Lobo:
Sofía:

Alexis estaba prácticamente sobre mí, metido por completo en su espacio personal y respirándole encima.

Cierra su mano sobre la solapa del abrigo, tirando de mí con brusquedad hasta pegándola a su cuerpo.

Un sudor frío la recorre.

Terminaré con tortícolis de extender tanto el cuello, a veces olvido lo increíblemente alto que es. Debe medir dos metros o más. Hoy trae el largo cabello recogido en una coleta.

—Te advertí que te mantuvieras alejada de mi hermano, italiana.- masculla entre dientes.- ¡parece que además de tonta eres también sorda!

Me aparta de un empujón y se dirige a la cama, sentándose sobre ella, masajeando sus sienes con el rostro fruncido.

—Parece que no comprendes tu situación.- continúa, apretando fuertemente el puente de su nariz.- puede que seas mi esposa pero continúas siendo mi prisionera. Todas esas pequeñas libertades de las que gozas pueden desaparecer con el simple chasquido de mis dedos.

Entorna sus diabólicos ojos, mirándome a través de sus
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