Camelia se detiene antes de continuar, gira la cabeza para mirar a su abuela limpiando sus lágrimas emocionada, quien le sonríe y asiente con la cabeza. Vuelve a mirar a Ariel sonriente y continúa.
—En mi opinión, todo lo que te he prometido hasta ahora es amor… Ariel…, mi favor inaudito…, mi favor diferente…, mi favor complicado…, mi favor loco…, mi favor impagable…, ja, ja, ja… —ríe al ver la expresión de sorpresa de Ariel, y un poco impaciente, le susurra:—Todavía no lo dices, amor.—Ariel Rhys, prometo que pagaré cada uno de esos favores por el resto de mi vida, porque, amor, hoy te concederé el último favor que me pediste… Ariel Rhys, te acepto como mi legítimo esposo a partir de hoy y, para toda la vida, seré Camelia D’ Rhys ante los ojos de Dios y de los hombres.—¡PorEl hombrecillo, al escuchar a Ariel, se ajusta de nuevo los gruesos espejuelos para enfocar su mirada, visiblemente confundido por la pregunta que le han hecho. Luego se incorpora y, con voz clara, se presenta.—Soy el Licenciado Carrillo, el notario encargado de casarlos. Disculpen la tardanza, me enredé, pero ya estoy aquí, ya estoy aquí —contesta con amabilidad, sin dejar de acomodar sus cosas en la mesa. —Continuemos con la ceremonia.—¿Casarnos? ¿Señor, nadie le informó que…? —pregunta Ariel, observando a todos confundido. Pero el notario lo interrumpe nervioso.—Sí, sí, me explicaron todo. Continuemos con la ceremonia —afirma seriamente, haciendo que Ariel mire a sus hermanos, que giran la cabeza como si buscaran a alguien, y luego levantan los hombros, indicando que no saben quién es.—¿Papá…? —lo llama, pe
Ariel no le contesta, levanta los hombros y le pide que confíe en su familia; que si dijeron que lo arreglarían, podía estar segura de que lo harían. La melodía de la canción preferida de Camelia comienza a sonar y ella observa a Ariel asombrada.—¿Cómo sabías? —pregunta con una sonrisa.—Tengo un pajarito que me lo dice todo —contesta mientras mira a Nadia y le dice gracias, en lo que besa a Camelia.Oliver se pone de pie junto a Félix con las copas en las manos. Mientras deciden quién hablará, pues no tienen nada preparado. Ambos son los mejores amigos de Ariel.—Buenas noches —comienza Félix—. Primero que todo, quiero felicitar a mi mejor amigo, desde la infancia, por hacerme uno de sus compañeros de vida. No diré mucho. Camelia, te llevas a un gran hombre, y tú, Ariel, eres um homem com sorte, meu amigo, enc
Luego, ella y su ahora esposo se alegran y miran, sintiendo que todo está bien. Que las tormentas han pasado y que, al parecer, podrán vivir felices y por fin casarse sin problemas de verdad.—¿Ese es el motivo por el que Mailen no dijo nada? —preguntó con curiosidad Camelia.—No solo por eso, mi cuñada —agrega Marlon—. Mailen no había dicho nada hasta ahora porque se casó estando casada todavía, así que cometió bigamia. Una razón que anula el matrimonio por completo.—¿Quiere decir que todo este sufrimiento y todo eso que hicieron ustedes fue por gusto? —pregunta Ariel. —¿Desde un inicio no era válido?—¡Exacto! Nos enteramos después de haber hecho todo. Ja, ja, ja… pero me satisface lo que hicimos, porque no hay forma de que te enreden de nuevo —habla abrazado a él Ismael,
El ambiente en el despacho se vuelve pesado. Gisela y Camilo se miran fijamente, como si se retaran. El senador Camilo Hidalgo hizo una mueca, visiblemente enojado por la confrontación con esta anciana que estaba decidida a defender a Camelia.—Cálmese, señora Gisela —le pide la señora Aurora, al ver que se tiene que aguantar de una silla—, deje que mi esposo y mi hijo lo resuelvan.—¡No, señor! —se niega Gisela, volviendo a enderezarse firme—. Es la vida de mi Camelia, no me moveré de aquí hasta que este señor me conteste. ¿Con qué derecho quiere destruir la felicidad de mi nieta? Porque, para que lo sepa, Ariel Rhys, su esposo, es el hombre que liberó a mi nieta del yugo en que vivió toda su vida, en manos de mi hijo, su mujer y su hermana.La anciana se detiene un momento, sujetándose el pecho, como si al pronunciar aquello le ocasion
Ismael, que tiene unos cuantos tragos de más y se siente eufórico por haber logrado lo que parecía imposible justo a tiempo, abraza a Sofía mientras le grita a su hermano de una manera teatral.—¡De luna de miel, mi cuñi, de luna de miel! —responde con alegría—. No te apresures, Ari, este es un regalo de todos nosotros, pero la idea fue de papá y mamá agregó cosas, ya la conoces.—Acaba de decir cuál es el regalo, Isma —lo presiona Ariel.—No…, no…, no…, le prometí a mamá que no te lo diría. Incluso íbamos a venir todos, pero no sé por qué cambiaron de idea —se niega Ismael, al igual que su esposa—. Ya estamos llegando, Sofía, tú haces el video para que lo vean todos después. Ari, mira por la ventana a la derecha, tú también, Cami.—&iques
Camelia comienza, ayudada por Ariel, a desvestirse. No deja de pensar en todas las emociones que ha sufrido en solo doce horas. Del cielo, bajó al infierno, pasando por el purgatorio y ahora está en el paraíso, se dice.—¿Por qué sonríes así, amor? —pregunta Ariel, deslizando despacio la prenda y besando suavemente su hombro desnudo.—Nada, amor. Pensaba en el día de hoy —contestó, recostando su cabeza en el hombro de Ariel.—¿Qué hay con él? Terminó muy bien, ¿no crees? —respondió Ariel, besando su cuello con suavidad.—Nos pasaron tantas cosas que todavía no sé si estoy soñando o he muerto y estoy en el paraíso —dijo, con los ojos cerrados, disfrutando de las caricias.—Disculpa, amor, por todo lo que te hice pasar. Te aseguro que definitivamente estamos en el paraí
Cuando se nace con un gran poder, donde cada persona a tu alrededor corre ante el más insignificante de tus reclamos, crecemos creyendo que siempre va a ser así, que todas las personas en el mundo deben obedecer sin chistar. Y ese era el caso de Camilo Hidalgo, hijo mayor de una familia adinerada, con gran poder dentro de la vida económica y política del país. Por tal motivo, se sentía que la vida había sido injusta con él y se encontraba molesto con el mundo, como si este le hubiese fallado.Se había licenciado con honores en Ciencias Políticas y, en la actualidad, fungía como senador. Uno muy respetado y que, según los conocidos, no le tenía miedo a enfrentarse a nadie, con excepción de su esposa Lirio del Castillo, una simple ama de casa de la que se había enamorado perdidamente, por la cual tuvo que luchar mucho.Primero, porque sus padres no la aceptaban por ser la simple cuidadora de caballos de su finca, que más tarde se graduó de veterinaria, y porque no era lo que se esperaba
Al ver que la noche avanzaba y Camilo no regresaba, la nueva sirvienta, pues sus amigos ese día habían tenido que viajar a ver a sus padres muy enfermos, se acercó a Lirio.—Señora, es mejor que se acueste —le dijo—, el señor quizás no venga hoy.La señora Lirio aceptó; había bebido unas copas de vino, por lo que avanzaba despacio en su silla de ruedas hasta el cuarto de su pequeña hija dormida y siguió para el suyo. Se acostó feliz y triste a la vez. ¿Cómo reaccionaría Camilo? Se preguntaba mientras se quedaba profundamente dormida. El roce suave de su hija la hizo darse cuenta de que se había acostado con ella.Abrió los ojos; eran las tres de la mañana cuando el sonido de algo que se caía y rompía llegó a sus oídos. Quiso salir, pero la sirvienta había colocado muy lejos la silla.—Clavel, Clavel —llamó desesperada a su hija—, despiértate, hija.—Dime, mamá —reaccionó la niña enseguida.—Rápido, trae mi silla y el arma que está en el closet. Escóndete después ahí, no salgas pase lo