Eduardo.Debía escoger bien mis palabras, no quería causar una ofensa a quienes fueron mis suegros por años.A pesar de todo, debía ser agradecido con ellos y con su hija por haberse portado tan bien conmigo.—Eso lo tenemos claro, es triste que las cosas terminaran así, pero cuando los sentimientos cambian no hay nada que se pueda hacer—dijo el señor Rubén.—De verdad lo lamento, Laura es una maravillosa mujer cualquiera estaría feliz de tenerla en su vida—dije con sinceridad.—Todos menos tú—se escuchó.Todos miramos hacia donde provenía aquella voz y ahí estaba Laura, en sus ojos podía ver la tristeza que la encargaba, me dolía ser yo quien le causara tal daño, pero no podía obligarme a estar vine ella, no cuando amo a alguien más.—Lo lamento—dije.Sus mejillas se llenaron de lágrimas, una de sus manos reposaba sobre su herida, por lo que me levanté para ayudarla, pero me detuvo.—Nunca fui suficiente, siempre lo supe, pero me aferré al amor que siento por ti. Pensé que al ser una
Dahiana.Las cosas se fueron calmando con el pasar de las semanas. Eduardo y yo manteníamos comunicación vía mensaje de texto o nos veíamos cada vez que iba a la obra a hacer revisiones, cosa que se volvió frecuente.El sentimiento de culpa que me agobiaba, fue desapareciendo gracias a mis pláticas con José y con las llamadas que me hacía mi cuñada.Aun así, no dejo de pensar que hubiese sido de Eduardo y Laura, si yo no hubiese aparecido.Pero bueno, ahora estoy mentalizado en hacer que mi relación con Eduardo funcione, con eso en mente y después de casi un mes he aceptado salir a cenar con él.Me siento muy nerviosa, ya que sería nuestra primera salida como una pareja formal. José e Irina me animan, así que ahora estoy aquí acomodando un poco mi maquillaje, en el baño del restaurante.Estaba concentrada mirándome al espejo y no presté atención a la mujer que se paró a mi lado.Empezó con desesperación a buscar entre su bolso, sacando todo de su interior.A un lado dejó dos teléfonos
Eduardo.Había esperado tanto para verla, tanto para sentirla, está feliz, pues, por fin, podía salir con ella y tomarla de la mano, sin temor.Todo iba tan bien, hasta que volvió del baño. Algo había pasado y debía averiguarlo.Así que de frente pedí que me hablara, ella estaba renuente a hacerlo, pero al final conseguí que lo hiciera.—Dahiana, ¿qué te dijo?—pregunté ya preocupado.Georgina fue uno de mis amantes años atrás; en esa época aún estaba descubriendo mi gusto por la dominación.Ella fue la primera mujer con la que experimenté algo parecido, pero ella deseaba algo más que no podía darle y era una relación estable, por lo que decidí alejarme. Ella al principio estaba molesta y me buscaba, pero con el tiempo solo aceptó mi decisión.Así que solo conversábamos de vez en cuando, coincidíamos en alguna reunión o evento.—No fue algo que dijo, sino algo que vi y no debía, ahora sé que no debía—dijo.—Linda, por favor—le pedí.—Ella tiene un teléfono igual al que me diste, en él
Dahiana lanzó a un lado su braga, ante la mirada penetrante de Eduardo.—Dame placer—susurró Dahiana con voz seductora.Sin más, se sentó en el miembro de Eduardo, siendo penetrada de una sola estocada.Ella tenía todo el control, sus caderas subían y bajaban en un lento movimiento.**Dahiana.Perdida en el placer, olvidando todo mi alrededor, solo éramos él, yo y el placer que sentimos.Mis caderas subían y bajaban, mientras que los gemidos y jadeos resonaban en aquella habitación.—Te amo —susurró.—Eduardo—gemí, liberándome en un placentero orgasmo.Pero no me detuve, continué moviendo mis caderas hasta que él se liberó.Sentía las rodillas temblorosas, pero como pude me levanté de sus piernas y solté sus manos. Sabía que no había sido suficiente, así que solté la risa cuando sentí que estaba siendo alzada como un bulto de papa.Él me dejó caer sobre la cama y, como una fiera hambrienta, se lanzó sobre mí.Su boca besó desde mi cuello hasta la punta de mis dedos.Sin darme cuenta,
Dahiana.Patética, así me sentía al tener la mirada de todos en mí. ¿Pero qué era lo que yo había hecho mal? —Me preguntaba mientras sentía cómo el agua caía sobre mí. Eran las siete de la noche y una fuerte lluvia caía sobre San Francisco.Todo había empezado como lo que sería un día normal para mí. Me despedí de Luis como cada mañana, la única diferencia era que saldría de la ciudad esa mañana, para tratar el tema de un proyecto en el que iniciará a trabajar la próxima semana.Por alguna razón o quizás por obra del destino, se me habían quedado los planos que debía presentar ese día en San Diego.Sería el proyecto de mi vida que me dispararía mi carrera como arquitecta. Por suerte, pude posponer la reunión para el siguiente día, así que tomé un vuelo de regreso a San Francisco. Pero quién diría que mi día normal terminaría en un desastre total.Abrí la puerta del departamento que compartía con Luis hacía solo dos meses, para encontrarme con una de las escenas más dolorosas de mi vid
Miguel y Guillermo contuvieron las ganas que tenía de buscar a Luis y hacerle pagar por el daño que le habían hecho a su hermana. Pero ya tendrían su oportunidad.—Démosle tiempo, Dahiana es fuerte, les puedo asegurar que mañana se levantará y continuará con su vida como si nada—les dijo Maribel.Todos asintieron, luego se fueron cada uno a sus habitaciones.Tal como Maribel había dicho, Dahiana se levantó temprano y se alistó para salir rumbo a San Diego.Tomó una ducha, buscó algo cómodo para usar para su viaje y empacó un pequeño equipaje, luego bajó a la primera planta.Su padre se encontraba sentado en un sillón cerca de la entrada principal leyendo el periódico.—¿Cómo te sientes?— le pregunta su padre al verla bajar las escaleras—Ya estoy mejor—contestó ella—No tengo tiempo para sufrir, debo viajar a San Diego, en unas horas debo presentar el proyecto.Esteban conocía a su hija y sabía que por más que insistiera no iba a poder hacerla cambiar de opinión.—Bien, espero y tengas
Dahiana.Sabía que la espera me iba a volver loca, solo esperaba que al señor Triana le gustara mi proyecto.— Señorita Pineda, he quedado encantado, sé que a Eduardo le va a encantar—me dijo Ramiro.—Me alegra escuchar eso —le dije.—Sus habilidades son realmente buenas —agregó el señor Javier—. Lo más probable es que mañana mismo firmemos el contrato.—Tan pronto—dije.—Claro, Eduardo, deseaba que ese proyecto esté listo lo antes posible—dijo Pablo.—Perfecto —dije con una sonrisa.El proyecto era enorme y, por más que nos esforcemos, estaría listo en unos aproximados de tres años, lo que significaba que debía mudarme a San Diego.Después de despedirme, subí a mi habitación, llena de emoción, me moría de ganas de llamar a José y contarle, pero decidí esperar a firmar el contrato.José es mi amigo y socio; juntos creamos nuestra propia constructora, D y J constructoras. El inicio fue difícil, pero gracias a nuestras habilidades, hemos logrado crecer de manera rápida, llegando a hacer
Dahiana se sentía en otro mundo, era como si hubiese atravesado un portal cuando cruzó la entrada del bar.Había mujeres que se encontraban prácticamente desnudas, mientras que otros hombres acariciaban sus zonas sensibles. —¿Es tu primera vez aquí?—le dijo el hombre llamando su atención.Dahiana saltó al escucharlo tan cerca, ella se giró para ver aún hombre de traje completamente negro. Su aroma le recordó al hombre del elevador.Aunque su vestimenta era igual de negra, lucía un poco diferente. La camisa llevaba algunos botones desabotonados, dándole un ambiente despreocupado y permitiéndole ver parte de su firme pecho. Aunque su estatura también era alta, no podía asegurar que se tratara del mismo tipo.—Así es—contestó ella.El hombre le hizo seña al bar tender para que sirviera dos copas.—En este lugar puedes ser quien deseas ser, aquí no debes preocuparte por lo que dirán —le dijo él, dándole a Dahiana una de las copas que había servido el bar tender—. Créeme, esto es algo que