Capítulo 107

Un extraño escalofrío se apodera de mi cuerpo, inhalo y exhalo el humo del cigarrillo, provocando una imparable cortina de brumosidad dañina a mí alrededor. Tenso la mandíbula con tanta fuerza, que hasta mis dientes duelen, los recuerdos me golpean y las imágenes de lo ocurrido hace un par de horas me avasallan, dejándome ardido, dolido y con ganas de derramar sangre. Me aparto de todos, quiero estar solo, no he hablado con nadie y tampoco dejo que se me acerquen los hombres que cuidan mis espaldas, me mantengo firme en la terraza del maldito hospital, con la pistola en mano, con la grieta que se forma en mi pecho y las manos cubiertas por la sangre seca de Anelys.

Horas atrás...

El timbre del hospital me bombardea los oídos, cada que suena es p

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