SARAH:
Retrocedía asustada, incapaz de apartar la mirada de los ojos ámbar de Farel. No podía entender cómo estaba allí, frente a mí, vivo y más intimidante de lo que recordaba. Yo misma había trazado su final. Yo misma le había tendido una trampa para que no fuera a avisarle al alfa de mi traición: lo había hecho caer por un acantilado, quebrado y perdido en la nada. ¿Qué hacía aquí? ¿Cómo había sobrevivido?
Había escuchado rumores de su regreso. Ecos que se deslizaban entre las sombras de los Nox Venators, pero nunca les di importancia. Incluso cuando Kieran evitó responderme al mencionarlo, lo deseché como uno de tantos fantasmas de nuestra historia. Ahora, mientras la imponente figura de Farel se cernía sobre mí, entendía que no solo no era un fantasma, sino un lobo que habíaCLARIS:Me sentía atrapada en una red de emociones y preguntas sin respuestas. Mis mirada iba de un rostro a otro en busca de alguna señal, algún indicio de claridad en medio de ese caos. Mi Alfa, con su postura firme pero mirada cargado de incertidumbre, confiaba en Farel como si este anciano lobo fuera la llave para desentrañar aquello que nos estaba consumiendo. Y quizás lo era.En ese momento, mi mente regresó sin avisar al instante en que Farel apareció en nuestra casa, herido y envenenado por aquella lanza de las brujas. Lo había curado casi de manera instintiva, dejándome llevar por algo profundo e inalcanzable, que ahora sé que era parte de mí. Había logrado sanarlo sin entender cómo, siguiendo únicamente ese impulso primigenio que brotaba de mis entrañas como un río indomable.Si aquel poder vivía en mí, si er
SARAH:Me arrodillé al instante, aún retenida por las sombras que me habían traído aquí. No había forma de escapar, y lo sabía. —Fue un error... —dije, casi rogando—. No sabía que él lo sacaría, ni tampoco que los niños también lo poseían. Aquello no estaba previsto, te lo juro, mis hijos... —¿Hijos? ¿Qué hijos? Eres una simple loba de una herencia plebeya, y ese poder solo se hereda por los grandes alfas, por las familias con genes divinos, y tú... —se detuvo, tomando mi barbilla con sus uñas afiladas—. Tú eres todo menos eso. —Yo... yo solo quería atender a nuestros intereses comunes. Ustedes querían a la Loba Mística; ella estaba con Kieran, no les mentí en eso —me defendí, tratando de aferrarme a cualquier argumento—.
KIERAN:Observé a mi Luna y supe al instante lo que había cruzado por su mente; yo también lo había sentido. Nuestra conexión se percibía distinta. Quizás fuera porque Atka no estaba conmigo, o tal vez porque aún me embargaba la emoción de verla ser aceptada en el entrenamiento. Incluso podría deberse a que había conseguido eliminar el poder carmesí que amenazaba a mis hijos, quienes, con gran valentía, lograron defenderse y evitar ser capturados.Todo había convergido en ese momento, y sentí la necesidad de recompensar a mi Luna, amándola como humana, de la forma que ella prefería por haber sido criada de esa manera. La intensidad de la conexión y el placer que compartimos fue tan inmenso que sentimos haber alcanzado un nivel de unión más profundo que nunca. Pero no se debía únicamente a la marca; hab&iacut
KIERAN:La vi sonreír, y en esa sonrisa encontré algo que pocas veces he sabido explicar. Era amor en su forma más pura, una certeza que me envolvió como una llama cálida. Por mi parte, la observé largamente, dejando que el silencio hablara por nosotros, sellando heridas invisibles y alimentando algo más profundo que el miedo: la confianza en nuestra unión, en lo que éramos.La besé con pasión, sintiendo la intensidad que solo ella podía despertar en mí. Fue un beso sin reservas, sin titubeos, en el que deposité todo lo que no podía decir con palabras. Y ella me correspondió de igual manera, entregándose por completo, dejando atrás cualquier barrera. En ese instante, no existían jerarquías, medallas ni títulos; solo estábamos nosotros. La conexión que sentía no se parecía
ALFA KIERAN THERON:El olor me golpeó como una descarga eléctrica, enviando escalofríos por mi columna vertebral. Mi piel se erizó al reconocerlo: era mi propia esencia, pero más dulce, más intensa, entrelazada con algo más que no podía identificar. Imposible. Esto solo ocurría cuando... ¡No! Después de cientos de años esperando, ¿por qué ahora? Mis músculos se tensaron por instinto y, antes de poder procesarlo conscientemente, ya estaba corriendo. El aroma me guió más allá de los límites de la manada, hacia una vieja casa de piedra y madera en las afueras del pueblo. El edificio, rodeado de pinos centenarios, había sido ocupado recientemente por tres humanas. Podía oler sus esencias entremezcladas con el aroma a pintura fresca y cajas de cartón. Mi lobo Atka se agitaba en mi interior, desesperado por irrumpir en la casa, pero tres siglos de control me mantuvieron anclado al suelo. No podía simplemente entrar y asustar a los humanos. ¿Cómo era posible que mi esencia estuviera allí?
CLARIS: Las náuseas me asaltaron de nuevo mientras organizaba los documentos en mi escritorio. Era la tercera vez en la mañana y ya no podía disimular. Corrí hacia el baño, sintiendo la penetrante mirada de mi jefe siguiendo cada uno de mis movimientos. Al pasar junto a él, pude ver cómo arrugaba su nariz con ese gesto de disgusto que tanto lo caracterizaba.Después de tres meses trabajando en este pueblo perdido, conocía bien esa expresión. El señor Kieran Thorne, un hombre huraño de rutinas y cualquier alteración lo perturbaba visiblemente.—Necesito salir temprano hoy —anuncié cuando regresé, limpiándome discretamente el sudor de mi frente—. Tengo una cita médica. Él apenas levantó la vista de sus papeles, pero pude notar cómo sus hombros se tensaban. Después de un silencio que pareció eterno, asintió secamente. Caminé presurosa mirando mi reloj con miedo de demorarme demasiado. Mientras esperaba, suspiré pensando en que no era tiempo para enfermarme ahora. Mi madre y mi pobre h
KIERAN THORNE:Observé cómo mi asistente tomaba sus cosas y se alejaba rumbo a su vieja camioneta. La contemplé desde mi ventana, admirando su extraordinaria belleza y el aura de vitalidad que emanaba. Mi lobo Atka gruñía en mi interior, todavía sin querer aceptar que esa humana hubiera rechazado nuestro ofrecimiento de llevarla a su casa. Soy el Alfa, nadie me rechaza jamás. Pero había algo en ella que me inquietaba. Mientras su destartalado vehículo se alejaba, hice una nota mental: debía proporcionarle un auto mejor y más seguro.El sonido de la puerta interrumpió mis pensamientos. Me giré después de dar una última mirada a la camioneta que desaparecía en la distancia.—Mi Alfa, tu primo Gael está afuera, bastante alterado —informó Fenris, mi Beta, con expresión preocupada—. Me pidió estar presente en lo que describe como una reunión de la más alta importancia y confidencialidad. ¿Tienes idea de qué se trata?—Hazlo pasar y cierra la puerta —respondí, dejándome caer en el sillón tr
CLARIS:Salí de la oficina casi corriendo, no sé. Había algo en la mirada de mi jefe que me hizo temer. Ahora entendía porque nadie quería trabajar con él y como muchas mujeres antes de mí habían renunciado a ese puesto. Kieran Thorne era, sin duda, un hombre extraordinariamente atractivo, el tipo de ejemplar que raramente se encuentra en la vida. Alto, probablemente rozando el metro noventa, con un físico que parecía esculpido por los dioses: hombros anchos, cintura estrecha y músculos definidos que se marcaban incluso bajo sus impecables trajes de diseñador. Su rostro lo enmarcaba una mandíbula fuerte y definida, labios carnosos que rara vez sonreían, y una nariz recta que le daba un aire aristocrático. El cabello negro que llebaba siempre perfectamente peinado hacia atrás, dejaba al descubierto una frente amplia y unas cejas expresivas que acentuaban la intensidad de su mirada. Pero eran sus ojos los que verdaderamente me perturbaban. De un gris acerado que parecía cambiar de to