189. EL LOBO DEL ALFA: ATKA

KIERAN:

 Fenris me observó, inmóvil, con una mezcla de incredulidad y desconcierto dibujada en su rostro. Lo conocía demasiado bien; no necesitaba decir palabra alguna para saber lo que atravesaba su mente. Por primera vez en mucho tiempo, su templanza inquebrantable parecía tambalearse. Él sabía, igual que yo, que la seguridad de la manada pendía de un hilo casi invisible, y la tentación de advertirles sobre el peligro era tan fuerte como el miedo a las consecuencias. Pero yo no podía permitirlo.

 —¿Qué? ¿Por qué? —insistió, hundiendo esas palabras en el silencio como una daga, su incredulidad palpable en cada sílaba—. ¡Tenemos que avisar que estamos en peligro!

 Lo miré fijo, manteniendo el control, aunque cada fragmento de mi interior ardía con conflictos que no podía permitirme mostrar. Aparté
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