El aire dentro de la mansión de Alexander estaba cargado de algo denso e inexplorado. Luciana podía sentirlo en cada paso que daba, en cada mirada que él le lanzaba, en cada palabra que no decían.Habían llegado a un punto en el que negar lo que sentían no era suficiente.Y sin embargo, ambos seguían fingiendo que podían seguir como si nada hubiera cambiado.Luciana no sabía cuánto más podría soportarlo.Las Consecuencias del MiedoEsa noche, después de una sesión de trabajo tensa y llena de silencios incómodos, Luciana decidió que necesitaba escapar por un rato.Richard la había invitado a una reunión con algunos escritores y editores independientes. Un lugar donde podría respirar, donde podría hablar de literatura sin sentir que caminaba sobre fuego cada vez que Alexander estaba cerca.Cuando bajó las escaleras, con su chaqueta en la mano, lo encontró en la sala de estar.—¿Vas a algún lado? —preguntó Alexander sin levantar la vista del libro que tenía en las manos.Luciana se detuv
La mañana transcurría con una calma engañosa en la mansión de Alexander. Luciana intentaba concentrarse en escribir, pero la presencia de Alexander al otro lado de la habitación hacía que su mente estuviera en cualquier lugar menos en la página frente an ella.La noche anterior había cambiado algo entre ellos.Él había admitido que la necesitaba.Y ahora, cada mirada que se cruzaban estaba cargada de una tensión diferente.Sin embargo, en lugar de enfrentar esa conversación pendiente, ambos habían decidido sumergirse en el trabajo.Pero esa paz no duraría mucho.Un golpe en la puerta los interrumpió.—¿Esperas a alguien? —preguntó Luciana, levantando la vista de la pantalla.Alexander frunció el ceño y se levantó.—No.Abrió la puerta y, para sorpresa de ambos, Javier Rosales estaba allí.Luciana sintió cómo su estómago se contraía. Hacía meses que no lo veía en persona.—¿Javier? —preguntó, sorprendida.Javier sonrió con su encanto habitual.—¿No puedo visitar a una vieja amiga?Alex
El silencio que quedó en la biblioteca después de la discusión con Javier y Alexander era insoportable. Luciana se sentía atrapada entre el hombre que estaba empezando a amar y el que, de alguna manera, todavía la conocía demasiado bien. Su mente estaba enredada, su corazón acelerado. Todo lo que creía estable ahora tambaleaba. Necesitaba aire. Salió de la biblioteca y caminó por el pasillo sin rumbo, pero con cada paso los recuerdos comenzaron a arremolinarse en su cabeza. Y entonces, sin previo aviso, el pasado la golpeó. Un flashback. ⸻ El Manuscrito Perdido La primera vez que leyó el manuscrito de Alexander… Era una noche lluviosa. Había encontrado aquel cuaderno de cuero gastado en la mesa de su escritorio. No llevaba título. Solo páginas llenas de tinta y emociones que parecían demasiado reales. Luciana lo había abierto con curiosidad, sin imaginar que dentro de esas páginas encontraría una historia que le resultaría demasiado familiar. Y entonces lo vio.
El viento era helado cuando Luciana salió de la mansión de Alexander. Cada paso que daba la alejaba de él, pero no de la verdad que acababa de descubrir.Alexander había estado escribiéndola desde el principio.Antes de que fueran algo. Antes de que se besaran. Antes de que ella siquiera entendiera lo que sentía.Y ahora, con esa revelación aún latiendo en su pecho, no sabía si debía sentirse halagada o traicionada.Sus manos temblaban mientras sacaba su teléfono y marcaba el único número que podía llamar en ese momento.—¿Luciana? —la voz de Javier sonó sorprendida al otro lado de la línea.Luciana cerró los ojos. Necesitaba escuchar algo diferente.—¿Podemos vernos?Un silencio. Javier lo entendió de inmediato.—Dime dónde.⸻Los Celos Que No Se DicenJavier y Luciana se encontraron en un café lejos del centro, un lugar discreto donde nadie los reconocería. Él la observó con cautela mientras ella removía su café sin probarlo.—No me mires así —murmuró Luciana sin levantar la vista.
Luciana sentía el viento frío golpear su rostro mientras caminaba por la acera, alejándose del café donde su mundo acababa de colapsar.Las palabras de Alexander aún latían en su cabeza.—Te amo, Luciana. No porque seas mi historia, sino porque sin ti, no sé cómo seguir escribiendo la mía.Pero también estaban las de Javier.—Mereces algo más que un hombre que no puede decidir si te ama o solo te escribe.Dos verdades. Dos caminos.Y ella estaba en medio, sin saber cuál elegir.⸻Alexander en el LímiteAlexander no se movió de donde estaba, observando cómo Luciana desaparecía en la distancia. Había dejado salir las palabras que llevaba meses reprimiendo, pero no sabía si era demasiado tarde.—¿Vas a dejarla ir? —preguntó Javier con sorna, metiendo las manos en los bolsillos de su chaqueta.Alexander giró la cabeza lentamente.—No es asunto tuyo.Javier rió suavemente.—Oh, pero lo es. Porque si no la detienes, lo haré yo.Alexander sintió su sangre hervir. Javier nunca había sido su a
Luciana sintió el calor de Alexander envolviéndola mientras el beso se intensificaba, cada caricia, cada roce, llevando consigo la verdad que habían negado durante tanto tiempo. Por fin, después de semanas de tensión, miedo e indecisión, no había más palabras.Solo ellos.Alexander deslizó sus manos con suavidad por su cintura, acercándola más, como si temiera que si la soltaba, ella desaparecería. Pero esta vez, Luciana no iba a huir.Porque esta vez, estaba segura.Cuando sus labios se separaron, ambos quedaron sin aliento. Sus frentes apoyadas una contra la otra, con los ojos entrecerrados y los corazones latiendo como si quisieran alcanzarse.—Dime que esto es real —susurró Alexander, con voz ronca, como si aún dudara de lo que estaba sucediendo.Luciana sonrió, acariciando su rostro con ternura.—Lo es. Siempre lo fue. Solo que ahora estamos listos para aceptarlo.Alexander la miró con intensidad, su pulgar recorriendo suavemente su mejilla.—¿Segura?Luciana asintió sin dudar.—
El sol apenas comenzaba a filtrarse por las cortinas cuando Luciana despertó. La calidez de Alexander aún la envolvía, su cuerpo relajado contra el suyo, su respiración tranquila y acompasada. Era la primera vez que lo veía dormir sin rastros de tensión en su rostro. Parecía en paz. Luciana sonrió suavemente y deslizó sus dedos por su cabello despeinado. Era irónico que, después de tantos meses de lucha interna, de negación y de miedo, ahora se sintiera tan… correcto. Pero la paz no podía durar para siempre. Y la realidad estaba esperando al otro lado de la puerta. ⸻ Un Desayuno Que Sabe a Algo Más Luciana se deslizó fuera de la cama con cuidado, intentando no despertarlo. Se puso la camisa de Alexander—demasiado grande para ella—y caminó hasta la cocina. Preparar café siempre había sido su manera de procesar lo que sentía. Y esta vez, había mucho que procesar. Habían cruzado una línea. No solo en lo físico, sino en lo emocional. Ahora ya no había marcha atrás. Es
La casa estaba en calma, pero dentro de Luciana, todo era un torbellino.Había elegido.A pesar de los miedos. A pesar de las dudas. A pesar de lo que había descubierto en el manuscrito de Alexander.Ahora, él era su elección.Pero ¿era suficiente solo elegirlo?Mientras preparaba café en la cocina, sentía el peso de la noche anterior en su piel, en su pecho, en la forma en que sus pensamientos se negaban a calmarse. Había dormido junto a Alexander, pero el verdadero reto no era compartir una cama.Era compartir una vida.⸻Las Palabras No DichasAlexander apareció en el umbral de la cocina con su cabello despeinado y una camisa a medio abotonar. Se veía cansado, pero en sus ojos había algo más: una mezcla de devoción y cautela.—¿Cómo te sientes? —preguntó con voz ronca.Luciana le pasó una taza de café y se apoyó en la isla, sin responder de inmediato. ¿Cómo se sentía?Perdida. Expuesta. Enamorada.—Diferente.Alexander levantó una ceja mientras tomaba un sorbo de café.—¿Diferente