Eduardo.Feliz, así me encontraba, tenía en mis brazos a la mujer que amo y con la que deseo pasar el resto de mi vida.Dahiana había llegado a mi vida de la manera más inesperada, mostrándome que el amor llega sin avisar y que nada lo podemos dar por sentado. Ahora sé que en realidad lo que sentía por Laura no era amor.El apego que tenía hacia ella, era por la tranquilidad que le brindaba a mi loca vida, esa que llevaba ocultando por años.Pero con Dahiana podía ser yo, el miedo y la vergüenza no existían a su lado, porque ella de alguna forma es igual a mí.Aunque sabía que debía tomar las cosas con calma, me era imposible controlarme teniéndola a mi lado, por primera vez le estaba haciendo el amor.Mis manos tocaban con delicadeza cada parte de su cuerpo, dibujando en él un mapa de besos. Sus gemidos hacían eco en mis oídos, quedando grabado en mi mente para siempre.—Te amo—le dije en un susurro mientras me desbordaba en su interior.No sabía cómo tomaría mi confesión, pero no lo
Dicen que los obstáculos hacen que las personas y los sentimientos se hagan más fuertes. Dahiana había atravesado por una situación dolorosa, una de ella fue cuando fue traicionada por quien decía amarla, el miedo y la desconfianza se habían alojado en su corazón, pero de alguna manera lo que ella consideraba que sería un desquite o más bien una experiencia, se había convertido en algo mucho más fuerte que ella misma. Era difícil creer que alguien que no conocía en lo más mínimo se haya adueñado de sus sentimientos. Pero, ¿era fuerte ese sentimiento? ** Dahiana. De no creer, mi vida ha sido un columpio de emociones en los últimos meses. Pase de estar comprometida a ser traicionada, de estar envuelta en el dolor a enamorada de un desconocido. Ahora estoy en brazos de quien llegó como un torbellino a vida a ponerla patas arriba. No sabía cuál sería el resultado de todo esto, no sabía lo que me esperaba el día de mañana. Lo cierto era que estaba disfrutando de cada toque, de cada
Eduardo. Estaba decidido a poner fin al asunto, quizás suene un poco desagradecido de mi parte. Sé y tengo claro que lo que hizo Laura conmigo todos estos años, es algo de lo que debo estar agradecido, quizás no haya aportado lo mismo que ella a nuestra relación. Y sé bien que el que falló fui yo, pero por eso mismo debo ser claro, por ella y por mí mismo. Amor ya no hay, más que agradecimiento y cariño por todo el apoyo. Lo más sano para los dos es dejar las cosas en claro, y buscar la felicidad por caminos separados. Pero las cosas se están tornando un poco complicadas, no solo por los falsos rumores que hay en los medios, sino por la repentina llegada de fotos y videos a mi teléfono. Siempre he sido cuidado o eso pensé, ahora está amenazada mi integridad y la de mi familia, por mi vida secreta. —¿Sucede algo señor?—me pregunta Javier al ver mi rostro pálido. Mis manos temblaban mientras sostenía el teléfono en mis manos. No sabía cuál era el objetivo de tales mensajes, pe
Eduardo estuvo todo el día lidiando con los problemas que habían surgido a causa de la noticia de su falso compromiso.Periodistas y accionistas lo llamaban para saber cuál era la verdad detrás de todo.—Te ves tenso—dijo Emilio su padre ingresando a la oficina.—Papá —. Eduardo se levantó de su silla llena de sorpresa. Su padre tenía varios meses sin ir a la oficina. —¿Qué haces aquí?Eduardo lo abrazó y lo guío a los sofás en donde se sentaron.—Quise venir a ver cómo estás—contestó el mayor.—Yo estoy bien, tú y mamá no deben preocuparse por mí—dijo Eduardo—Siento mucho causar problema, te prometo que solucionaré todo, los hoteles no saldrán dañados con esto.—Eduardo, los hoteles es lo que menos nos preocupa, aquí lo realmente importante es que tú estés bien hijo—dijo Emilio poniendo una mano en su hombro.—Gracias padre—dijo Eduardo.—Ahora, dime qué es lo que está pasando—pidió Emilio.Eduardo suspiró, no sabía cómo su padre tomaría las cosas, no podía contarle todo en profundid
Eduardo.Debía escoger bien mis palabras, no quería causar una ofensa a quienes fueron mis suegros por años.A pesar de todo, debía ser agradecido con ellos y con su hija por haberse portado tan bien conmigo.—Eso lo tenemos claro, es triste que las cosas terminaran así, pero cuando los sentimientos cambian no hay nada que se pueda hacer—dijo el señor Rubén.—De verdad lo lamento, Laura es una maravillosa mujer cualquiera estaría feliz de tenerla en su vida—dije con sinceridad.—Todos menos tú—se escuchó.Todos miramos hacia donde provenía aquella voz y ahí estaba Laura, en sus ojos podía ver la tristeza que la encargaba, me dolía ser yo quien le causara tal daño, pero no podía obligarme a estar vine ella, no cuando amo a alguien más.—Lo lamento—dije.Sus mejillas se llenaron de lágrimas, una de sus manos reposaba sobre su herida, por lo que me levanté para ayudarla, pero me detuvo.—Nunca fui suficiente, siempre lo supe, pero me aferré al amor que siento por ti. Pensé que al ser una
Dahiana.Las cosas se fueron calmando con el pasar de las semanas. Eduardo y yo manteníamos comunicación vía mensaje de texto o nos veíamos cada vez que iba a la obra a hacer revisiones, cosa que se volvió frecuente.El sentimiento de culpa que me agobiaba, fue desapareciendo gracias a mis pláticas con José y con las llamadas que me hacía mi cuñada.Aun así, no dejo de pensar que hubiese sido de Eduardo y Laura, si yo no hubiese aparecido.Pero bueno, ahora estoy mentalizado en hacer que mi relación con Eduardo funcione, con eso en mente y después de casi un mes he aceptado salir a cenar con él.Me siento muy nerviosa, ya que sería nuestra primera salida como una pareja formal. José e Irina me animan, así que ahora estoy aquí acomodando un poco mi maquillaje, en el baño del restaurante.Estaba concentrada mirándome al espejo y no presté atención a la mujer que se paró a mi lado.Empezó con desesperación a buscar entre su bolso, sacando todo de su interior.A un lado dejó dos teléfonos
Eduardo.Había esperado tanto para verla, tanto para sentirla, está feliz, pues, por fin, podía salir con ella y tomarla de la mano, sin temor.Todo iba tan bien, hasta que volvió del baño. Algo había pasado y debía averiguarlo.Así que de frente pedí que me hablara, ella estaba renuente a hacerlo, pero al final conseguí que lo hiciera.—Dahiana, ¿qué te dijo?—pregunté ya preocupado.Georgina fue uno de mis amantes años atrás; en esa época aún estaba descubriendo mi gusto por la dominación.Ella fue la primera mujer con la que experimenté algo parecido, pero ella deseaba algo más que no podía darle y era una relación estable, por lo que decidí alejarme. Ella al principio estaba molesta y me buscaba, pero con el tiempo solo aceptó mi decisión.Así que solo conversábamos de vez en cuando, coincidíamos en alguna reunión o evento.—No fue algo que dijo, sino algo que vi y no debía, ahora sé que no debía—dijo.—Linda, por favor—le pedí.—Ella tiene un teléfono igual al que me diste, en él
Dahiana lanzó a un lado su braga, ante la mirada penetrante de Eduardo.—Dame placer—susurró Dahiana con voz seductora.Sin más, se sentó en el miembro de Eduardo, siendo penetrada de una sola estocada.Ella tenía todo el control, sus caderas subían y bajaban en un lento movimiento.**Dahiana.Perdida en el placer, olvidando todo mi alrededor, solo éramos él, yo y el placer que sentimos.Mis caderas subían y bajaban, mientras que los gemidos y jadeos resonaban en aquella habitación.—Te amo —susurró.—Eduardo—gemí, liberándome en un placentero orgasmo.Pero no me detuve, continué moviendo mis caderas hasta que él se liberó.Sentía las rodillas temblorosas, pero como pude me levanté de sus piernas y solté sus manos. Sabía que no había sido suficiente, así que solté la risa cuando sentí que estaba siendo alzada como un bulto de papa.Él me dejó caer sobre la cama y, como una fiera hambrienta, se lanzó sobre mí.Su boca besó desde mi cuello hasta la punta de mis dedos.Sin darme cuenta,