–Úrsula, retírate –ordena con una serenidad que es casi aterradora, forjada en los fuegos de anteriores conflictos. Sus ojos, fijos en los de Úrsula, son fríos y tajantes. La autoridad en su voz es indiscutible, –Amara, no quiero ser desubicada, pero soy la representante de tu padre, y como tal, tengo que estar al tanto de lo que ocurre en la empresa –susurra Úrsula con voz suave, pero cargada de una astucia disfrazada de preocupación. Cada palabra parece elegida a conciencia, una jugada calculada para poner a Amara en una posición incómoda.Amara, sin embargo, no es alguien fácil de manipular. La furia comienza a subir por sus venas, pero la controla. A pesar de la rabia que hierve en su interior, mantiene una calma fría, casi glacial. Su mirada se fija en Úrsula con una intensidad que podría cortar el aire.–Úrsula, estos son asuntos que no te incumben –responde autoritaria, a pesar de la rabia que hierve en su interior, mantiene una calma fría, casi glacial. –Retírate de mi oficin
–¿Qué tiene él que no tenga yo? – Cristóbal finalmente rompe el mutismo con un susurro cargado de desesperación. Su voz no es solo un reclamo, es una súplica disfrazada de reproche, un grito ahogado que busca respuestas que quizás no está listo para escuchar. Su mirada brilla con una mezcla de furia y herida, como si la traición lo estuviera devorando desde adentro. Amara parpadea, confundida por el ataque repentino. –¿De qué hablas? – su voz es apenas un hilo de desconcierto. No está segura de si quiere entender lo que él insinúa o si prefiere seguir ignorándolo. Cristóbal da un paso adelante, su respiración se acelera, y sus puños se tensan a los costados. La contención que había intentado mantener se desmorona en cuestión de segundos. –¡Deja de dar vueltas! ¡Sabes bien de qué hablo! –explota. No le importa si alguien más escucha, no le importa nada en ese momento más que arrancarle la verdad a Amara, aunque duela. Amara da un paso atrás, sus dedos hormiguean con la necesida
Narra LiamMis emociones se convierten en una mezcla ardiente de frustración y agotamiento, una tormenta que parece no tener fin. No puedo evitar sentir una intensa molestia, una incomodidad que se arraiga profundamente en mí. Estoy más que cansado, estoy exhausto de la situación. No comprendo por qué Amara ha optado por quedarse con ese infeliz, ese tipo con el que sé muy bien que ha compartido algo más que una simple relación profesional. Lo peor es cómo ha logrado pintarme como el culpable, insinuando que le soy infiel al vivir con Kate.Pero la realidad es distinta, mi estadía con ella es meramente culpa suya y de su padre, pero no entiende que yo solo voy a esa casa para descansar, para hundirme en el cansancio y encontrar un refugio en el sueño. Incluso cuando llego, apenas si tengo la oportunidad de descansar en el suelo, temiendo ceder a los impulsos que sé que estarán presentes si comparto la cama con Kate . Soy un hombre, tengo necesidades físicas, pero todo esto se conviert
Narra Amara El zumbido persistente de mi celular atraviesa el silencio de la habitación, rompiendo la calma incómoda que había comenzado a envolverme. Me apresuro a mirar la pantalla, y una sonrisa involuntaria se dibuja en mi rostro al reconocer el nombre que aparece. Es Jazmín, la amiga que no sabía cuánto extrañaba hasta que el sonido de su llamada me sacudió de la somnolencia en la que me había estado hundiendo. Un respiro de aire fresco en un día que parecía interminable.–Hola, querida, ¡volví! –dice Jazmín desde el otro lado de la línea, su voz llena de esa energía vibrante que la caracteriza. La carcajada que lanza es como una explosión de alegría que me invade, aliviando de alguna manera el peso que llevo encima.–Hola, Jazzi –respondo, sintiendo una punzada de calidez al escuchar su voz. –¿Volverás hoy a la empresa? –pregunto porque la verdad es que la he extrañado. –Mañana, querida –responde, pero luego, una pausa, una de esas que me hace saber que algo está por llegar. –
Dos horas después El sonido de la pluma rozando el papel es lo único que se escucha en la sala. Es un sonido frío, afilado, como una cuchilla deslizándose sobre mi piel. Mi padre firma con la tranquilidad de quien no tiene nada que perder, pero yo sé que no es así. Sé que lo está perdiendo todo. El abogado, impasible, acomoda los papeles y carraspea antes de hablar. –Esto sella finalmente el acuerdo de cesión del control de la empresa –anuncia con su tono monótono, como si no estuviera dictando una sentencia. –La señorita Úrsula, aquí presente, futura esposa del señor Carlos, tendrá a su cargo el 40% de la empresa –prosigue –Mientras que la señorita Laveau, una vez que cumpla con la cláusula que todos los aquí presentes ya conocen, asumirá el 60%. Miro a la mujer que, en cuestión de meses, ha logrado lo que nadie en años: ponerme contra la pared, arrebatarme lo que es mío. Está sentada con la espalda recta y una leve sonrisa en los labios, como si estuviera disfrutando cada seg
A la hora de salida del trabajo, salgo del edificio sintiendo que la sangre me hierve en las venas. Cada paso que doy es una lucha por contener la furia que amenaza con desbordarse. Respiro hondo, intentando calmarme, pero es inútil y lo peor es que apenas veo el auto estacionado en la entrada con lo dos dentro, esperándome, la ira vuelve con mas fuerza. Sin esperar que el maldigo de Liam baje a querer abrir la puerta, la abro de golpe y me deslizo al asiento trasero sin disimular mi malhumor. –¿Por qué están los dos? –espetó, con una sonrisa amarga. –¿Qué pasa? ¿El amor es tan grande que ya no pueden separarse ni un segundo?– Digo con sarcasmo, como un dardo envenenado dirigido a ella. Kate sonríe. No es una sonrisa cualquiera. Es la sonrisa de alguien que sabe que ha ganado, que disfruta ver cómo el dolor se me dibuja en el rostro aunque yo intente disimularlo. Liam, en cambio, no dice nada. Prefiere el silencio, como siempre. –No, señorita –responde Kate con una dulzura
–¿Qué me pongo? ¿Qué me pongo? – La pregunta sale de sus labios con desesperación, mientras Amara recorre la habitación como un torbellino. Sus ojos se detienen en cada prenda, pero ninguna parece suficiente. – Tengo que lograr que él sienta los mismos celos terribles que yo. Que sufra, aunque sea un poco – Su tono es más bajo ahora, casi un susurro para sí misma, como si las palabras fueran un hechizo que la empujara a la acción. Amara se detiene frente al espejo, observándose, como si buscara la respuesta en su reflejo. Una idea aparece en su mente, y la sonrisa que se dibuja en su rostro es oscura, cargada de una satisfacción que la hace sentir poderosa.–Ya sé lo que haré– Habla en voz baja, como una revelación, mientras toma su celular con firmeza. Marca el número de JazmínEl teléfono suena solo un par de veces antes de que la voz de Jazmín se haga presente, vibrante y llena de energía. –¡Hola, amiga! No me digas que vas a cancelar esta noche, porque si lo haces, me enojo, ¿eh
Liam enciende el auto y se sumerge en el tráfico nocturno. El silencio entre ellos es denso, cargado de pensamientos no dichos. Amara mira por la ventanilla, su reflejo distorsionado en el cristal. Él mantiene la vista fija en la carretera, con el ceño ligeramente fruncido. No sabe qué es peor: el incómodo mutismo o la creciente sensación de que esto no terminará bien. Quince minutos después, el motor se apaga frente al bar. Amara suelta un suspiro y baja, sintiendo el aire nocturno acariciarle la piel. Liam la sigue, manteniéndose a su lado, alerta. La música vibra desde el interior, y las luces de neón parpadean sobre el letrero de la entrada. Avanzan entre las mesas hasta donde los amigos de ella los esperan. –¡Amy, llegaste! –exclama Jazmín, abrazándola con entusiasmo antes de posar sus ojos en Liam. – ¿Y este bombón? – pregunta con una sonrisa traviesa. –Él es… –Amara vacila un segundo antes de responder, sintiendo una punzada de celos al notar cómo Jazmín lo mira. – Es com