Una embarazada poseída.

El trillizo estaba ahí observando a sus padres casi por salir.

— ¿Para donde llevas a mamá, papá? ¿Nos están abandonando y por eso es que van corriendo así? — El niño cruzó los bracitos algo molesto.

— ¿Cómo se te ocurren esas ideas tan absurdas Alexandro? ¡A tu madre le duele la barriga, la voy a llevar al hospital, esperamos aquí con tus hermanos, las niñeras van a cuidar de ustedes mientras volvemos!

— ¡No, yo quiero ir con ustedes, que tal si me quieren engañar para irse!

El CEO tomó aire, su obstinado hijo, el que lloraba cuando lo dejaban en casa, los había interceptado en plena sala de estar.

— Vas a quedarte en casa hasta que vuelva de llevar a tu madre al doctor, vas a obedecer o de lo contrario te voy a dar un castigo que te va a durar hasta los veinte años. Y te recomiendo que no me pruebes, Alexander.

La voz imponente del padre retumbó en la sala.

— Y... ¿Cómo a qué horas volverás, papá? — El astuto niño ya no quiso seguir haciendo enfadar a su padre.
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