6: Lagrimas amargas

En el callejón que daba al bosque, luego de que Seth y Lilly ya se habían ido, Amelia, escondida detrás de una roca, soltó un bufido desganado al tiempo que se secó las lágrimas con el dorso de sus manos, estaba tan absorta de sí misma que ni siquiera notó cuando comenzó a llorar.  Se levantó de la roca con las piernas entumecidas, se sacudió el musgo que se le había pegado en sus rodillas, para luego prepararse para regresar a casa. Pero justo cuando salió de la sombra de la roca, bajo la luz de la luna, una voz joven sonó detrás de ella saliendo de la oscuridad del denso bosque.

—No quiero ser entrometido… Pero, parece que tú eres la otra protagonista en esa conversación, ¿Cierto…? —Comentó un joven apuesto y musculoso que saltó desde un árbol con ramas frondosas.

—¿Qué? ¿De qué hablas? Yo no… ¿Qué conversación? —Farfulló ella confundida por su repentina aparición, intentando ocultar los secretos de la manada, pero ella era pésima mintiendo y su torpe intento por hacerlo solo empeoró la situación, despertando aún más la curiosidad del joven lobo.

Al darse cuenta de su metida de pata, Mia decidió ignorar la presencia del misterioso oyente y comenzó a caminar hacia el callejón para regresar hacia su casa.

—¿A dónde vas? ¿Tus padres no te enseñaron modales? Te estoy hablando. —Masculló el joven siguiéndola rápidamente. —Te conozco, eres la Luna de la manada Blood Moon, Amelia, ¿Verdad? Te vi al inicio del festival de recién…

El chico finalmente la alcanzo, rodeándola con astucia y se plantó ante ella observándola con atención.

—Mi nombre es Lukas. Soy el alfa de la manada Storm. —Anunció. —Es un placer conocerla… —Bisbisó encendiendo sus ojos, mientras se pegaba más a ella, invadiendo su espacio personal. —Tal parece que no estás muy sorprendida por ser traicionada por tu querido alfa, ¿Eh?

Amelia dio un paso atrás, poniendo su mano en el pecho del joven para alejarlo. Ella conocía esa manada, un pequeño clan asentado cerca del bosque de Blood Moon, con menos de cien miembros. Por eso, asumió que el Alfa de esa manada no representaba una gran amenaza.

—Eso no es de tu incumbencia, hazte a un lado, tengo cosas que hacer; la ceremonia está por terminar, y deberías regresar a tu propia manada. —Espetó para luego evadirlo.

Ella, sin mirar atrás, se alejó rápidamente, dejando al joven Alfa mirando su espalda con interés, como si observara a su próxima presa huyendo de él.

M*****a traición, sacrificio que solo lleva el título de Luna. Lukas siempre se había interesado por el secreto de la longevidad de la manada Blood Moon, y ahora, finalmente, había obtenido una pista.

Al llegar a casa, la celebración ya había culminado y la gente estaba regresando a sus casas. Amelia entró a la casa con paso apresurado, manteniendo su cabeza a gachas para que nadie la viera llegando y no la molestaran. Con solo abrir la puerta de su habitación se encontró con un Seth que la esperaba ansioso y preocupado por su ausencia.

—¿Dónde estabas? ¿Por qué te fuiste sin avisar? ¡Estaba preocupado por ti! —Farfulló el pelinegro enfrentándola. —¡Te pedí atentamente que cuides de nuestro hijo! ¡No debes andar por ahí sin supervisión! ¡Tienes que descansar, dormir bien, acostarte temprano y no caminar demasiado! —Farfulló, lo que parecía una reprimenda, más que una recomendación.

Amelia no pudo evitar recordar la conversación que había escuchado entre él y Lilly en el callejo que da al bosque, así que hizo caso omiso y lo evadió para tumbarse en la cama. Finalmente, ya recostada, no pudo contener sus palabras e interrumpió el sermón de Seth.

—¿Estás cansado? —Interrogó ella. Conteniendo el desprecio que ahora sentía en su interior.

Seth de inmediato guardó silencio por un par de segundos que parecieron eternos y luego decidió camuflar su “preocupación” con su clásico amor fingido.

—Mi amor, solo intento cuidarte. —Musitó acostándose a su lado.

—Me cuidas todo el tiempo, estás protegiéndome las veinticuatro horas del día. Loco por criar al hijo que yo daré a luz. ¿No te cansas de todo esto?

Seth enmudeció por la impresión generada por sus palabras, estaba desconcertado, de pronto sentía una alarma que lo alertó. Algo no estaba bien y debía actuar rápido. “¿Acaso ella ya sabía el secreto que le había estado ocultando?” Pensó, pero luego se convenció a sí mismo, no podía ser posible. Amelia era solo una mujer tonta y estaba obsesionada con él. El secreto de la familia nunca había salido a la luz, no había forma de que lo supiera.

—La celebración de esta noche fue agotadora. —Comentó Seth, luego de dar un suspiro fingido, cambiando de tema. Luego la abrazó con fuerza y enterró su cara en el cuello de ella.

Mia apretó los labios para contener sus palabras, mientras que él frotaba su nariz con su cuello, dándole más cariño, el tono en la voz de Amelia le causaba inquietud, pero no podía dejar que ella lo notara. De repente, inhaló profundamente y entonces lo percibió. Amelia tenía el aroma de otro lobo.

—¿Con quién te encontraste esta noche? —Preguntó Seth, levantando la cabeza con el ceño fruncido, ahora su tono era frío y amenazante.

—Después de que te fueras, recibí a algunos Alfas de las manadas vecinas que asistieron a la celebración, probablemente fue entonces cuando me quedé con el olor. —Respondió Mia, con una actitud algo distante.

Si Seth proclamaba que la despreciaba tanto, lo mejor sería que ella mantuviera algo de distancia. Después de todo, ya estaba embarazada. Solo necesitaba esperar unos meses y ser llevada al altar de sacrificio. Entonces, su misión y propósito estarían cumplidos, su deuda estaría saldada y tanto ella como Seth estarían es paz.

Seth, molesto por la actitud de Amelia, se sintió algo irritado. Pero tenía que admitir que la celebración lo había dejado agotado, y la verdad es que él la había dejado sola para ir a ver a Lilly. Pensó que, si mostraba algo de cariño y decía algunas palabras dulces, Amelia volvería a entregarle todo por el amor ficticio que él le mostraba. Sin embargo, antes de que él pudiera intentar reparar las cosas, su teléfono sonó. Era Lilly. Tal vez su charla de esa noche la había dejado inquieta y estaba pidiendo verlo.

Colgó el teléfono y miró a Amelia con algo de incomodidad.

—¿Era Lilly? —Preguntó Mia con calma. Ella nunca antes había mencionado el nombre de Lilly antes, ya que era un secreto que Seth había pedido que ambos mantuvieran.

—Sí, es ella. Pero no malinterpretes las cosas, ella solo me llamó porque tiene un asunto urgente por resolver y necesita mi ayuda…

—Está bien, ve, yo les diré a los demás que surgieron algunos pendientes en el trabajo y debiste ir a atenderlos. —Musitó ella sin inmutarse, con la mirada fija en el techo.

Sigue leyendo en Buenovela
Escanea el código para descargar la APP

Capítulos relacionados

Último capítulo

Escanea el código para leer en la APP