Capítulo 77Prisioneros del engaño.El sonido del disparo aún resonaba en los oídos de Alessia. El cuerpo de Anthony yacía en el suelo, la sangre extendiéndose en un charco espeso sobre el asfalto del estacionamiento. La luz mortecina de las lámparas fluorescentes parpadeaba, lanzando sombras irregulares en las paredes de hormigón. Don Ricardo jadeaba, con la pistola temblando en su mano. Sus ojos, desorbitados, reflejaban el horror de lo que acababa de hacer. Alessia reaccionó antes que él. Dio un paso adelante, su corazón golpeando con furia en su pecho. Le arrebató el arma con un movimiento rápido y se agachó junto al cuerpo de Anthony. Las sirenas se acercaban. No tenemo tiempo.Con manos firmes, borró las huellas de su padre del arma con la manga de su chaqueta. Luego, con cuidado, la colocó en la mano de Anthony, presionando sus dedos rígidos alrededor de la culata para que pareciera un enfrentamiento. —¡Alessia! —susurró su padre con voz rota—. ¿Qué estás haciendo
Capítulo 78Un camino hacia la redención.Alessia sentía el peso de la situación sobre sus hombros, necesitaba salir de allí y salvar a su padre que anteriormente lo arriesgó todo para salvarla, se lo debía, tenía que sacarlo de allí.El pasillo terminaba en una escalera que conducía a un viejo almacén abandonado, un lugar oscuro y descuidado que parecía haber sido olvidado por el tiempo. Allí, entre cajas polvorientas y muebles rotos, encontraron una salida trasera que daba al exterior. Con el corazón latiendo a mil por hora, Don Ricardo empujó la puerta oxida y la abrió lentamente. Un aire frío y fresco se coló en el interior, contrastando brutalmente con el ambiente asfixiante en el que los habían estado encerrados.—¡Vamos! —exclamó Alessia, mientras ambos se encaminaban fuera del edificio.Una vez afuera, la noche se desplegó ante ellos en todo su manto oscuro. El frío aire nocturno, impregnado de la fragancia de la tierra mojada y hojas secas, les dio la bienvenida. Aunque cada
Capítulo 79Jugando con fuego. El cielo aún estaba oscuro cuando la policía irrumpió en el estacionamiento donde, tan solo unas horas antes, el cuerpo de Anthony había sido dejado para aparentar un enfrentamiento. Las luces azules de las patrullas rasgaban la penumbra, proyectando destellos intermitentes sobre el asfalto húmedo. Los oficiales se movían con rapidez, sus rostros tensos, sus miradas en alerta. Revisaban cada rincón con precisión meticulosa, buscando pistas que desentrañaran el misterio. En el centro de la escena, un gran charco de sangre espesa captó toda su atención. Uno de los policías se inclinó, tocando con sus guantes el líquido aún húmedo. Su ceño se frunció. —Esto es reciente —dijo con voz grave. Otro agente manipulaba la cámara de seguridad instalada en la esquina del edificio. Cuando logró acceder a la grabación, su rostro perdió color. —¡Miren esto! —exclamó, señalando la pantalla con la mano. La imagen mostraba tres hombres encapuchados y con guan
Capítulo 80Ganando la batalla. El amanecer trajo consigo un cielo gris y un aire cargado de humedad. La tormenta de la noche anterior había dejado rastros de lluvia sobre las calles y un frío penetrante que parecía presagio de lo que estaba por venir. Después de una larga jornada de incertidumbre y peligro, Alessia finalmente regresó a casa. Leonard la había encontrado antes de que pudiera hacerlo Anthony, y ahora, con la adrenalina aún corriendo por sus venas, solo quería una cosa: estar en los brazos del hombre que, a pesar de todo, seguía siendo su refugio. Cuando cruzó la puerta de la residencia de Leonard, él ya la esperaba en la entrada, con el rostro endurecido por la tensión de los últimos días, los ojos cansados pero alertas. No había dormido, no había comido lo suficiente, y aún así, el instante en que la vio aparecer en el umbral lo hizo olvidar todo. Alessia no lo pensó dos veces. Corrió hacia él, sintiendo su corazón martillar contra el pecho. Leonard la recibió c
Capítulo 81La furia de Anthony. La noche se extendía sobre la ciudad como un manto de sombras, cargada de electricidad estática y un calor sofocante que presagiaba tormenta. En el pequeño departamento de Anthony, el silencio apenas era interrumpido por el leve tic-tac del reloj de mármol sobre la repisa de la chimenea.Anthony estaba sentado en un sillón de cuero negro, con un vaso de whisky en la mano, observando la panorámica nocturna a través de las ventanas que apenas iluminaba algunos lugares específicos del salón. Su mente trabajaba a mil por horas, entrelazando planes de escape, soluciones y posibles traiciones. Sabía que el cerco se cerraba sobre él, pero no esperaba que llegara tan rápido.El sonido de su celular vibrando sobre la mesa de vidrio lo sacó de sus pensamientos. Lo tomó en su mano con calma, soltando un suspiro pesado, pero cuando vio el número en la pantalla, su mandíbula se tensó.—¿Qué pasa? —preguntó al responder, con voz fría.Del otro lado de la línea, su
Capítulo 82Sombras en Movimiento.La tormenta continuaba rugiendo afuera, como un presagio de la guerra silenciosa que se estaba librando en las sombras. En la mansión de Leonard, la tensión era palpable. Alessia, con los dedos temblorosos, sostenía el paquete que había llegado a su nombre. La caja era pequeña, envuelta en papel marrón y atada con una cuerda desgastada. No tenía remitente, pero su sola presencia emanaba una amenaza velada. Con un nudo en la garganta, desenvolvió el paquete. Dentro, encontró un viejo broche de plata con una pequeña piedra azul incrustada en el centro. Su corazón se encogió al instante. —Este broche… —murmuró, con la voz entrecortada. Leonard se acercó, observando el objeto con el ceño fruncido. —¿Lo reconoces? —preguntó con evidente preocupación al ver el reflejo del miedo mezclarse con la nostalgia en los ojos de Alessia. Alessia asintió lentamente, sintiendo cómo el mundo a su alrededor se desvanecía por unos segundos. —Era de mi madre. L
Capítulo 83Decisiones en la Oscuridad.El rugido del motor era lo único que rompía el silencio tenso dentro del vehículo. Leonard conducía con una intensidad feroz, los nudillos blancos de la fuerza con la que sujetaba el volante. Alessia, en el asiento del copiloto, respiraba con dificultad, una mano sobre su abdomen, el dolor punzante creciendo con cada segundo. —Aguanta un poco más —murmuró Leonard, sin apartar la vista del camino. Ella asintió con esfuerzo, sintiendo el sudor frío perlándole la frente. —No es nada… —susurró, pero su cuerpo la traicionó cuando otro espasmo de dolor la obligó a cerrar los ojos. Ivan, sentado en la parte trasera con una pistola en la mano, los observaba con seriedad. —El hospital es demasiado riesgoso. Si Anthony tiene infiltrados en la policía, también los tiene en los hospitales. —Lo sé —dijo Leonard, apretando la mandíbula—. Vamos a un lugar más seguro. Una clínica clandestina estaba en un barrio olvidado de la ciudad, oculta tras l
Capítulo 84 El Límite de la Verdad.El motor del vehículo rugía mientras Leonard maniobraba entre las calles oscuras de la ciudad, con el cuerpo ensangrentado de Don Ricardo en el asiento trasero. Alessia sostenía su mano con fuerza, intentando mantenerlo consciente. La imagen de la explosión aún ardía en sus retinas. Habían estado a segundos de morir. —Aguanta, Ricardo. No te atrevas a cerrar los ojos —ordenó Leonard, con el ceño fruncido. Ricardo dejó escapar una risa débil, apenas un susurro. —No te preocupes, muchacho… aún no tengo planes de morir.Pero su voz se apagó en un quejido ahogado cuando otro espasmo de dolor lo sacudió. Alessia, con el pulso acelerado, presionó con más fuerza un trozo de tela contra la herida en su abdomen. —Estamos cerca, papá el doctor va a estar esperándonos en el edificio para atenderte. No nos dejes ahora —susurró, su voz temblorosa. En la parte delantera, Waylen sostenía su celular con manos temblorosas, tecleando un mensaje en código p