Me agarró por la cintura y me terminó de sacar. Raramente, estábamos en un jardín. Mis sandalias tocaban el césped. Había flores dispersas por las esquinas y las paredes estaban hechas de cristal. No, no solo la pared. Miré el techo y es cuando me di cuenta. Era un domo. De todos los lugares que me imaginé ver, un jardín dentro de un domo de cristal era lo último que se me pasó por la cabeza. Estaba confundida. ―Luego de que intentan matarte y escapar, es bueno que lo primero que veas sea un lugar así de pacífico cuando estés a salvo. La manera en la que lo dijo, sus palabras, tocaron una fibra nerviosa cerca de mi corazón. Por instinto, acaricié su mano con la yema de mis dedos. ―Pero… ¿cómo es que este lugar está protegido? Observé a una mariposa de colores cálidos pasearse por las flores. ―Esta es la parte trasera de la casa. Ven. Con mi mano sujeta me hizo avanzar. Pasamos por una puerta de cristal y un túnel hecho de lo mismo. Ahí fue cuando me percaté, detrás del c
Tragué saliva. Me quedé viendo a Austin como si fuera un holograma, un espectro. Sus palabras me dejaron estupefacta. No me lo podía creer. Primero lo de mis recuerdos alterados y ahora esto. Debía ser una broma de muy mal gusto. Mi padre era machista y retrograda, pero… ¿un asesino? ¿Capaz de lastimar a su propia hija, sangre de su sangre? Me crió desde mi nacimiento, me dio la mejor educación, alimentos, me leía antes de dormir y me preguntaba sobre mi día después de llegar de la escuela. Si, me crió bajo términos machistas, pero jamás me desamparó física, psicológica o emocionalmente. O… eso creía. Si lo que me contó Austin era cierto, me abandonó en los tres aspectos que mencioné anteriormente. No solo me abandonó, realizó una de las peores maldades que pueden cometer contra un hijo. Y ahora me estaba diciendo que es un asesino, homicida. O, al menos, aún no. Pero eso no quita que lo haya intentado. Quiere matar al hombre con el que salí en el pasado, el mismo hombre al que me
Los días pasaron y el período se fue con ellos. No toqué el tema de mi padre, el divorcio, Williams, las pastillas Xuat ni de nada, en realidad. Nos hemos mantenido distantes. Ni siquiera hemos hablado sobre la bofetada y el dardo tranquilizante. Mi mano fue de forma involuntaria al piquete de aguja. No hacía bulto, la verdad, no se sentía ni se notaba. A este punto ya debió desaparecer. Solo era mi subconsciente jugándome mal. Ya había pasado casi una semana. Me preguntaba, ¿cuánto tiempo Austin se quedaría en el país? Había pasado la mayor parte de su día en la oficina de la casa, realizando video llamadas. Parecía muy ocupado. Le sería más fácil si resolviera las cosas en persona; mas prefiere estar aquí. Eso me llevaba a pensar que la única razón por la que se mantenía en este país, era yo. Era un pensamiento codicioso, pero que removía algo dentro de mí. Tocaron la puerta de mi habitación. Como un correcaminos, la abrí. Esperé encontrarme a Austin detrás de ella, pero la
―¿Cómo te sientes? ―preguntó Austin. ―Estoy bien y los exámenes también salieron bien. Solo un poco anémica, peo es porque tuve el periodo. Ya han pasado días, no tienes que preocuparte. Me vine enterando al día siguiente del ataque de la casa hija, que me realizaron exámenes de sangre mientras estaba inconsciente. Por suerte, todo salió bien. Menos por la anemia, pero nada que las vitaminas no solucionen. Y me las he estado tomando. Estábamos en la sala, eran las nueve de la mañana y no habíamos comido. Me mandó a llamar y sabía para que, solo que no encontraba como sacar el tema. Estaba ansiosa, porque sabía lo que me iba a decir. ―Karina… tú estás… divorciada legalmente ―Soltó como si le costara un montón. Hace unos días estaba emocionado porque yo me divorciara. Pero ahora, la idea no le atraía en nada. Ni siquiera por las acciones que le daré y que lo ayudarán a posicionarse sobre Williams, lo cual colaborará a su venganza. Justo lo que quería. Por lo cual, lo único “ne
Quinta… era la quinta vivienda que visitábamos. Los pies ya me dolían gracias a mi mala elección de calzado. ¿Por qué se me ocurrió ponerme tacones tan altos?―Este baño es muy pequeño ―Anunció Austin mientras se paseaba por la habitación. El baño era pequeño, pero para él. Para mí, estaba perfecto. Antes tenía personas que se encargaba de limpiar la casa, ahora no. O sea, que entre más pequeño, mejor. Tener que ajustarme a un presupuesto me ha abierto los ojos ante lo innecesario que era tener una mansión. La señora de bienes raíces tenía la sonrisa forzada. Seguro pensaba que éramos unos clientes muy quejosos e irritantes. Si Austin se había percatado de su descontento no hizo nada por mejorar su actitud. Abrí los ojos de par en par cuando vi a ese obstinado hombre entrar a la bañera blanca incrustada en el piso. Sus piernas eran largas y notificadas, no le quedó remedio mas que recogerlas. ―No entro como debería ―habló con inocencia. ―¡Quien debe entrar soy yo, no tú! ―exclam
Me sentí mareada por un instante, pero me recuperé con rapidez. Los empleados dejaron mi nueva mesa en el comedor. Era negra, pulcra. Me gustaba el nuevo apartamento que compré, era estético, pequeño (comparado a los lugares a los que estaba acostumbrada). Y era bonito. No importaba que tan grande o pequeño fuera, lo importante era como lo decoraría y como mantendría limpio este lugar. Me tomó dos días conseguir el apartamento que quería y cambiar a la agente de bienes raíces. El resultado me gustaba. Era un apartamento en el segundo piso, con cocina, comedor, sala, tres habitaciones y dos baños. No sé para qué necesito las otras dos habitaciones, pero sé que le encontraré un uso en el futuro.―Vaya, está quedando bien ―exclamó Austin, paseando por el comedor. Sus piernas eran largas y sus pasos también, no le costaba nada llegar de un extremo de la estancia a otro―. Acogedor, supongo. ―Supones bien. Me gusta. Y me tomé mi tiempo en elegir los muebles y la cama. Esta última Aust
Me despedí de la joven, la cual estaba muy agradecida. Sus ojos azules lo reflejaban y sus palabras también. Salí del supermercado con las bolsas en mano, miré el estacionamiento en busca de un taxi y en su lugar encontré a Austin en un coche, en la parte trasera, con la ventanilla abajo. Ladeé la cabeza y él solo abrió la puerta. No salió, esperaba que entrara. Y para mí desgracia, eso hice. Las bolsas me pesaban. Me monté a su lado.―Un caballero se hubiera ofrecido ayudarme a cargar las bolsas ―Me crucé de brazos y dejé las bolsas en el medio, como un muro entre nosotros. ―Tenía pensado hacerlo. Pero luego recordé de lo capaz que eres. Hizo el ademán de besarme la mano, pero no sé lo permití. ―¿Cuánto hace que estás aquí?―Hace media hora, le pedí a Kevin y Enrique que me trajeran. Volteé a ver a los asientos del frente y ahí estaban. Me saludaron con timidez, supongo que porque su “jefe” estaba presente. ―Entonces, ¿ustedes llevaban vigilándome desde que salí de la casa y
Abrí los ojos y me costó distinguir lo que era real y lo que no. Se sintió tan vivido, mi corazón, las emociones, el miedo de ser encontrada. El miedo a mi… a mi padre. ¿Yo le tenía miedo? Mantuve mis manos en alto, detallándolas. Eran las mismas manos que sostenían la maleta, las mismas que sostenían el celular con el que hablé con mi amiga. No entendía lo que pasaba, lo que mi mente reprodujo como una cinta de vídeo rayada. ¿Esto era parte de aquello que olvidé? Pero, ¿como hice para olvidar tantos momentos? Intenté acomodar mis ideas. Uno: estaba en uno de los hoteles de la familia de Austin.Dos: estaba huyendo de mi padre. Tres: le tenía un miedo mortal a mi padre. Cuatro: Austin decía la verdad. Si nos conocíamos. Pero, ¿por qué estaba huyendo de mi padre? ¿Qué me hizo escapar del país? Las imágenes volvieron adueñarse de mi mente. Pero, esta vez era diferente. No era un sueño, era como si estuviera invadiendo mi cerebro, abriéndose paso entre mis recuerdos e insertán