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Capitulo 5 Un Nombre Misterioso

La cafetería donde trabaja Irene. Valentina se acerca a la barra, donde Irene está limpiando tazas.

Valentina Intrigada por el misterio de Esmeralda.

—Hola, Irene. ¿Tienes un momento?

—Claro, Valentina. ¿Qué te trae por aquí?

—Necesito tu ayuda con algo.

—Dime.

—Ayer, Richard y yo fuimos al faro. Encontramos una caja de madera con un nombre escrito en ella: Esmeralda. ¿Te suena de algo?

Irene frunce el ceño, pensativa.

—Esmeralda... No, no me suena. Pero es un nombre bonito.

—Es extraño. No sabemos quién es. Y la caja estaba escondida en un compartimento secreto del faro.

—¿Un compartimento secreto? Esto se pone interesante.

—Sí. Y creo que Esmeralda tiene algo que ver con el misterio de Villa Esperanza.

—¿Por qué lo dices?

—No lo sé. Es solo una corazonada.

—Bueno, si quieres que te ayude a investigar, cuenta conmigo.

—¿En serio?

—Claro que sí. Me encantan los misterios.

—Gracias, Irene. Eres una gran ayuda.

—De nada. ¿Por dónde empezamos?

—No lo sé. ¿Conoces a alguien en el pueblo que pueda saber algo sobre Esmeralda?

—Déjame pensarlo. Hay algunas personas mayores que han vivido aquí toda su vida. Tal vez ellos sepan algo.

—Genial. ¿Podrías preguntarles?

—Claro que sí. Lo haré mañana.

—Gracias, Irene. Eres la mejor.

—No es nada. Me gusta ayudar a mis amigos.

Valentina sonríe, agradecida. 

Mientras Valentina estaba absorta en su conversación con Irene, Richard entró en la cafetería. Al ver a Valentina, una sonrisa iluminó su rostro.

—Hola, amiga de aventuras —dijo Richard, con un tono pícaro.

Valentina se alegró de verlo, pero intentó disimular su entusiasmo.

—Hola, Richard —respondió, con una sonrisa casual—. ¿Qué te trae por aquí?

—Solo pasaba a saludar —dijo Richard, sentándose en el taburete junto a Valentina—. ¿Qué están tramando?

—Estábamos hablando de Esmeralda —dijo Valentina, sintiendo que su corazón latía con fuerza.

—¿Esmeralda? —repitió Richard, con curiosidad—. ¿Alguna novedad?

—Aún no —dijo Valentina—. Pero Irene se ha ofrecido a ayudarnos a investigar.

—Eso es genial —dijo Richard, mirando a Irene con una sonrisa—. Gracias, Irene.

—No hay de qué —dijo Irene, con una sonrisa—. Me encanta ayudar a mis amigos.

Sentí una punzada de celos al ver la sonrisa de Richard dirigida a Irene. Era una sonrisa cálida, genuina, y por un momento, me sentí excluida, como si estuviera viendo una escena que no me correspondía presenciar. ¿Estaba empezando a sentir algo por él? La idea me tomó por sorpresa, pero no podía negar la atracción que sentía. Su amabilidad, su valentía, su sentido del humor... todo en él me resultaba irresistible.

Intenté ignorar mis sentimientos y concentrarme en la conversación. No quería que Richard notara mi interés, no quería arruinar nuestra incipiente amistad. Pero era difícil, muy difícil. Cada vez que me miraba, cada vez que me hablaba, sentía un vuelco en el estómago. ¿Qué me estaba pasando? ¿Por qué me sentía así?

Sabía que no era el momento de pensar en el amor. Tenía que concentrarme en el misterio de Esmeralda, en el faro, en los secretos de Villa Esperanza. Pero la imagen de Richard sonriendo a Irene seguía rondando mi mente, como un recordatorio constante de mis propios sentimientos.

—¿Y tú, Richard? —preguntó Valentina—. ¿Has descubierto algo nuevo?

—No mucho —respondió Richard—. Pero he estado pensando en lo que encontramos en el faro.

—¿Y qué has pensado? —preguntó Valentina, sintiendo que su curiosidad se despertaba.

—Creo que Esmeralda tiene algo que ver con el pasado de Villa Esperanza —dijo Richard, con un tono pensativo—. Tal vez era alguien importante en el pueblo.

—Eso tiene sentido —dijo Valentina—. Pero, ¿por qué su nombre estaría escondido en el faro?

—No lo sé —respondió Richard—. Pero estoy seguro de que hay una razón.

La conversación se interrumpió cuando un cliente se acercó a la barra para pedir una bebida. Irene se levantó para atenderlo, dejando a Valentina y Richard solos.

—¿Qué te parece si damos un paseo por el pueblo? —sugirió Richard—. Tal vez encontremos alguna pista.

—Me parece bien —respondió Valentina, sintiendo que su corazón latía con fuerza.

Salieron de la cafetería y comenzaron a caminar por las calles de Villa Esperanza. El sol brillaba en lo alto, y el pueblo estaba lleno de vida. Valentina se sentía feliz de estar con Richard, pero también sentía una punzada de preocupación. ¿Qué pasaría si descubrían la verdad sobre Esmeralda? ¿Qué secretos ocultaba Villa Esperanza?

Mientras disfrutábamos de la vista, una voz familiar nos interrumpió.

—¡Abuelo! —exclamó Richard, con una sonrisa.

Me giré y vi a Anselmo acercándose, con su habitual sonrisa enigmática.

—Vaya, vaya, qué sorpresa —dijo Anselmo, mirándonos a ambos—. Ustedes dos juntos.

—Anselmo, ¿qué haces aquí? —pregunté, sintiendo un escalofrío.

—Vine a dar un paseo —respondió, con un tono casual—. ¿Y ustedes?

—Estábamos disfrutando de la vista —dije, sintiendo que la tensión aumentaba.

—Es un lugar hermoso —dijo Anselmo, mirando hacia el horizonte—. Pero también guarda muchos secretos.

—¿Secretos? —pregunté, sintiendo que mi curiosidad se despertaba.

—Sí, secretos —dijo Anselmo, con una mirada penetrante—. Secretos que algunos prefieren mantener ocultos.

—¿Como cuáles? —pregunté, sintiendo que mi voz temblaba.

—Eso tendrán que descubrirlo ustedes mismos —dijo Anselmo, con una sonrisa misteriosa.

—Anselmo, ¿cómo conoces a Richard? —pregunté, sintiendo que necesitaba respuestas.

Anselmo sonrió, como si esperara esa pregunta.

—Richard es mi nieto —dijo, con un tono cálido.

—¿Tu nieto? —exclamé, sorprendida.

—Sí, Valentina —dijo Richard, con una sonrisa—. Anselmo es mi abuelo.

—No lo sabía —dije, sintiéndome confundida.

—Hay muchas cosas que no sabes, Valentina —dijo Anselmo, con una mirada enigmática.

—¿Qué quieres decir? —pregunté, sintiendo que mi corazón latía con fuerza.

—Solo digo que Villa Esperanza es un lugar lleno de sorpresas —dijo Anselmo, con una sonrisa misteriosa—. Y ustedes dos están a punto de descubrir algunas de ellas.

—Valentina —dijo Anselmo, acercándose con una expresión seria—. Anoche tuve otro sueño.

—¿Otro sueño? —pregunté, sintiendo un escalofrío.

—Sí —dijo Anselmo, con un tono misterioso—. El sonido de campanas que repican en la noche, pero la iglesia está vacía.

—Vaya, eso sí es tenebroso —dije, sintiendo que mi piel se erizaba.

—Sí, lo es —dijo Anselmo, con una mirada penetrante—. Y eso va a suceder esta noche. En la iglesia del pueblo.

—¿Esta noche? —pregunté, sintiendo que mi corazón latía con fuerza.

—Sí, Valentina —dijo Anselmo, con un tono sombrío—. Esta noche, las campanas repicarán en la iglesia vacía.

—Pero, ¿qué significa? —pregunté, sintiéndome confundida.

—Eso tendrás que descubrirlo tú misma —dijo Anselmo, con una sonrisa enigmática—. Pero ten cuidado, Valentina. La iglesia guarda secretos oscuros.

—¿Secretos oscuros? —pregunté, sintiendo que mi voz temblaba.

—Sí, Valentina —dijo Anselmo, con una mirada seria—. Secretos que podrían ponerte en peligro.

—¿Peligro? —pregunté, sintiendo que el miedo se apoderaba de mí.

—Sí, Valentina —dijo Anselmo, con un tono preocupado—. Pero confío en que podrás descubrir la verdad.

—¿La verdad de que? —pregunté, sintiendo que mi curiosidad se despertaba.

—La verdad sobre Esmeralda, sobre el faro, sobre Villa Esperanza.

—¿Y cómo voy a descubrirla? —pregunté, sintiendo que mi esperanza renacía.

—Sigue las campanas, Valentina —dijo Anselmo, con una sonrisa misteriosa—. Ellas te guiarán.

Con una última mirada, Anselmo se alejó, dejándome Richard y mis pensamientos. —¿Qué significaba el sueño de Anselmo? ¿Qué secretos ocultaba la iglesia? ¿Y qué papel jugaba yo en todo esto?—le pregunté a Richard toda integrada.

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