KIERAN:
Fenris me observó, inmóvil, con una mezcla de incredulidad y desconcierto dibujada en su rostro. Lo conocía demasiado bien; no necesitaba decir palabra alguna para saber lo que atravesaba su mente. Por primera vez en mucho tiempo, su templanza inquebrantable parecía tambalearse. Él sabía, igual que yo, que la seguridad de la manada pendía de un hilo casi invisible, y la tentación de advertirles sobre el peligro era tan fuerte como el miedo a las consecuencias. Pero yo no podía permitirlo.
—¿Qué? ¿Por qué? —insistió, hundiendo esas palabras en el silencio como una daga, su incredulidad palpable en cada sílaba—. ¡Tenemos que avisar que estamos en peligro! Lo miré fijo, manteniendo el control, aunque cada fragmento de mi interior ardía con conflictos que no podía permitirme mostrar. ApartéKIERAN:Por un momento, él me observó con incredulidad, sorprendido por mi súplica. Había algo diferente en su mirada ahora, tal vez arrepentimiento por no haber regresado a mi lado y ayudarme con la falta de papá. Mis palabras parecían haberlo alcanzado de una manera inesperada. Después de todo, Farel había sido el beta leal de mi padre. Su historia estaba tejida en las sombras de nuestra manada: él, que estuvo presente en su apogeo y también en su ruina; él, que desapareció durante años tras la casi aniquilación de los nuestros; y él, que me había encontrado en el momento en que lo necesitaba, no para ser un miembro activo de mi manada, sino para protegerme desde el rincón más oscuro de nuestras vidas compartidas.Sus labios formaron una línea fina antes de que me preguntara, con una preocupación inusual, como si mi r
KIERAN: Comencé a vislumbrar el entramado oscuro y complejo de las tres Lobas Lunares. Ferins escuchaba cada palabra con la atención de quien sabe que cada detalle puede cambiar el curso del destino. Su interés no era casual; estaba aprendiendo de Farel, el beta que había servido a mi padre con lealtad inquebrantable porque no había podido casarse y tener un descendiente. Su pareja destinada, la Loba Empática, junto a la Guardiana, fallecieron antes de cumplir su destino; solo había sobrevivido mi madre, la loba Mística, cargando todo ese peso en soledad. Fenris había heredado el puesto, pero, al igual que yo, no tuvo a nadie que lo guiara. Farel había desaparecido junto a toda nuestra manada después de la traición de Sarah. Por eso ambos escuchábamos atentamente al beta de mi padre, quien, por alguna razón, había decidido regresar al seno de la manada. —Cuando tú naciste, Kieran, el poder estaba en ti —dijo Farel, con una cadencia grave que me heló la sangre—, más fuerte y más in
CLARIS:Estaba desconcertada, observando la actitud de Farel. Este lobo ermitaño, que había irrumpido de repente en nuestras vidas con un aura de conocimiento absoluto, me inspiraba un temor que no podía ignorar. Había algo en su mirada, en la certeza con la que actuaba, que me hacía sentir diminuta, como si él estuviera viendo un peligro que aún no podía descifrar. Sin embargo, a pesar de que mi instinto me empujaba a cuestionarlo, algo dentro de mí me llevaba a creer que, en el fondo, estaba protegiendo a mis hijos de algo mucho más oscuro de lo que alcanzaba a comprender.Miré a Farel, de vuelta a mi alfa y, finalmente, a mis compañeras, las Lobas Lunares. Trataba de encontrar respuestas a su actitud, luego centré mi atención en mis pequeños, que observaban todo con curiosidad infantil, completamente ajenos a la tormenta invisible que se acumulaba a su alrededor. U
SARAH:Retrocedía asustada, incapaz de apartar la mirada de los ojos ámbar de Farel. No podía entender cómo estaba allí, frente a mí, vivo y más intimidante de lo que recordaba. Yo misma había trazado su final. Yo misma le había tendido una trampa para que no fuera a avisarle al alfa de mi traición: lo había hecho caer por un acantilado, quebrado y perdido en la nada. ¿Qué hacía aquí? ¿Cómo había sobrevivido? Había escuchado rumores de su regreso. Ecos que se deslizaban entre las sombras de los Nox Venators, pero nunca les di importancia. Incluso cuando Kieran evitó responderme al mencionarlo, lo deseché como uno de tantos fantasmas de nuestra historia. Ahora, mientras la imponente figura de Farel se cernía sobre mí, entendía que no solo no era un fantasma, sino un lobo que había
CLARIS:Me sentía atrapada en una red de emociones y preguntas sin respuestas. Mis mirada iba de un rostro a otro en busca de alguna señal, algún indicio de claridad en medio de ese caos. Mi Alfa, con su postura firme pero mirada cargado de incertidumbre, confiaba en Farel como si este anciano lobo fuera la llave para desentrañar aquello que nos estaba consumiendo. Y quizás lo era.En ese momento, mi mente regresó sin avisar al instante en que Farel apareció en nuestra casa, herido y envenenado por aquella lanza de las brujas. Lo había curado casi de manera instintiva, dejándome llevar por algo profundo e inalcanzable, que ahora sé que era parte de mí. Había logrado sanarlo sin entender cómo, siguiendo únicamente ese impulso primigenio que brotaba de mis entrañas como un río indomable.Si aquel poder vivía en mí, si er
SARAH:Me arrodillé al instante, aún retenida por las sombras que me habían traído aquí. No había forma de escapar, y lo sabía. —Fue un error... —dije, casi rogando—. No sabía que él lo sacaría, ni tampoco que los niños también lo poseían. Aquello no estaba previsto, te lo juro, mis hijos... —¿Hijos? ¿Qué hijos? Eres una simple loba de una herencia plebeya, y ese poder solo se hereda por los grandes alfas, por las familias con genes divinos, y tú... —se detuvo, tomando mi barbilla con sus uñas afiladas—. Tú eres todo menos eso. —Yo... yo solo quería atender a nuestros intereses comunes. Ustedes querían a la Loba Mística; ella estaba con Kieran, no les mentí en eso —me defendí, tratando de aferrarme a cualquier argumento—.
KIERAN:Observé a mi Luna y supe al instante lo que había cruzado por su mente; yo también lo había sentido. Nuestra conexión se percibía distinta. Quizás fuera porque Atka no estaba conmigo, o tal vez porque aún me embargaba la emoción de verla ser aceptada en el entrenamiento. Incluso podría deberse a que había conseguido eliminar el poder carmesí que amenazaba a mis hijos, quienes, con gran valentía, lograron defenderse y evitar ser capturados.Todo había convergido en ese momento, y sentí la necesidad de recompensar a mi Luna, amándola como humana, de la forma que ella prefería por haber sido criada de esa manera. La intensidad de la conexión y el placer que compartimos fue tan inmenso que sentimos haber alcanzado un nivel de unión más profundo que nunca. Pero no se debía únicamente a la marca; hab&iacut
KIERAN:La vi sonreír, y en esa sonrisa encontré algo que pocas veces he sabido explicar. Era amor en su forma más pura, una certeza que me envolvió como una llama cálida. Por mi parte, la observé largamente, dejando que el silencio hablara por nosotros, sellando heridas invisibles y alimentando algo más profundo que el miedo: la confianza en nuestra unión, en lo que éramos.La besé con pasión, sintiendo la intensidad que solo ella podía despertar en mí. Fue un beso sin reservas, sin titubeos, en el que deposité todo lo que no podía decir con palabras. Y ella me correspondió de igual manera, entregándose por completo, dejando atrás cualquier barrera. En ese instante, no existían jerarquías, medallas ni títulos; solo estábamos nosotros. La conexión que sentía no se parecía