—No es una fuente confiable, pero lo abordaremos en el club. Ahí no será extraño— mencionó Sara hacia su amiga. —Con tantos ojos sobre nosotros, es mejor seguir lo que ya se había planeado. —¿No pueden quedarse lejos? Pero si eso es verdad, yo misma la uso como madera para mi chimenea— contestó Keyla. —Ha habido tantas bodas, que quiero pensar que esta es solo coincidencia. Así cómo la de la bailarina, Phiama creo que se llama. —Concentrada en una a la vez— Harper escuchó las voces cada vez más lejanas. Mientras su cabeza aún analizaba lo que había escuchado. Le hacía ruido tal cosa. Coincidencias. Sí, claro. Con Phiama no existía la definición de coincidencia. Ella las creaba. No estaba autorizada en ponerse de pie siquiera, pero no pensaba solo escuchar, opinar y no actuar. Estaba sola, pero también tomaba mejores decisiones de esa manera. Harper cerró su abrigo y ajustó la coleta, caminando con lentitud fuera de la habitación de esa casa, donde había permanecido esas horas.S
Uno de los pandilleros chasqueó la lengua y miró al de la nariz rota. —El mexicano dijo que vendría— dijo hacia los otros. Hubo un momento de duda, pero luego, un tipo con una cicatriz en la mejilla y un cigarro colgando de los labios, inclinó la cabeza. Salió de entre todos y lo reparó de pies a cabeza, acercándose aún más. —Está bien. Bajen las armas. Nadie lo hizo de inmediato, pero después de unos segundos, las bocas de los cañones se alejaron de Mateo, aunque las miradas desconfiadas seguían fijas en él. El hombre del cigarro le hizo una seña con la cabeza. —Sígueme. Tienes un lugar aquí. Sin decir una palabra más, Mateo avanzó tras él, sintiendo aún la tensión en el aire. Sabía que estos tipos lo aceptarían por ahora, pero en cuanto bajara la guardia, las posibilidades aumentaban y empeoraban. Con cada paso sólo podía confirmar que el desorden era parte de sus talentos. Aunque al llegar al tercer nivel las habitaciones se volvían individuales y contaban con lo
Horas antes…El silencio en el comedor era una costumbre desde el primer instante en el que Delphine llegó a esa casa, veía a Darek con el mismo semblante de siempre, siendo esquivo y con una mirada que sólo se suavizaba en algunas ocasiones. Ninguna vez trató de acercarse luego de esa noche, parecía furioso por su pedido de no dejarla viuda. Contenerse no era algo habitual en él, pero logró controlarse y encargarse sólo de tenerla en un sitio donde nadie la fuese a maltratar de nuevo. Los sonidos de sus respiraciones eran lo único que podían escuchar, en tanto la mujer embarazada bajaba la mano a su abdomen, arrugando la cara al sentir los movimientos de su bebé. Darek se dio cuenta y actuó como si no le enfadara más que nunca dijera si algo estaba mal. Siempre debía llamar a los médicos para descartar cualquier peligro. Esa mujer lo desesperaba. Jamás nadie lo enojaba tanto. —Su teléfono recibió una llamada —interrumpió Skender, tendiéndole el móvil.Delphine parpadeó, confundida
—No lo creo necesario— la voz de Rüdiger se filtró entre las paredes de la edificación. —Cuándo se perciba el mínimo peligro, lo sabremos y controlaremos la situación. —En ocasiones la gravedad de la estupidez en las personas, es desesperante— contestó el portugués ante las palabras del sujeto que aseguraba tener en sus manos al mafioso que él buscaba. —Deberías usar el cerebro y pensar en que si se me perdió a mí, no deberías subestimarlo.—En lo que a mí me concierne no se me ha perdido ninguna presa nunca— contestó Rüdiger demostrando la seguridad que tenía en su audacia, lanzando su burla a la vez, mientras observaba al mafioso bajando las escaleras.—Si lo pierdes estando en tu poder, y al llegar me encuentro con esa noticia, quién caminará en la cuerda floja con fuego bajo ella, serás tú— destacó Valente. Mateo simuló ser ignorante a lo que este hacía, mientras sentía el par de ojos siguiéndole en todo momento. —Por esa amenaza se sube el precio de diez millones a veinte— Rüdi
—La única que te importa soy yo y te obsequio un poco de atención, porque al parecer nunca la tuviste de nadie— contestó la pelirroja con su voz neutral. La risa de Valente no la inmutó. —Quedan tres, Alaric, Delphine y Harper Visconde— murmuró. —Bueno cuatro, pero dos de ellos pronto estarán en manos de la guardia del marqués, porque tu hermana, la de decencia olvidadiza, le inventó que estaba en un lugar, cuando está en brazos de cierto albanés. —¿Ser comunicativo ahora es tu ocupación?El toque burlesco no le pareció divertido. Intimidarla no era fácil. No se equivocaba cuándo pensaba en la idea de que sus vidas había sido tocadas por las mismas situaciones, llevándolos a ser lo que ahora eran. —Hacerte la fuerte no significa que lo eres— el portugués caminó rápidamente al vehículo que esperaba por él. —Si pude capturar y enloquecer a tu…ex, creo que contigo las cosas serán más fáciles. —Me asombra tu confianza, es muy admirable— continuó Harper con una serenidad que seguía me
—¿Qué es lo que se necesita para tener buena recepción en este sitio?— se quejó Harper entrando al edificio, el portero se sintió apenado por ver a alguien de su talla teniendo quejas. Ella incitaba a que todos quisieran evitarle incomodidades. Su mirada era un embrujo que removía los deseos ocultos en tantos, que ignorarla era una tarea difícil en quienes, en ese momento, la veían con un gesto preocupado. Entre un grupo de caballeros que reflejaban poderío, uno resaltó en su interés por la dama en apuros. Justo lo que él siempre buscaba. Un ser intranquilo, a quién le podía ofrecer una solución. —No puede ser— volvió a quejarse Harper.—Disculpe, señorita— se adelantó el sujeto en traje de tres piezas de inmediato. —No trabajo aquí, pero si puedo resolver su problema, estaría gustoso. —Noble su intención, claro que puede— suspiró, llevándose la mano a la espalda, pues el tener molestias en sus heridas podrían dominar el impulso de dejar al descubierto que contaba con ellas. —Nece
—Nos ves como si fuéramos peor que ratas —soltó Rüdiger con los dientes apretados. Siempre los ignoraba, y eso no era lo que merecían por ayudarlo. Mateo no alzó la vista, pese a que era lo que esa pandilla esperaba. Siguió girando la cinta adhesiva alrededor de los cables, con una calma que era una provocación en sí misma. Aunque no fuera intencional, tampoco se esforzaba por evitar que se sintieran así. Era su problema si sentían eso como tal. —A nosotros, la desconfianza no nos gusta— añadió con la mirada fija en el mafioso que no les brindaba la mínima atención. —Que nos ignoren por no confiar en nosotros nos molesta más. Algunos estaban sentados en la esquina de otra de las mesas. Otros alimentaban la cautela de Mateo y algunos otros se podrían ver cómo desinteresados, aunque no era así. Todos tenían algunos millones con el simple hecho de mantener a ese tipo ahí y no pensaban dejarlo marcharse. —La confianza se gana. No se reparte como pan —murmuró el mafioso, con la
—Tenemos a la vista a la mujer que indicó. Un sólo disparo es lo que tengo antes de ser descubierto— dijo el francotirador a una milla de distancia de la casa que vigilaba, Yara había transferido la llamada, quedándose en contacto a la misma vez con su hermano. —¿A quién asesino? El rubio miró la hora en el reloj que llevaba en la mano, en tanto observó a quién tenía a su lado. Las copias no eran tan fieles al original cómo decían. —¿Cuántos hay en esa casa? —contestó volviéndose hacia la fábrica por la ventanilla. Desde ahí lograba visualizarla, por lo que su conductor se detuvo. —La polaca no está, solo la vieja, el hijo de Clifford y la novia. Hay poca movilidad, señor— contestó el hombre tras la línea. —¿Por qué siento que esto no es una cacería controlada como lo creí?— suspiró alejando el celular de su oreja. Krysia jamás se les despegaba, eso era sospechoso. —Tres de mis hombres no responden desde hace horas, lo más probable es que hayan sido descubiertos— Valente t