Ya en la bulliciosa atmósfera matutina de la mansión, Magaly se topó de frente con Javier en uno de los pasillos menos transitados.—Vaya, viniste temprano —le comentó Javier con una sonrisa amable.Magaly se quedó paralizada por un instante, su mente intentando cambiar rápidamente de marcha. —¿Eh? Ah... sí —respondió, sintiéndose ligeramente vacilante.—¿Y cómo sigue tu mamá? —preguntó Javier con una cortesía que ahora le sonaba extrañamente inquisitiva a Magaly.La pregunta la tomó por sorpresa. Por un momento, olvidó por completo la improvisada excusa del día anterior. —¿Mi mamá...? —balbuceó, con el ceño ligeramente fruncido.En ese instante, la mentira de la enredadera y la anciana enferma golpeó su memoria como un rayo. Su rostro se iluminó con una sonrisa forzada. —¡Ah, sí, mi madre! Está mucho mejor, gracias por preguntar. Ya sabe cómo son las personas mayores, un día están bien y al siguiente... Pero hoy amaneció con mucha energía.Mientras pronunciaba estas palabras, notó q
Tu padre... seis meses antes de que te trajera a Villa Esperanza, estaba muy distante. Siempre conversábamos, éramos confidentes, pero en esos días... evitaba mis preguntas, se encerraba en sí mismo. Aun así, un día, la angustia lo desbordó. No pudo más y comenzó a contarme todo.—Tu padre y tu madre se enamoraron perdidamente, fue un flechazo de esos que pocas veces se ven. Pero el padre de tu madre... tu abuelo... nunca lo quiso. Lo despreciaba por ser un hombre humilde, un trabajador sin fortuna. Según él, mi amigo no tenía futuro.En ese preciso instante, la puerta de la cabaña se abrió de golpe, dejando entrar a Magaly, jadeante y con los ojos brillantes de excitación.—¡Chicos, tengo algo que contarles! —exclamó Magaly.Pero alcancé a hacerle una seña rápida y discreta para que guardara silencio. Alberto estaba desenterrando un pasado crucial, y no quería que nada lo interrumpiera.—Cuando tu padre se enteró de que tu madre estaba embarazada, quiso hacer todo bien. Fue y se enfr
Ya de vuelta en la tranquilidad relativa de la posada, Magaly y Valentina repasaban los eventos del día, la información vertida por Alberto y el peso de las nuevas revelaciones.—¡Uf! Esto es un gran misterio, Val —exclamó Magaly, a pesar de la tensión, dejando escapar una de sus características risitas nerviosas—. ¡Todo está tan enredado!—Sí, es cierto —respondió Valentina, con el ceño fruncido por la concentración—. Pienso que tenemos que conocer mejor a la familia Contreras. Entender sus dinámicas, sus secretos...—Yo pienso lo mismo —asintió Magaly—. ¿Y qué se te ocurre?Valentina suspiró, mirando un punto fijo en la pared. —Quiero que la señora Contreras me conozca. Si llega a verme de cerca, no podrá ignorar el parecido que tengo con su familia. De alguna manera, estando cerca, podré averiguar de dónde vengo.—Pero te digo, Val, no es tan fácil —advirtió Magaly, con un tono más serio—. Ellos son muy reservados, viven en su propio mundo.—Sí, creo que no es buena idea todavía —c
Después de ese abrazo que tanto necesitaba, Milagros mantenía esa sonrisa dulce y genuina que siempre me había cautivado. —Cuéntame, mi amor, ¿cómo has estado? —me preguntó con una curiosidad palpable en su voz suave. —Y ¿quién es esta bella joven?—Ah, disculpa que no te haya presentado —dije, apartándome un poco para que ambas pudieran verse bien—. Ella es mi mejor amiga, se llama Magaly.—¡Qué bonito nombre! —exclamó Milagros, dirigiendo una mirada cálida y afectuosa a Magaly.—Gracias —respondió Magaly, sintiendo las palabras cálidas y amorosas de Milagros como un oasis en medio de la tensión que habíamos vivido.No quise abrumarla con mi pasado tan pronto. Después de tanto tiempo y en su estado, prefiero mantener la conversación, fluyendo de manera ligera y natural. Le conté brevemente sobre mi vida fuera del orfanato, evitando los detalles más oscuros y centrándome en las experiencias más recientes y positivas, como mi amistad con Magaly y nuestra vida en el pueblo. Quería que s
—Aquí están. La que Milagros guardó... y la que encontramos contigo, Richard.—Miren, Anselmo, Richard. El tipo de lana... es la misma, una lana gruesa, como hecha a mano, con esas pequeñas imperfecciones que le dan un toque artesanal.—Sí... es increíble. Nunca la había mirado tan de cerca.—Parece la misma calidad, sí. Una lana fuerte, duradera.—Y las flores... el patrón es casi idéntico. Rosas pequeñas de un color rojo deslavado, con hojas verdes bordadas alrededor. La forma en que están dispuestas en las esquinas... es la misma.—¡Miren! Aquí, en la manta de Valentina, hay una pequeña rosa con un pétalo ligeramente diferente, como si la lana fuera de otro tono. Y en la de Richard... aquí también hay una, ¡exactamente en el mismo lugar y con la misma pequeña variación!—Incluso el tacto... se siente igual. Suave, pero con esa textura rústica de algo hecho a mano.—Esto... Esto es más que una simple coincidencia. Es... asombroso.—Nunca... nunca imaginé algo así.—Es como si... com
A la mañana siguiente, Magaly se dirigió a la imponente mansión de los Contreras con una determinación férrea. Su objetivo era claro: sonsacar cualquier información que pudiera arrojar luz sobre el pasado de Valentina y, por extensión, el de Richard. Al acercarse a la entrada principal, divisó a Javier a lo lejos, dando órdenes a uno de los empleados en el jardín. Una punzada de incomodidad la recorrió. Sabía que un encuentro con él inevitablemente la sometería a un interrogatorio. Con agilidad, Magaly modificó su rumbo, buscando una entrada lateral que le permitiera infiltrarse en la casa sin ser detectada por el joven Contreras.Mientras rodeaba la mansión, escudriñando entre los setos y las enredaderas, Magaly descubrió una puerta inesperada. Estaba parcialmente oculta por la maleza crecida, como si alguien hubiera intentado mantenerla en secreto. "¿Qué será esto?", se preguntó en voz baja, sintiendo una punzada de curiosidad. Parecía una entrada olvidada, quizás incluso secreta. S
En ese instante, los dos jóvenes tomaron la decisión tácita de abandonar la mansión discretamente. Con movimientos sigilosos, descendieron del tejado por el pasadizo secreto y se deslizaron por los jardines, procurando no ser vistos por ningún empleado. Juntos, emprendieron la caminata hacia el centro de Villa Esperanza, un trayecto de unos quince minutos a pie desde la imponente residencia de los Contreras. Durante el camino, Magaly, con su entusiasmo característico, continuó relatándole a Javier los detalles de sus recientes "aventuras": el descubrimiento de la manta, la visita al orfanato, el encuentro con la entrañable señorita Milagros y la sorprendente revelación del jardín tejido. Javier, absorto en sus palabras y en la vivacidad de su narradora, se limitaba a observarla con una mezcla de fascinación y creciente curiosidad. La intensidad con la que Magaly contaba su historia y la seriedad del misterio que la rodeaba comenzaban a capturar por completo su atención.—¿Qué me miras
—¿Quién... quién es él? —pregunta Richard, con el rostro marcado por la confusión intensa, sus ojos fijos en Javier, un desconcierto evidente en su mirada.—Richard... él es Javier Contreras. Javier... él es Richard —dice Valentina, su voz cargada de sorpresa, una creciente confusión reflejada en su rostro mientras su mirada alterna entre ambos hombres.—¡Increíble! Magaly no exageraba. ¡Somos como dos gotas de agua! Debemos ser hermanos, ¿verdad? Siempre soñé con tener un hermano —exclama Javier, con un entusiasmo desbordante y una sonrisa radiante mientras se acerca efusivamente a Richard.—No... no lo entiendo. ¿Cómo es posible? —murmura Richard, frunciendo el ceño mientras examina a Javier de arriba abajo, sin mostrar ningún reconocimiento instintivo, solo la incredulidad ante un rostro familiar pero ajeno.—Es... es cierto. El parecido es... asombroso. Pero... ¿cómo? Yo pensaba... —dice Valentina, ladeando la cabeza, el asombro ante la similitud evidente mientras la teoría de un