Alina despertó sobresaltada. La habitación en la que se encontraba era espaciosa, con un estilo minimalista que exudaba lujo y frialdad al mismo tiempo. Las sábanas de seda se sentían extrañas contra su piel, demasiado suaves, demasiado ajenas. Un ligero mareo la obligó a apoyarse en los codos mientras sus ojos exploraban el lugar. El lugar le resultaba conocido, tenía esa sensación pero el aturdimiento era abrumador. Entonces lo vio.Viktor estaba de pie junto a la ventana, con las manos en los bolsillos de su pantalón negro, observándola con esa calma inhumana que la ponía al borde del pánico. Su silueta parecía aún más imponente con la luz tenue que perfilaba cada una de sus facciones afiladas. No había duda de dónde estaba. Y eso la llenó de terror.—¿Dónde estoy? —su voz salió temblorosa, pero intentó mantener la compostura.Viktor se giró lentamente, como si no tuviera prisa en responder. Caminó hacia ella con pasos calculados y se detuvo al borde de la cama.—En un lugar donde s
Alina se estremeció cuando Viktor se incorporó y caminó hacia una mesa de madera oscura en el rincón de la terraza de la habitación, parte del pequeño jardín dispuesto en un espacio estratégicamente diseñado en las afueras de la habitación. Se movía con la misma gracia felina de siempre, una mezcla perfecta entre letalidad y control absoluto. Ella apenas respiraba, observándolo con recelo mientras él servía una copa de licor ámbar.Era su segundo día en la casa de Viktor después del rescate, y todavía no lograba recomponerse por completo de la experiencia vivida. Aún sentía los efectos de la sustancia que le habían inyectado, una letalidad que la mantenía en un estado de letargo impropio en ella. Su cuerpo, aunque descansado, se sentía extraño, pesado, como si todavía estuviera atrapado en aquella pesadilla. Un hombre al que Viktor le presentó como su médico personal había ido a verla en varias ocasiones durante esos dos días. Aquella misma mañana había estado con ella, revisando su e
Contando con que Alina estaba descansando, Viktor contemplaba el exterior desde la ventana de la sala de estar de su ático cuando su teléfono vibró en su bolsillo. La voz de Grison, su hombre de confianza, fría y calculadora como siempre, le transmitió la información que había estado esperando.—Hemos encontrado una pista. El hombre que ordenó el secuestro de Alina dejó un rastro. Es hora de actuar.La noticia lo estremeció. Sus músculos se tensaron y su mandíbula se endureció. No podía permitirse dudar. Se giró hacia la puerta de la habitación donde reposaba Alina. Caminó hasta ella y la abrió con cuidado para comprobar que ella aún dormía plácidamente en la gran cama, su silueta estaba iluminada por la tenue luz que entraba por las cortinas. Se había asegurado correr las cortinas minutos atrás cuando volvió y la encontró sumida en un sueño profundo. Ingresó en silencio a la habitación. Por un instante, contempló su fragilidad, su respiración acompasada, y un atisbo de algo desconoci
La penumbra envolvía la habitación con una falsa sensación de intimidad. Las cortinas gruesas filtraban la luz de los faros del jardín, dibujando sombras en las paredes de terciopelo oscuro. Alina estaba sentada en el extremo del sofá de cuero negro, con las manos sobre su regazo, los dedos entrelazados con demasiada fuerza. Sentía el latido acelerado de su corazón en la garganta, pero se obligó a mantener la compostura. Debía mostrarse tranquila. Si quería salir de aquella jaula de oro, debía jugar bien sus cartas.La sensación de derrota aún pesaba sobre ella. Desde su intento fallido de escapar y al darse cuenta de que estaba sola, se había refugiado en la habitación, abrazando la desesperación que la asfixiaba poco a poco. Sumergida en sus pensamientos, las horas pasaron sin que lo notara, hasta que un sonido rompió el silencio del ático.El estruendo de la puerta principal al cerrarse de golpe la hizo sobresaltarse. Un escalofrío recorrió su espalda. Si había algo que sabía de Vi
El aire en la habitación se volvió espeso, cargado de una tensión insoportable. Viktor la observaba con una intensidad que la paralizaba, con ese brillo oscuro en los ojos que la electrizaba, uno que nunca antes había visto tan descontrolado. Alina sintió su piel arder bajo su mirada, haciéndola sentir una mezcla de miedo y algo más vibrando en sus venas.Para ese momento vestía solo la lencería que había quedado expuesta tras haberle arrancado la camisa y el short de tela que simulaba el jean que llevaba puesto, y la vulnerabilidad de su estado no hizo más que encender algo primitivo en Viktor. Algo que llevaba demasiado tiempo conteniendo.La rabia lo consumía, ardía en su interior como un incendio imposible de sofocar. No haber podido acabar con el hombre que se atrevió a desafiarlo al ordenar el secuestro de Alina lo atormentaba, era una herida en su orgullo que exigía ser sanada con sangre. Pero, en lugar de canalizar esa furia con violencia, su instinto lo llevó hacia ella.Alin
Sin necesidad de palabras, la hipnotizó. La atrapó en la intensidad de su mirada, obligándola a hundirse en el azul profundo de sus ojos, a un abismo de deseo insaciable que la envolvió sin escapatoria. Alina sintió cómo el control se le escapaba, cómo su cuerpo respondía a él de una manera que jamás había experimentado. Su respiración se volvió errática cuando la mano de Viktor se deslizó con una posesión absoluta hasta su pecho desnudo, rozándolo con la suavidad de una caricia inicial, un roce que apenas anticipaba lo que estaba por venir.Sus dedos comenzaron a trazar círculos lentos y calculados alrededor de su aureola, enviando oleadas de placer a través de su piel. Era una sensación nueva, abrumadora, algo que jamás había sentido en su vida. Su cuerpo reaccionó de manera instintiva, sin que su mente pudiera procesarlo, obligándola a arquearse hacia atrás. No pudo sostenerle la mirada; no por miedo, no por rechazo, sino porque su propia carne se rendía ante él. Cerró los ojos, y
¿En qué momento perdió la conciencia de su nueva realidad?No supo. Todo sucedió demasiado rápido, demasiado intenso, demasiado abrumador. Viktor no le concedió un instante de tregua, no le permitió detenerse a pensar en lo que ocurría, en lo que él le estaba arrebatando. La devoró con su deseo, la poseyó como si fuera suya desde el principio de los tiempos. Como si ella jamás hubiera tenido elección.Ahora, al despertar, sentía que algo dentro de ella se había roto.Abrió los ojos y se encontró con la oscuridad de la habitación. Las gruesas cortinas bloqueaban la luz de la mañana, aislando el cuarto del mundo exterior. se sintió asfixiada. Daba una sensación de cautiverio, sombra y de pertenencia. Todo en ese entorno le recordaba que su destino ya no le pertenecía.No recordaba en qué momento se quedó dormida. Solo fragmentos de sensaciones difusas acudían a su mente: orgasmos, placer, arrebato, su lengua por su cuerpo, sus ojos observantes a sus reacciones, su risa demoniaca y de sa
Dos días con sus noches habían transcurrido desde aquella primera vez, y Alina seguía sumida en una espiral de frustración y rabia. Se sentía atrapada, prisionera de una vida que nunca había elegido. Su enojo no solo estaba dirigido hacia Viktor, sino también hacia sí misma por la impotencia de su situación. La opulencia que la rodeaba contrastaba dolorosamente con el vacío que crecía en su interior, un abismo que parecía no tener fin.Viktor había impuesto su voluntad sin margen para la negociación. La obligó a mudarse a la habitación principal, a rodearse de su esencia, a usar sus sudaderas impregnadas de su loción. El aroma, amaderado con toques de bergamota y cuero, no le resultaba desagradable, de hecho, su olfato lo encontraba casi reconfortante, pero lo que la enfurecía era la imposición detrás de cada uno de sus gestos. No había opción en su mundo, no había espacio para dudas o concesiones. Él decidía, él dominaba, él poseía. Y Alina no tenía más remedio que soportarlo.Sus ca