Casada por Obligación
Casada por Obligación
Por: Rosanny Fermín
Capítulo 1.

Martes, 1 de octubre de 2024.

Katherine Prior.

Los gritos en la cocina me despiertan, sobo mis ojos mientras veo el cuerpo de mi hermana menor, sigue dormida a pesar de los lloriqueos de mamá y mi hermana mayor.

Siempre le he rezado a un Dios para que nos quite la miserable vida que llevamos viviendo desde que nacimos, pero parece que no existe. Porque si existiese, no tuviera que ver cómo mi madre es abusada constantemente por mi padre, como mi padre nos maltrata cada que quiere algo y no salen las cosas como él lo desea, no tuviéramos que ver como padre llega borracho y descarga su ira con mi madre.

Respiro profundo al escuchar mi nombre.

—¡Katherine Prior! ¡Ven inmediatamente!

Me levanto como un resorte de la cama, me pongo las pantuflas, me preparo psicológicamente para lo que me espera.

En la cocina está mi madre con la cara hinchada, la mano de papá adorna su piel blanca. Mi hermana mayor se mantiene con la cabeza gacha y las manos hacia atrás. Los ojos de padre se dirigen a mí con rabia.

De sus tres hijas, soy la que no ha podido “domesticar” del todo.

—Ayudarás a tu madre a preparar la cena —ordena levantando el dedo índice de su mano derecha —, esta noche tenemos una visita muy importante… espero que no lo arruinen o lo pagarán muy caro, juro que lo harán.

—Sí, padre —respondo con voz monótona. Entrecierra sus ojos, analizando si hay desobediencia en mis palabras.

—Maquillarás a la tonta de tu madre para que no se le note ningún defecto en la cara —asiento. Por el rabillo del ojo, noto como mi hermana mayor aprieta sus manos en puños —. Saldrás con Zahira en este momento para que hagan el mercado, luego vuelven a casa inmediatamente… más les vale o pagarán caro su desobediencia.

—Entendido, padre —responde mi hermana mayor.

—Zeyned, —le habla a madre— cuando Kendra despierte, la pones a pulir el piso. Que se vea el reflejo de mi figura.

Las tres asentimos.

Papá camina en dirección a la salida, parece recordar algo, porque se voltea y dice:

—Todas deben estar bien arregladas, esta noche vendrá gente de dinero y si me llegan a dejar en vergüenza…

Evito poner los ojos en blanco, “lo pagarán muy caro, juro que lo harán”. Termino la frase en mi mente.

Padre sale de la cocina, corro al lado de mamá a inspeccionarla. Su mirada grita muchas cosas que no es capaz de vocalizar. Esta es una de las razones por las cuales no quiero casarme, pero sé que será inevitable llegado el momento. Nosotras lamentablemente hacemos lo que padre dice, a pesar de ser mayores de edad y de no vivir tan arraigadas a las tradiciones de mamá.

—Vayan cariño, no hagan enojar a su padre. —nos pide nerviosa. Una lágrima la traiciona, se desliza por su maltratada mejilla. Mi hermana mayor se la limpia depositándole un beso.

—Algún día seremos libres —susurra para que solo escuchemos nosotras.

—Zahira…

—Tranquila madre.

Una soñolienta Kendra aparece en la puerta de nuestra cocina, levanta su ceja cuando nos ve alrededor de mamá.

—Tendremos visita esta noche, así que te toca pulir los pisos —le explica mi hermana mayor—. Kate y yo saldremos, procura hacerlo temprano Kendra para no hacer enojar a papá.

Mi hermana menor buja…

—Por favor, como si eso se pudiese evitar… papá no necesita un motivo para enfurecer.

Mi hermana mayor se va a preparar el auto para ir al supermercado más cercano, yo voy a nuestra habitación a arreglarme para salir.

Treinta minutos después, Zahira estaciona en la academia de baile que suele venir cuando papá no está en casa.

—Prometo no tardarme, solo voy a entregarle unos papales a mi profesora, ¿Ok? —la veo alzando mi ceja… como si le creyera, esto… ya me ha pasado otras veces.  Bajo del coche.

—Camina, no estaré esperando una hora en el coche.

—Gracias Kate, eres mi hermana favorita —dice dándome besos en la mejilla. La miro con una sonrisa.

—Que no te escuche Kendra, y ten por seguro que te recordaré estas palabras cuando necesite un favor de ti…

Las dos caminamos al lado de la otra, al entrar a la majestuosa construcción, Zahira se va a unas oficinas mientras yo voy a uno de los salones que encuentro vacíos.

No sé por qué… pero me gusta venir, verme en el enorme espejo y perderme en la música. Dejar que mi cuerpo se lleve y exprese lo que siente.

Eso hago.

En el móvil reproduzco una canción de Sia. Cierro mis ojos, me dejo llevar. Muevo mis manos y pies al ritmo de la canción, dejando salir todo ese dolor que mantengo oculto de mamá y mis hermanas. Dejo salir todo ese resentimiento contra mi padre.

Finaliza la canción y comienza otra. Sin abrir los ojos sigo bailando hasta que… un olor masculino inunda mis fosas nasales, voy a detenerme, pero me tropiezo con mis propios pies.

«Vaya Katherine, ya te avergonzaste».

El calor de una mano rodea mi cintura, evitando que caiga estrepitosamente, mi cuerpo inmensamente reacciona erizándome la piel. No hay tela que cubra donde colocó su mano, abro los ojos.

De pronto la respiración se me esfuma. Me quedo atrapada en un par de ojos negros como la noche, me da una sonrisa pícara que deja ver si blanca dentadura, un ratito de barba y un lunar cerca de su mentón.

Todas sus facciones son un cóctel afrodisíaco para cualquier mortal.

Es… es…

«Respira Katherine». Me recuerda mi subconsciente.

Inhalo y exhalo, sin dejar de verlo.

—Lo… lo lamento —tartamudeo y quiero irme de bruces contra el piso, ¿No tenía algo mejor que decir?

El chico me suelta, escanea mi cuerpo de arriba a abajo, sintiéndome un poco cohibida.

—Tranquila, estoy acostumbrado a que todas caigan por mí.

¿Qué?

La burbuja en la que estoy se ve pinchada por el egocentrismo de él. Todo lo que me apareció atractivo se ve desdibujado por si actitud.

«Vaya, no es más que un niño rico». Añado para mis adentros al notar su vestimenta.

Frunzo mi ceño.

—Ya quisieras que fuera por eso —le gruño, tomo mi teléfono, lo rodeo para irme, de seguro Zahira ha de estar buscándome.

—¿Me dirás tu nombre? —una sonrisa de suficiencia se dibuja en su rostro, mientras que una malvada se dibuja en el mío.

—No has hecho nada para merecer tal privilegio. —añado con chulería, si él es egocéntrico, yo puedo ser mil veces peor.

—Venga… todas caen a mis pies, y tú no serás la excepción.

—Pues mira, como lo soy, guapito —salgo del salón ante la carcajada del hombre que estaba recostado en el marco de la puerta.

—Kate, ¿Qué hacías? —me pregunta mi hermana cuando llego hasta ella.

—Estaba… estaba bailando unos minutos mientras te desocupadas.

Asiente.

—Vamos antes de que se nos haga tarde, hoy tenemos trabajo Katherine.

Dos horas antes.

NICKOLAS BLAKE.

Bostezo mientras me sirven el desayuno, están todos en la mesa, como todos los días desde que tengo uso de razón. Mi abuelo ha de estar por bajar, y no me equivoco al verlo caminar hacia mi con un diario en mano.

Nos ponemos todos de pie. Respingo cuando me lanza el diario al pecho.

 —¡NICKOLAS! —exclama furioso—. ¿Qué demonios significa esto?

Tomo el diario que ha caído en mi plato.

Maldición…

Hay una foto mía en la portada, rodeado de varias mujeres y un escandaloso titular.

“Una vez más el menor de la dinastía Blake, da de que hablar.

La noche de ayer el nieto del poderosísimo Arthur Blake fue visto en un bar, en una situación nada honorable, rodeado de mujeres jóvenes. Todas con la esperanza de ser la seleccionada por el joven millonario para pasar una noche de las que está acostumbrado Nickolas Blake.

Tal parece que no todo lo que brilla es oro en la familia Blake.

Una dinastía caracterizada por hombres íntegros, con el lema de honor, pero ¿es honorable el comportamiento del joven millonario? ¿Es digno de portar el apellido Blake? ¿O no es más que una oveja descarrilada?”

El grito del abuelo me hace tragar grueso. Está vez me lanza el teléfono, que todo en el aire.

Otros titulares.

“El chico de Oro lo ha vuelto a hacer”.

“Nickolas Blake es visto nuevamente en actitudes nada honorables”.

“¿Es Nickolas Blake la oveja negra de la poderosa familia Blake?”.

—¡Owen! ¿Cuándo vas a aprender a educar a tu hijo? —mi abuelo va a u sitio, encabezando la mesa, mientras todos se mantienen callados con la cabeza abajo, veo a mi padre respirar profundo—. ¿Cuándo este chico dejará de deshonrar a nuestra familia?

Me aclaro la garganta.

—Puedo…

—No puedes un carajo —me interrumpe iracundo—. No vas a decirme las mismas mentiras, se acabó las contemplaciones contigo.

—Abuelo…

—¡Te casarás! —exclama dando un golpe a la mesa, dejando a todos atónitos.

Veo a mis padres, sorprendido, pido su ayuda con la mirada, pero sé que es inútil, primero se cortan un dedo que ir en contra del abuelo.

—Ava, Madison, buscarán una joven digna de portar nuestro apellido y la casarán cuanto antes con este imbécil —mi madre y mi tía asienten, las veo, sintiéndome traicionado —. Aprenderás a ser un hombre de familia, Nickolas, o por las buenas o por las manos.

Se levanta de su lugar, y se va de sin siquiera probar bocado.

Me quedo sentado sin poder creer su última orden, debe ser una broma. ¡Claro que sí! ¿Yo? ¿Casado? Pff… ni en mil sueños.

El móvil en ese momento me vibra.

Kiara: ¿Nos vemos en mi departamento en tres horas?

Instantáneamente respondo que sí.

Necesito despejar mi cabeza. Necesita un trago o juro que perderé la cabeza.

—Nick, necesito hablar contigo, pero antes debo pasar por la academia de baile de Caroline. —me llama Liam, mi primo.

—¿Tiene que ser urgente? —pregunto con fastidio.

—¡Nickolas! ¿No has entendido lo que acaba de pasar? —cuestiona mi padre enojado—. Si Liam te dice que debe hablar contigo, haz caso por una vez en tu vida joder, y deja de cagarla. Esta noche tenemos una cena de negocios y vendrás con nosotros.

Muerdo el interior de mis mejillas. Mi madre y tíos me ven decepcionados. No sé qué más quieren de mí, ¿Qué carajo esperan?

Le digo a Liam, que lo seguiré en mi auto y luego se allí iré con Kiara, necesito el jodido trago.

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