La noche envolvía la ciudad en un manto de misterio. Luciana y Alexander se encontraban en el apartamento de ella, rodeados de documentos esparcidos por la mesa. La búsqueda de Isabella Raines los había llevado a un punto crítico, y la tensión entre ellos era palpable.—No podemos seguir así, Alexander. —Luciana rompió el silencio, su voz cargada de frustración—. Cada pista que encontramos nos lleva a un callejón sin salida.Alexander, con el ceño fruncido, miraba fijamente un mapa lleno de anotaciones.—No podemos rendirnos ahora. —respondió con determinación—. Isabella está ahí fuera, y somos los únicos que podemos encontrarla.Luciana suspiró, dejando caer los hombros. La presión de la investigación y la cercanía constante con Alexander habían despertado sentimientos que intentaba reprimir.—Necesito un descanso. —dijo, levantándose—. Voy a preparar café.Mientras se dirigía a la cocina, Alexander la siguió con la mirada, notando el cansancio en sus movimientos. Decidió acompañarla
La cabaña en el bosque se alzaba ante ellos, envuelta en un silencio sepulcral. Luciana y Alexander intercambiaron una mirada cargada de determinación antes de avanzar hacia la entrada. La puerta de madera crujió al abrirse, revelando un interior polvoriento y desordenado.—Parece que alguien salió de aquí con prisa. —murmuró Luciana, observando los muebles volcados y los papeles esparcidos por el suelo.Alexander asintió, su expresión grave.—Debemos buscar cualquier pista que nos lleve a Isabella. —respondió, comenzando a revisar los documentos desperdigados.Mientras examinaban el lugar, la tensión entre ellos era palpable. El reciente beso compartido había desatado una tormenta de emociones que ambos intentaban contener.—Mira esto. —dijo Luciana, sosteniendo una fotografía desgastada—. Es Isabella… pero hay alguien más con ella.Alexander se acercó, observando la imagen. Una joven Isabella sonreía al lado de un hombre de aspecto familiar.—Ese es… Javier. —dijo Alexander, sorpren
La noche había caído sobre la ciudad, y Luciana se encontraba en su apartamento, repasando mentalmente los eventos recientes. La búsqueda de Isabella los había llevado a lugares inesperados y había revelado secretos que jamás imaginó. Sin embargo, lo que más la inquietaba era la creciente conexión que sentía hacia Alexander.Mientras se perdía en sus pensamientos, un suave golpe en la puerta la sacó de su ensoñación. Al abrir, se encontró con Alexander, quien sostenía una botella de vino y mostraba una sonrisa tímida.—Pensé que podríamos tomarnos un descanso y relajarnos un poco. —dijo, levantando la botella.Luciana sonrió, sintiendo un calor reconfortante en su pecho.—Me parece una excelente idea. —respondió, haciéndose a un lado para dejarlo entrar.Ambos se dirigieron al pequeño balcón del apartamento, donde una suave brisa nocturna acariciaba sus rostros. La luna llena iluminaba la ciudad, creando un ambiente íntimo y sereno.Después de servir el vino, se sentaron en sillas con
Luciana y Alexander se encontraban en el café, asimilando la información que Javier les había proporcionado sobre Samuel. La revelación de su pasado oscuro y las conexiones peligrosas que mantenía añadían una nueva capa de complejidad a su búsqueda de Isabella.—No podemos perder más tiempo. —dijo Alexander, con determinación en su voz—. Debemos encontrar a Isabella antes de que Samuel lo haga.Luciana asintió, aunque una sombra de duda cruzó su rostro.—Pero, ¿por dónde empezamos? —preguntó—. Si Samuel es tan peligroso como dice Javier, debemos ser cautelosos.Javier, que había estado observando en silencio, intervino.—Conozco a alguien que podría ayudarnos. —dijo—. Es un antiguo contacto mío que tiene acceso a información confidencial. Pero es arriesgado.Alexander frunció el ceño.—¿Podemos confiar en él? —inquirió.Javier suspiró.—No tenemos muchas opciones. —respondió—. Y el tiempo no está de nuestro lado.Luciana y Alexander intercambiaron una mirada. La tensión entre ellos er
La noche caía lentamente sobre la ciudad, envolviéndola en un velo de incertidumbre. Luciana y Alexander se encontraban en su apartamento, repasando la información que Javier les había proporcionado sobre Samuel. Sabían que la búsqueda de Isabella se estaba convirtiendo en un juego peligroso, donde cada movimiento podía significar la diferencia entre salvarla o perderla para siempre.—No podemos esperar más. —dijo Alexander, su voz firme mientras revisaba los archivos sobre Samuel—. Tenemos que ir tras él antes de que nos tome la delantera.Luciana, sentada en el sofá con el teléfono en la mano, mordisqueó su labio inferior. El mensaje de Javier aún brillaba en la pantalla.“Mi contacto aceptó reunirse con ustedes. Nos vemos mañana a las 9 p. m. en el muelle.”—No sé si esto es una buena idea. —murmuró, sin apartar la vista del teléfono—. Todo esto me parece una trampa.Alexander dejó los papeles sobre la mesa y se acercó a ella, agachándose hasta quedar a su nivel. Le tomó la mano c
La brisa marina acariciaba el rostro de Luciana mientras observaba el horizonte desde la cubierta del pequeño bote en el que habían escapado. El sonido rítmico de las olas chocando contra el casco proporcionaba un contraste calmante al caos que acababan de experimentar. Alexander, sentado a su lado, mantenía una expresión pensativa, con la mirada perdida en el vasto océano. —No puedo creer que hayamos caído en una trampa. —murmuró Luciana, rompiendo el silencio que se había instalado entre ellos. Alexander suspiró, pasando una mano por su cabello despeinado. —Subestimamos a Samuel. —admitió—. Pero al menos ahora sabemos que Isabella está viva y que la tiene retenida. Luciana asintió, aunque la preocupación seguía latente en su pecho. —¿Y qué haremos ahora? —preguntó, buscando en los ojos de Alexander alguna señal de esperanza. Él la miró fijamente, y por un momento, Luciana sintió que el tiempo se detenía. La intensidad en su mirada reflejaba una mezcla de determinación y a
El silencio en la casa de Marco era abrumador. Luciana estaba en la sala de estar, repasando en su mente todo lo que había aprendido sobre Isabella.Nunca la había conocido en persona. Hasta hace unas semanas, su existencia era solo una sombra en la vida de Alexander, una historia sin final, una cicatriz abierta en su pasado. Ahora, su desaparición era el eje de todo lo que estaban haciendo.Se frotó las sienes con los dedos, sintiendo la presión del estrés en su cabeza. Todo esto era más grande de lo que jamás imaginó.—¿No puedes dormir?Luciana levantó la mirada y encontró a Alexander apoyado en el marco de la puerta, con una taza de café en la mano. Su cabello estaba revuelto y las ojeras en sus ojos delataban el cansancio que cargaba.—No dejo de pensar en todo esto. —murmuró ella—. Isabella… ¿qué era para ti realmente?Alexander se quedó en silencio un momento antes de avanzar y sentarse en el sofá frente a ella. El fuego de la chimenea iluminaba sus rasgos con un resplandor dor
El aire en la habitación se volvió denso. Luciana sintió un escalofrío recorrer su espalda cuando la sonrisa de Isabella se ensanchó.—¿Trampa? —preguntó Alexander, su voz tensa—. ¿Quieres decirnos qué demonios está pasando aquí?Isabella inclinó la cabeza, su cabello oscuro cayendo sobre su rostro. No parecía una prisionera aterrada. No había miedo en sus ojos.Luciana retrocedió un paso, su instinto gritándole que algo no estaba bien.—Tienen que salir de aquí. —susurró Isabella, pero su tono era contradictorio. No sonaba como una súplica. Sonaba como una advertencia.Alexander se acercó a ella, examinándola con la mirada afilada.—Tú nos atrajiste aquí, ¿no es cierto?Isabella soltó una leve carcajada, apoyándose contra la pared.—Digamos que no es tan simple.Luciana sintió que la impaciencia se apoderaba de ella.—¿Por qué no? —preguntó, cruzándose de brazos—. Nos arriesgamos para sacarte de aquí, y ahora nos sales con que es una trampa.Isabella dejó escapar un suspiro antes de