TREINTA Y OCHO

...

La mirada de May Lehner en la clase del jueves era venenosa. William trató de pasarla por alto, pero era inevitable caer en sus ojos verdes, nublados por la rabia que sentía hacía él. Él nunca la había visto tan enojada y de forma tan obvia.

Al finalizar la clase, ella se levantó de un brinco y salió del aula sin dirigirle una sola mirada. William salió tras ella, pero se detuvo a mitad de camino, porque sería un error hacer algo en medio de tanto público. La contempló alejarse hasta que desapareció en una esquina. Que estúpido había sido dando una respuesta como esa. Bueno, tampoco se arrepentía de haberla encarado. Seguía convencido de que tenía algo con ese soquete de Wade.

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