Capítulo 82Sombras en Movimiento.La tormenta continuaba rugiendo afuera, como un presagio de la guerra silenciosa que se estaba librando en las sombras. En la mansión de Leonard, la tensión era palpable. Alessia, con los dedos temblorosos, sostenía el paquete que había llegado a su nombre. La caja era pequeña, envuelta en papel marrón y atada con una cuerda desgastada. No tenía remitente, pero su sola presencia emanaba una amenaza velada. Con un nudo en la garganta, desenvolvió el paquete. Dentro, encontró un viejo broche de plata con una pequeña piedra azul incrustada en el centro. Su corazón se encogió al instante. —Este broche… —murmuró, con la voz entrecortada. Leonard se acercó, observando el objeto con el ceño fruncido. —¿Lo reconoces? —preguntó con evidente preocupación al ver el reflejo del miedo mezclarse con la nostalgia en los ojos de Alessia. Alessia asintió lentamente, sintiendo cómo el mundo a su alrededor se desvanecía por unos segundos. —Era de mi madre. L
Capítulo 83Decisiones en la Oscuridad.El rugido del motor era lo único que rompía el silencio tenso dentro del vehículo. Leonard conducía con una intensidad feroz, los nudillos blancos de la fuerza con la que sujetaba el volante. Alessia, en el asiento del copiloto, respiraba con dificultad, una mano sobre su abdomen, el dolor punzante creciendo con cada segundo. —Aguanta un poco más —murmuró Leonard, sin apartar la vista del camino. Ella asintió con esfuerzo, sintiendo el sudor frío perlándole la frente. —No es nada… —susurró, pero su cuerpo la traicionó cuando otro espasmo de dolor la obligó a cerrar los ojos. Ivan, sentado en la parte trasera con una pistola en la mano, los observaba con seriedad. —El hospital es demasiado riesgoso. Si Anthony tiene infiltrados en la policía, también los tiene en los hospitales. —Lo sé —dijo Leonard, apretando la mandíbula—. Vamos a un lugar más seguro. Una clínica clandestina estaba en un barrio olvidado de la ciudad, oculta tras l
Capítulo 84 El Límite de la Verdad.El motor del vehículo rugía mientras Leonard maniobraba entre las calles oscuras de la ciudad, con el cuerpo ensangrentado de Don Ricardo en el asiento trasero. Alessia sostenía su mano con fuerza, intentando mantenerlo consciente. La imagen de la explosión aún ardía en sus retinas. Habían estado a segundos de morir. —Aguanta, Ricardo. No te atrevas a cerrar los ojos —ordenó Leonard, con el ceño fruncido. Ricardo dejó escapar una risa débil, apenas un susurro. —No te preocupes, muchacho… aún no tengo planes de morir.Pero su voz se apagó en un quejido ahogado cuando otro espasmo de dolor lo sacudió. Alessia, con el pulso acelerado, presionó con más fuerza un trozo de tela contra la herida en su abdomen. —Estamos cerca, papá el doctor va a estar esperándonos en el edificio para atenderte. No nos dejes ahora —susurró, su voz temblorosa. En la parte delantera, Waylen sostenía su celular con manos temblorosas, tecleando un mensaje en código p
Capítulo 85Salida de emergencia. El rugido del motor resonaba en la carretera solitaria mientras Anthony pisaba el acelerador con fuerza, sus manos apretadas sobre el volante. La llamada seguía retumbando en su mente."Sabemos dónde estás. Sabemos lo que hiciste. Y vamos por ti."No era Waylen. No era Leonard. No era Alessia.Alguien más estaba detrás de él.Con el ceño fruncido, pulsó un botón en su tablero y su dispositivo encriptado marcó un número.—Necesito una extracción inmediata —dijo con tono severo.La voz al otro lado de la línea sonó tensa.—No es tan sencillo, Márquez. Después de la balacera en el puerto, los federales están bloqueando las salidas de la ciudad. Monterrey quiere que te encargues de esto por tu cuenta.Anthony apretó la mandíbula.—Monterrey puede irse al diablo. Estoy pagando por protección, no por excusas.—No lo entiendes, Anthony… —la voz en la línea titubeó—. Monterrey ya no te protege.El silencio cayó como una losa.—¿Qué dijiste?—Hay órdenes de n
Capítulo 86 En libertad. Ese mismo día, justo antes de que el caos se desatara entre Leonard, Alessia y Anthony, una historia totalmente diferente se presentaba al otro extremo de la ciudad. El rugido del motor del camión retumbaba en los oídos de Camila mientras trataba de recuperar el aliento. Afuera, la oscuridad de la noche comenzó a caer y se extendía en un velo de sombras, interrumpido solo por el resplandor de las llamas en la carretera. El blindado seguía envuelto en humo y metal retorcido, los disparos resonaban a la distancia mientras los oficiales intentaban reaccionar. Pero era tarde. Camila ya estaba libre. Ella se apoyó contra la pared interna del camión, sintiendo cómo la adrenalina corría por su sangre. La tela de su uniforme naranja de prisión se pegaba a su piel húmeda por el sudor y la tensión. Sus muñecas aún tenían marcas rojas donde las esposas la habían presionado con fuerza. El hombre frente a ella se quitó el pasamontañas con calma, revelando su ide
Capítulo 87Decisiones equivocadas.Horas más tarde, Alessia aún no había tomado una decisión. Estaba sentada en el borde de su cama, mirando el reloj con impaciencia. De repente, un golpe suave en la puerta de su habitación la sacó de sus pensamientos. —¿Sí? —preguntó, con cautela. La puerta se entreabrió e Iván asomó la cabeza. —¿Puedo pasar? Alessia asintió y sonrió débilmente.Iván cerró la puerta detrás de sí y la miró con el ceño fruncido. —Algo te pasa. Alessia desvió la mirada. —Estoy bien. Nada de qué preocuparse. Iván no se dejó engañar. Es este tiempo que había estado cuidándola aprendió a descifrarla.—No me mientas —dijo con firmeza—. Estás inquieta. ¿Es por Leonard? ¿Sigues pensando en la amenaza que te hizo ese hombre?Alessia suspiró. —En parte sí, pero es algo que puedo manejarlo. Iván se sentó a su lado y tomó su mano. —Sea lo que sea, puedes decirme. Sabes bien que puedes confiar en mí, más que tu protector soy tu amigo. Alessia lo miró a los
Capítulo 88El miedo no es una opción.El coche avanzaba por las calles iluminadas con farolas mortecinas, cortando la brisa nocturna con el sonido sordo del motor. Dentro, el silencio era denso, cargado de pensamientos no dichos y miradas que hablaban más de lo que las palabras podrían expresar. Leonard observaba a Alessia de reojo. Desde que habían salido del juzgado, algo en su expresión había cambiado. Su mandíbula estaba tensa, sus dedos tamborileaban con nerviosismo sobre su muslo, y su mirada evitaba encontrarse con la suya. —¿Qué pasa? —preguntó finalmente, rompiendo el silencio. Alessia pestañeó, como si hubiera sido sacada de un trance. —Nada —murmuró, demasiado rápido. Leonard no le creyó. Había aprendido a descifrarla, a notar la manera en que su respiración se entrecortaba cuando mentía, o la forma en que desviaba la mirada cuando intentaba ocultar algo. —No me engañas —dijo con voz grave—. Desde que salimos del tribunal, estás inquieta. Dime que te pasa.Ales
Capítulo 89Bajo las estrellas.El sol se desvanecía en el horizonte, tiñendo el cielo con tonos de naranja y rosa mientras la brisa marina mecía suavemente las hojas de las palmeras. Alessia se abrazó a sí misma, sintiendo la calidez del atardecer sobre su piel mientras sus pies descalzos se hundían en la arena tibia. El sonido de las olas rompiendo contra la orilla era el único sonido que llenaba el aire. Por primera vez en meses, no había ruido de tribunales, no había amenazas, no había miedo. Solo ella y Leonard, solos en aquel paraíso privado donde él la había llevado en su avión, prometiéndole que allí nada ni nadie podría alcanzarlos ni arruinarles ese momento tan íntimo y especial para los dos.—¿En qué piensas? —la voz grave y profunda de Leonard rompió el silencio detrás de ella. Alessia cerró los ojos un segundo antes de girarse y encontrarlo allí, con una camisa blanca desabotonada hasta el pecho, sus pantalones de lino beige y ese aire de dominio tranquilo que la volv