de desfallecer, me puse de pie para buscarla. Recorrí el lugar en la dirección que se fue y por varios minutos me sentí perdido, hasta que pude encontrarla, sentada bajo una palmera con la vista hacia el mar. Mi corazón se estrujó y me acerqué sigiloso, ocultándome entre los arbustos. Se ve llorosa y no es prudente que me acerque más de lo debido. Ambos necesitamos estar solos para pensar en lo ocurrido. Aunque no hay nada que justifique mi mentira. Ella tiene un buen punto y yo no puedo refutarlo. Soy culpable y las evidencias me dejan como un mal hombre.Doy media vuelta y camino de regreso, escuchando sus palabras en mi cabeza una y otra vez, removiéndome el alma. Su mirada triste me persigue, rompiéndome
JennyLas cosas no podrían haber salido peor. Ese beso, cargado de emociones contradictorias, llenó de felicidad a Carlos, pero a mí me inundó de grandes remordimientos. Fue un error atroz del que no puedo escapar tan fácilmente. Abrió la puerta del corazón de un hombre bueno, que sin importar el tiempo, estará dispuesto a esperar por un amor que no sé si algún día podré corresponder.Al llegar al yate, diviso a Milena y a Esteban, muy acaramelados, y cerca de ellos a su madre y tío. Una parte de mí grita que esa cercanía es una confirmación de lo que temo: que Esteban es un maldito mentiroso. Sin embargo, otra parte de mí intenta encontrar excusas, buscando razones que justifiquen lo injustificable. En medio de este torbellino emocional, me debato entre seguir escuchando a mi corazón agonizante o hacerle caso a mi razón.—Parece que se llevan muy bien, a pesar de sus diferencias— le digo a Carlos intentando encontrar una respuesta real.—Las apariencias engañan, la actitud de Esteban
El viaje a Cartagena resultó incómodo. Milena no dejó ni un segundo solo a Esteban. Lo abrazaba, lo besaba, reían juntos, y él parecía complacido recibiendo esas muestras de amor. No puedo entenderlo, el gran desprecio que sentía por ella ahora parece una farsa. Se ven como una pareja que se ama y es infinitamente feliz, mientras que mi corazón se deshace en pedazos. Lo que él sentía por mí nunca existió; sus promesas de amor eterno se las llevó el viento, al igual que sus lágrimas falsas.Quisiera ser tan hipócrita como él, sonreír sin remordimiento alguno, creer que puedo dar vuelta a la página de un día para otro.Dos horas después de esa inmensa tortura, llegamos al hotel. Carlos me acompaña hasta mi habitación y se despide con un beso inesperado en los labios que no pude evitar. Tal vez sea porque mi subconsciente ya está aceptando que es mi prometido. ¡Dios! Es una locura, ¿por qué soy tan estúpida y sigo arruinando mi vida?Al cerrarse la puerta, cierro los ojos y dejo escapar
Al salir del hotel, un taxi nos esperaba para llevarnos al aeropuerto, era un poco más de las ocho de la noche. Carlos ya había comprado los boletos en primera clase para regalarme la primera sorpresa del viaje. ¡oh, sí! Disfrutaría de los benéficos de primera clase y de la compañía más desea por todos. Aunque en este instante eso me es irrelevante, me siento completamente vacía, sin ganas de nada, es como si mis sentimientos hubieses colapsado y reprimido por completo, soy solo un cuerpo sin alma, que sonríe nerviosa por no saber cómo actuar.—¿Estás cómoda? —pregunta haciéndome reaccionar.—Sí, es que nunca he estado en primera clase y estoy nerviosa— le miento.—Todo estará bien— toma mi mano— aquí entre nos, siempre me da miedo volar. Disculpa si es que tomo tu mano, el sentir compañía me ayuda a relajarme.—No hay problema, es muy cálida — mencionado nerviosa como una idiota que no sabe qué decir. ¿Desde cuándo soy así?Carlos estuvo muy cariñoso todo el viaje, sus largas charlas