RECONSTRUYENDO

El motor del auto de Alessa ronroneaba suavemente mientras recorría la carretera hacia la constructora. Sus manos se aferraban al volante con fuerza, los nudillos blanqueando por la presión. En el asiento del copiloto, su bolso yacía abierto, dejando ver una foto en la pantalla de su celular de ella y Leonardo en la casa de campo, sonriendo como si no hubiera mañana. La miró por un instante, sintiendo un nudo en la garganta.

— ¿En qué momento todo se fue al infierno? —murmuró para sí misma, apartando la mirada de la foto.

Mientras tanto, Leonardo conducía su propio auto, golpeando el volante con frustración. La música a todo volumen no lograba ahogar sus pensamientos. Recordaba la mirada de Alessa cuando Salvatore la había llevado al hotel, la forma en que él la había visto sonreír en su compañía. Un dolor agudo le atravesó el pecho.

—Maldita sea, Leo, ¿por qué no puedes simplemente hablar con ella? —se reprochó, apagando la música de golpe.

Alessa llegó primero. El sonido de sus taco
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