Capítulo 2.

NICKOLAS BLAKE 

—No puedo creer que tu abuelo te pida eso —veo a Kiara, servirme otro trago—. ¿Sabes que eso será un problema en nuestra relación?

Respiro profundo para no perder la cabeza.

—¿Nuestra relación? —pregunto sin dejar de verla.

—Venga, Nick. Sabemos que somos algo más que folla-amigos —se sienta a mi lado, toca mi hombro—. ¿Por qué no nos casamos tú y yo?

Abro los ojos como platos. La veo como si se hubiese vuelto loca.

—Mujer, ¿acaso perdiste la cabeza? —me levanto del sillón, sin poder creerlo.

—Nick, pero no es tan descabellado —viene hacia mí. Toma mi rostro entre sus manos—. Amor, así te quitarías a tu abuelo de encima. No tendríamos que vernos en mi departamento a escondidas de la prensa.

Respiro profundo. Tomo sus manos y las quito de mi rostro.

—Kiara, no me pienso casar. Ni contigo ni con nadie. —asevero. Su rostro se contrae, pero eso no produce nada en mí—. Además, ¿Qué son esas tonterías que estás diciendo?

—Amor, pero piénsalo.

Niego con la cabeza. Me termino mi bebida de un solo trago.

—Nick, no te vayas— me pide al notar que voy en dirección a la salida de su departamento.

Me voy, pensé que aquí encontraría un poco de paz, pero está visto que todos quieren verme perder la cabeza.

KATHERINE PRIOR.

Cuando papá llega en la tarde, todo está listo. La casa impecable, los aperitivos, el café, el postre, la cena, todo está listo.

El salón principal está de punta en blanco, al igual que la sala del comedor.

—Vayan a bañarse chicas, nuestros invitados están por llegar.

—¿Nuestros invitados? —frunzo el ceño—. Los invitados de papá serán…

Mamá respira profundo.

—Katherine, que no te escuche tú padre o va a encerrarte —me dice con voz suplicante.

Asiento.

Solo por ella.

Me voy con mis hermanas a nuestra habitación a prepararnos. Kendra no deja de parlotear sobre un nuevo chico que conoció por internet. Si padre la escuchase estaría azotando su espalda por deshonrosa. Zahira le pide que le baje a su efusividad porque pueden escucharla y estará en serios problemas.

—¿Crees que papá consiga el préstamo? —me susurra mi hermana mayor. Me la quedo viendo…

—Sinceramente… no sé, de papá se puede esperar cualquier cosa —le digo mientras rocío mi cuerpo con crema humectante—. Las personas de hoy deben ser muy importantes para estar, así como un maniaco con el orden y limpieza de la casa.

—Escuché cuando le decía a mamá que eran personas con mucho dinero y que más le vale que no arruináramos esta oportunidad —pego un respingo ante la voz de Kendra, ¿Qué tanto habrá escuchado? —. No me vean así, sé que tenemos problemas financieros por las malas decisiones de papá, sé que se gastó toda nuestra fortuna en juegos de azar y para tapar su error, lo achaca nuestros estudios y todo lo que nos ha dado.

Mi hermana mayor le dice que no repita eso y mucho menos frente a mamá, o pondrá un peso más sobre sus hombros. Las tres terminamos de arreglarnos, esperamos que padre o madre nos llamen para bajar a la cocina.

Media hora después está el llamado. Bajamos las tres y padre nos ordena en fila, una al lado de la otra. Su voz autoritaria atemoriza a mis hermanas, las hace sentir a todas sus peticiones, yo me mantengo en silencio y analizo sus palabras.

¿Por qué tengo un mal presentimiento?

¿Qué estas planeando Caleb Prior?

Las instrucciones son claras.

Madre saldrá con él a recibir a los invitados, acompañado de mis hermanas, yo me mantendré en la cocina supervisando que la cena esté caliente para el momento de servirla aparecer con una sonrisa radiante en el rostro.

Verifica

—Katherine, como arruines la comida, ya verás…

—Sí, padre, ya veré —se me escapan las palabras antes de siquiera pensarlas. Tanto mi madre como mis hermanas se ponen pálida.

—¿Qué has dicho insolente? —pregunta, enfurecido a escasos centímetros de mi rostro.

Por obra divina o de Dios, su móvil suena. Ve la pantalla, respira profundo y nos dice.

—Han llegado —nos ve a cada una, señalándonos con su dedo índice—. Cada una sabe lo que tiene que hacer.

Suspiro.

Me quedo sola en la cocina, con miles de pensamientos. Esto se me hace tan extraño. No es la primera vez que vienen personas de dinero a casa, pero padre nunca se ha comportado tan estricto como hasta ahora.

Por otro lado, mi cabeza está en el préstamo que debe obtener mi padre, debe hacerlo cuanto antes o el banco nos embargará. Quedaremos en la calle y todo por su culpa…

Inhalo y exhalo.

Ahora no es momento de pensar en cosas negativas.

Verifico que todo esté en orden. Agarro un banco y lo coloco cerca de la puerta para poder escuchar. No sé cuanto tiempo pasa, pero a medida que transcurre me pongo nerviosa, papá no está teniendo éxito en su negociación y es entendible, si yo fuese la parte contraria, revisaría minuciosamente cualquier cosa antes de hacer tratos con Caleb Prior.

Mi madre y mis hermas entran a la cocina en busca de los primeros aperitivos de la noche. A Zahira las manos le tiemblan, me acerco a ella y le pregunto si se encuentra bien. Me lo afirma con la cabeza, pero sé que no es así.

Se van, dejándome sola nuevamente.

Sigo escuchando. Elogian a mamá por los aperitivos, porque los hizo mezclando las dos culturas, la de ella y la de padre.

Mamá nació en Turquía y se crio bajo las estrictas reglas de mi abuelo, luego viajaron a los Estados Unidos, donde conocieron a mi padre, mi abuelo se la dio en matrimonio y aquí se quedó. Salió de una tortura para entrar en otra aún peor.

Frunzo el ceño al escuchar una voz que se me hace vagamente familiar.

Las negociaciones siguen. Mamá y mis hermanas vuelven a la cocina por las bebidas. Yo me aseguro de que la cena se encuentre en perfecto estado, ni muy fría, ni muy caliente. En cualquier momento se requerirá mi presencia.

Me quedo atónita cuando escucho a padre decir:

—Te ofrezco una de mis hijas en matrimonio —Mi corazón se paraliza y luego palpita rápidamente, ¿qué demonios acaba de decir Caleb Prior? —. Tanto ustedes como yo, saldríamos beneficiados.

—Disculpa Caleb, pero no veo como nosotros saldríamos beneficiados en un trato así —le dice una voz gruesa. A pesar de no estar en la sala, puedo sentir la tensión en el aire. No quiero imaginar como han de estar mamá y mis hermanas.

La risa de papá eriza mis vellos corporales.

—Vamos Owen, nosotros también vemos las noticias —a este punto… no sé ni como estoy respirando—, leemos los diarios. Ustedes también tienen un problema, uno que… —toma una pausa. Puedo jurar que está viéndose la mano izquierda donde porta el reloj de oro que el abuelo le regaló— deshonraría su familia si no atan al chico d una vez por todas.

Silencio. Silencio. Y más silencio.

No sé si los Blake están considerando esa oferta, pero ruego para mis adentros que no.

—Caleb, ¿estás seguro? —le cuestiona otra voz gruesa.

—Claro que estoy seguro, tengo tres hijas hermosas, jóvenes y que darán muchos hijos si ustedes lo desean —la repulsión me invade. Que tonta fui al creer que padre nos guardaba algo de cariño, obviamente que no, eso solo sucedería en mis más turbios sueños—. Ya conocen a dos de mis hijas, Zeyned, cariño ve por Katherine.

Siento que me ahogo.

No.

Esto no está pasando, no está pasando. No lo puedo creer. No y mil veces no.

No me van a mostrar como si fuese un ganado.

Madre llega a la cocina, con la mirada me pide que salga y haga caso a todo lo que padre dice. Una lagrima traicionera sale de mis ojos. Ella me la limpia.

—Tranquila cariño, estarás bien. —deposita un beso en mi frente.

Respiro profundo antes de salir.

Al llegar a la sala todos me observan, me siento como un mono en un circo. Tengo sobre mí tres pares de ojos.

—Mi hija, Katherine, es la segunda —muerdo el interior de mis mejillas para no explotar—. Sabe cocinar, coser, atender un hogar y habla cuatro idiomas: inglés, español, turco e italiano. Toda una prodigio. Todas mis hijas lo son, además tienen conocimientos en la cosecha de las uvas para la preparación de los vinos —se acerca a Zahira— ella es la mayor y ella es la menor —añade dándole un beso en la mejilla a Kendra, quien empuña sus manos detrás de ella.

Papá nos pone en fila para que saludemos a los dos señores de cabello canoso y al hombre joven que me mira con el ceño fruncido. Su cara se me hace conocida. Tal vez porque es una familia muy prestigiosa en el país lo vi en algún diario.

Mis hermanas se presentan y luego es mi turno.

—Katherine Prior —trato de no ser descortés, pero el gesto en mi rostro me delata.

—Soy Owen Blake —extiende su mano. Todo en él exuda poder y dinero—. Él es mi hermano Sebastian y él mi sobrino Liam Blake. —el mencionado dibuja una sonrisa que me parece burlona en sus labios. Sin poder controlar los gestos de mi rostro, levanto la ceja.

—Encantada de conocerlos —murmuro solo por… cortesía. Vuelvo al lugar de mi padre.

Se hace un silencio tenso. De reojo veo a mis hermanas, me piden que mantenga la calma, pero sé que están nerviosas igual que yo.

—¿Cuál de las tres quieren? —explayo los ojos y mijo mi mirada en cualquier punto que no sea el rostro de nuestros invitados o explotaré.

Liam se acerca a su tío, le murmura algo al oído, este asiente.

Joder… siento que voy a desmallarme. Clavo las uñas en las palmas de mis manos para mantenerme consiente.

—Caleb, debemos sentarnos a entablar las bases de esta unión y de nuestros negocios —habla Owen, dirige su mirada a Zahira, respiro profundo, creyendo que salí de peligro, pero el mundo se me hace chiquito cuando su vista queda en mí—. Pagaremos tus deudas al banco, invertiremos en tus tierras para que retomes la producción de vino, a cambio, obtendremos un porcentaje del 40% de las ventas.

Mi corazón galopa.

—Un 30% te acepto —negocia papá.

El señor Owen se ve con su hermano. Este sonríe.

—Un 40%, Caleb —la voz severa del señor Sebastian no da lugar a más concesiones—. Lo tomas o lo dejas, nosotros tendremos más que perder si la cosecha no da los frutos esperados, si no sabes administrar eficazmente y escatimar en gastos.

Papá termina aceptando.

—Tomaremos a Katherine Prior en matrimonio —el nudo en mi garganta me impide respirar cuando esas palabras son pronunciadas por Owen Blake.

Mamá se lleva las manos a la boca. Zahira y Kendra me ven con lastima y papá, papá está que me pone un lazo y me envía con estas personas hoy mismo.

—Estoy de vuelta —dice una voz a mis espaldas, sobresaltándome—, ¿de qué me perdí?

Volteo en cámara lenta a verlo. Abro mis ojos lo más que puedo al reconocerlo.

No… esto debe ser una broma. Un sueño.

—Nickolas, muchacho, conoce a tu esposa —quiero vomitar al escuchar la voz de mi padre—. Katherine, cariño, te presento a Nickolas Blake, tu esposo.

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