NARRADOR OMNISCIENTEEl juez Arturo Pitt comenzaba a cansarse de la velada. Todo había salido tal como lo esperaba, así que, poco a poco, se despidió de cada uno de los miembros. Algunos llegaron con sus esposas, novias y amantes; sin embargo, sin duda alguna, había dos parejas que le llamaron la atención. Una de ellas le pareció especialmente interesante, y no precisamente eran un matrimonio: ambos estaban con distintas personas a su lado, pero él pudo percibir la intensa química que había entre ellos.—Muchas gracias por haber venido. Es bueno volver a verte en el juego, Winston —dijo mientras le daba una palmada en la espalda a Sebastián, quien, para ese momento, había visto cómo su enojo se difuminaba.—El que debe agradecerte soy yo. Después de todo, eres tú quien ha organizado todas las reuniones.—Solo lo mejor de lo mejor. Cuando me retiré, quise conocer qué clase de abogados tenía el país y estoy orgulloso de ver que se han formado hombres letales y leales a las leyes. Aunque
DEBBYMe encuentro inquieta; siento que mi corazón late desenfrenado. Mi instinto de supervivencia me obliga a despertar por completo, sintiéndome desorientada en el instante en que abro los ojos. Mi cerebro tarda en procesar y recordar los hechos de anoche; todo se me viene encima como un enorme balde de agua fría. Me incorporo, estudiando mi entorno con cautela. Estoy en la habitación del padre de mi hijo; dormí en su cama, solo que él ya no está a mi lado, algo que agradezco.Localizo mi vestido y me dirijo directamente al baño. Esta vez, me doy una ducha de agua fría para aclarar mis ideas y terminar de despertar. No puedo creer que esté bajo el mismo techo que el diablo, respirando su aire. Al salir de la ducha, busco un cepillo de dientes nuevo dentro de uno de los cajones, donde veo que guarda varias cosas en reserva. Cuando termino, me coloco el vestido y salgo de la habitación.Rezo por no encontrarme con Rupert, deseando que se haya ido temprano al bufete. Sin embargo, la su
RUPERTLa rabia incrementa cada vez que pienso en el nombre que dijo la rubia, mientras dormía, Mateo, ¿será su novio? ¿Alguien importante? No, no creo, Winston está interesado en ella, y de tener a alguien en su vida, él no lo permitiría, después de todo, nos conocemos perfectamente bien. —Maldita —murmuro.Observo los edificios adyacentes, recordando las palabras que me dijo hace una hora el detective que contraté, el adelanto que me dio, es que ella ha estado viviendo en Texas estos dos años, si hubiera querido encontrarla antes, lo habría hecho, pero Débora requiere de toda mi energía y atención, es una víbora de cuidado, el cosquilleo curioso de descubrir sus sucios secretos, hacen que le llame una vez más al detective. —Jones.—Cambié de opinión, quiero saber todo de Debby Hill, qué esconde en Texas con tanto recelo, y una cosa más —tenso la mandíbula—. Investiga quién es Mateo, quiero saber si es un hombre con el que folla ocasionalmente, o es más importante para ella, como
DEBBY—¿Te encuentras bien? Respiro profundo al darme cuenta de que he dejado de hacerlo, levanto la mirada y me encuentro con los ojos comprensivos y llenos de preocupación, de América, quien no ha dejado de observar a detalle cada uno de mis movimientos, mientras preparamos algo de café en la pequeña cocina del cuarto de hotel. —Sí —miento. Ella coloca la palma de su mano sobre la mía, es ahí cuando me doy cuenta de que estoy temblando, debo admitir que en estos momentos soy un cúmulo de emociones sin sentido, lo peor no es encontrarme de nuevo con el Diablo, sino, de estar lidiando ahora con esto, Sebastián se me abalanzó, me besó, es el segundo chico que lo hace, y no conforme con eso, me declaró su amor. Si estuviéramos en otra clase de situación, lo atribuiría a que estaba ebrio, pero no es así, él no es de los que se emborrachan hasta perder el conocimiento de sus actos, una de las grandes razones por las que no creí en su excusa cuando dijo que se había follado a Alma en s
DEBBYVer a Mateo de nuevo hace que mi pecho se hinche de orgullo. Debo admitir que, hasta eso, me salió hermoso. Por breves segundos, me olvido del infierno que estoy viviendo; incluso me olvido de la mirada asesina de América, quien ahora está del otro lado del sofá, viéndome hablar con Ana.—¿Todo bien, niña? —me pregunta en un tono cariñoso, casi como una madre hablando con su hija.—Sí —respondo a secas.Sus ojos marrones detallan mi rostro a detalle. A ella no se le escapa nada.—¿Y dónde está Sebastián? —se inclina hacia adelante, mientras Mateo se sigue inquietando al querer tocarme a través de la pantalla—. No lo veo por ninguna parte.—Está en su habitación de hotel.—¿Y por qué? Para estas alturas pensé que tú y él ya habrían pasado a dormir juntos.Mis mejillas se calientan; si supiera que el único hombre con el que he estado es el padre de Mateo, seguro se infarta.—Mmm, no.—¿Pasó algo entre ustedes? —achina sus ojos—. Lo puedo ver desde aquí en tu mirada; no tienes ese
DEBBYLa rabia de mi madre es tan palpable que asfixia; mis ojos arden al ver cada una de las fotos, trayendo recuerdos que dejé enterrados en el pasado. Mi madre lo sabe, ella está aquí, esto es real. Trato de convencerme de que no me estoy volviendo loca, pero el ardor de mi mejilla me regresa de golpe a la realidad.Levanto la mirada luego de recoger las fotos tiradas en el suelo; no quiero que las vea nadie. De hecho, mi necesidad de quemarlas es grande.—No puedo creer que te atrevieras a regresar a San Francisco —me hace a un lado, pasando sin una invitación.«Y yo no puedo creer que seas tan perra», pienso para mis adentros.Quiero correrla de aquí, pero si algo he aprendido en todos estos años de la mujer que me dio la vida es que con Minerva Hill se debe ir a tientas. Su mente es demasiado maquiavélica, capaz de formular los planes más siniestros para quitar a una persona de su camino, y esa soy yo en estos momentos.—También es bueno verte, madre —ironizo.Sus ojos me fulmin
RUPERTHORAS ANTESMinerva Hill es un maldito alacrán que pienso mantener a raya, una víbora aún peor que la misma Débora. A quien evité en cuanto salí temprano de la mansión; dormir bajo el mismo techo drena mi energía. Pero, aun así, no dije nada acerca de la rubia, no respondí a ningún cuestionamiento que me hizo sobre la especie de relación intermitente que tuvimos hace dos años. Aunque debo admitir que las fotos me trajeron recuerdos que estaba seguro había matado.—No pareces tener buena cara.Levanto la mirada; Bryce llegó a mi despacho hace dos horas, mismas en las que lo he estado ignorando. No se larga, así que dejo de lado la carpeta con el caso que estoy resolviendo.—Di lo que tengas que decir —demando.—No sé de qué hablas —me sostiene la mirada; es el único que lo hace. A los demás, mi presencia suele intimidarlos.—Has estado durante dos horas en silencio, solo viendo los edificios por la ventana. No estás aquí para ser mi guardaespaldas, así que dime lo que tengas que
DEBBYLa lengua de Rupert Jones está invadiendo mi boca. Maldición, no, esto no está pasando. No solo me ha desnudado a la fuerza, sino que ahora me tiene acorralada entre sus brazos. Es enfermo, retorcido; él está casado con mi prima, lo recuerdo, pero cuando su mano se enreda en mi cabello, tirando de él para pasar su atención a mi cuello, mi mente se pone en blanco.Soy incapaz de pensar en una salida. Respiro hondo. Lo peor es que mi cuerpo reacciona ante el suyo, ante sus caricias y voz, como si de verdad yo le perteneciera, cosa que no puede estar más lejos de la realidad. De pronto, levanta mi mentón; la oscuridad de su mirada verde me congela. Veo mi propio reflejo en el salvajismo de sus pupilas.—Saca la lengua —demanda.—No.—Hazlo.Trago grueso, hago lo que me pide. Rupert no pierde el tiempo y se la mete a la boca, mordiendo, succionando con fuerza. Él simplemente está besándome con la boca abierta, al tiempo que sus manos se deslizan por mi cintura, recorriendo mi espald