El abismo de Viktor

La habitación era un santuario de silencio, iluminado por la tenue luz de la lámpara de la mesa de noche y el resplandor plateado de la luna que se filtraba a través de la única ventana. El aire frío se colaba por la abertura, trayendo consigo un escalofrío que se arrastró por la piel desnuda de Alina, erizándola como si respondiera al peligro latente en la penumbra.

Arrinconada contra el espaldar de la cama, se abrazaba a sí misma en un intento desesperado de preservar el poco control que aún le quedaba. Pero no podía engañarse. No estaba atrapada por la habitación ni por la cerradura de la puerta, sino por el hombre que la observaba desde la esquina de la cama. Su presencia era una sombra inamovible, una sentencia silenciosa dictada con cada respiro contenido entre ellos.

La mirada de Viktor era un abismo de furia y deseo insatisfecho. Sus ojos la desafiaban, exigían rendición, pero también ardían con una rabia contenida que teñía su piel pálida de un carmín febril. Sus labios estab
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