Mis lindos lectores, bienvenidos a esta aventura. Esta historia es de actualización diaria. Deja tu comentario para que más lectores se unan ¿Qué opinas de Emilia y lo último que le dijo Brando? Deja un comentario :)
EMILIAMe di la media vuelta con la dignidad en alto. No planeaba quedarme más ahí.— Y decías amarme. Maldita mentirosa —. Me dijo con tono provocador. — Y yo te creí lo bastante, hombre, como para pensar que estarías a la altura —. Le solté sin voltearlo a ver. Sí, será capullo. Apreté los puños con fuerza y seguí caminando tratando de no hacer caso a las tremendas ganas que tenía por responderle. La noche ya había dicho todo lo que tenía que decir. Y yo ya había brillado suficiente. Decidí guardar la compostura y no perder la elegancia. Pasé de largo en medio de los invitados, que bebían sus copas de vino y champán. A lo lejos vi a Leo, del que me despedí con una sonrisa. Era seguro que me había visto entrar, y como mi representante sabía que debía estar en alguna negociación importante.Caminé por uno de los pasillos secundarios, buscando la salida más cercana, con la cabeza en alto y los pasos firmes. No quería enfrentarme con la prensa. El vestido rojo acariciaba mis piernas c
EMILIA— No sé si enviarlo a Starlight o a Darkhole —. Murmuré, frotándome la sien con una mano—. Ambos tienen argumentos de peso. Pero no puedo dejar de pensar en lo que representa elegir a uno u otro. Digo, Starlight siempre ha aceptado todas mis condiciones, pero no sé si abrir más horizonte sea contraproducente. Estábamos sobre la mesa cenando y discutiendo sobre mi último guion, y bueno, también necesitaba salir de casa luego de que me había recluido por los chismes de la farándula.Leo cruzó la pierna con elegancia, sosteniendo su taza de té como si estuviera en un debate presidencial.— Ok, veamos —. Dijo, dándose un segundo para pensar—. Starlight tiene más alcance internacional, mayor presupuesto, equipos más robustos, y tú ya tienes una relación con ellos, y están dispuestos a negociar un poco más si así lo quieres. Aunque. . . Bueno, el problema sería el idiota de tu ex.Solté un suspiro, profundo y cargado de historia.— Aunque Brandon, no debería representar algo, supong
BRANDONMe había tomado la tercera copa de vino con la finalidad de no pensar en Emilia, pero mis ojos habían decidido mandarse solos y voltearla a ver cada dos segundos.Cada vez que sonreía, me reafirmaba que había pasado la página conmigo. Me reventaba el hígado verla en sociedad. Una de las únicas veces en las que Emilia sonrió para mí, fue cuando le llene la casa de flores el día después de su cumpleaños. *Estaba en mi oficina terminando la última junta del día, cuando una notificación de mi G****e calendar me avisó que era cumpleaños de mi esposa. Lo había tenido en mente, pero había decidido no llegar a casa para no tener que enfrentarme con el problema de invitarla a cenar. No había querido tener contacto alguno con ella.No había asistido a propósito, ni le había mandado mensajes. Quería llegar a la casa y que el personal me dijera que había salido desde muy temprano de casa, así yo podría esperarla por la noche, comprobando que había salido con su amante.Sabía que Emilia
EMILIA (Relato del día de la boda)Había sido de esas novias que aún creían en los cuentos de hadas. Aunque mi matrimonio con Brandon Moretti había sido arreglado, no pude evitar enamorarme. Lo ilógico no me importaba. Porque el corazón no mide acuerdos, mide latidos. Y el mío latía por él.Siempre lo admiré. Por su porte, por su carisma, por esa imagen impecable de hombre altruista que ayudaba a los más vulnerables con una sonrisa sincera. Me enamoré desde la distancia, desde los titulares de revistas, desde los pasillos del colegio donde alguna vez coincidimos. Él era el soltero más codiciado del país. . . Y yo, simplemente, creí tener suerte de haber sido elegida para ser su esposa.En el altar, nunca me miró directamente. Yo lo justifiqué. “Debe estar nervioso”, pensé. “Esto es nuevo para él también”. No teníamos historia juntos, ni una sola cita de por medio. Apenas un par de encuentros formales. Y aun así, mi pecho estaba repleto de sueños. Pensé que quizás, con el tiempo, aprend
EMILIA (CINCO AÑOS DESPUÉS) Perdí cinco años de mi vida creyendo que el amor puede nacer del odio. Hoy vine a su habitación a devolverle su libertad, y yo reclamar la mía. Me paré frente a la puerta de su habitación con el folder abierto. Observé una última vez el papel que relucía en letras rojas: Acuerdo de divorcio. Tomé aire y pasé. — ¿Qué haces aquí? —Escuché su voz cruel retumbando en mis oídos. Avancé con paso firme, sin pestañear. Ya había tomado la decisión y no había marcha atrás. — Te traje un regalo —. Caminé con el corazón estrujado en la mano. Vi su cara de desprecio y eso fue suficiente para tomar valor y enfurecer. Le aventé la carpeta con los documentos a la cara, y el sonido del golpe seco, hizo eco en la habitación al caer los papeles de su regazo. — ¿Qué es esto? —Me miró confundido porque no estaba entendiendo nada. — Tu libertad —. Y la mía. Pensé en el fondo—. Como ves, tuve los malditos ovarios para firmar el acuerdo de divorcio. Fírmalo de una b
EMILIADesperté y lo primero que vi en el suelo fue el vestido blanco de novia que lucía como un cadáver de algún animal sobre el camino, que nadie quería levantar. Así era nuestro matrimonio. Con el estómago hecho nudos, como si algo me hubiera raspado por dentro toda la noche, y mis párpados pesados, pero no de sueño, sino de dignidad marchita, me levanté de la cama. La habitación olía a perfume rancio, alcohol y desilusión. Eso era lo que Brandon había traído hace unas horas, cuando llegó en plena madrugada a decirme que nuestro matrimonio solo era un maldito papel, sin sentimientos ni nada más de por medio. Y en el fondo, una certeza me ahogaba el pecho, pues no era una esposa. Era un adorno que envolvieron en un vestido blanco y que él ni siquiera quiso desempacar.Caminé descalza por el mármol helado, sintiendo cómo cada paso despertaba una punzada de rabia que me subía desde los pies hasta la garganta. Me quité el velo, recogí el vestido sin cuidado, y lo lancé al cesto de la
BRANDONOdiaba los lunes, pero odiaba más despertarme con el recuerdo de que tenía una esposa. Una que no había pedido y que ahora respiraba bajo mi mismo techo, caminaba por mis pasillos, ocupaba mis espacios.Una esposa con un maldito apellido que odiaba más que cualquier otra cosa. Ricci. Ahora portaba mi nombre y eso lo odiaba aún más. Aunque debo admitir que cuando vi en el certificado de matrimonio su nuevo nombre, sentí cierto alivio. Emilia Ricci de Moretti era la mujer que estaba evitando ver a toda costa. Durante los últimos meses llegaba a tarde a casa con la finalidad de no verla después de trabajar, incluso me levantaba más temprano de lo usual para no encontrarla por las mañanas. Nunca desayunaba en casa, nunca comía, tampoco hacía el esfuerzo de llegar a cenar, y, sin embargo, su maldita presencia estaba en toda la casa. De ser una casa minimalista a más no poder, Emilia ponía flores frescas en los jarrones cada cuatro días, cambió los cuadros grises por unos llenos de
EMILIA — ¿¡Así que esto hacías mientras fingías ser mi esposa!? —Brandon gritó, aventando su tableta electrónica a mi cama. En la pantalla se desplegaba una noticia con mi foto en primera plana: vestida con un Prada rojo escarlata, cenando sonriente en La Couronne Écarlate al lado de Leo. La imagen irradiaba libertad. Y eso, para él, era peor que una traición.Era un reverendo capullo.— Te equivocas, Brandon. Solo aprendí a vivir sin la tuya —. Me crucé de brazos. Dejé a un lado el manuscrito en el que estaba trabajando, junto a los tomos de libros que hablaban sobre técnicas de cine que solía leer. — ¿¡Vivir sin mí!? —. Soltó con una risa amarga— ¿De eso se trata? ¿De hacer apariciones públicas con cualquier imbécil con corbata solo para demostrarme que puedes estar sin mí?Cabro**nazo. ¿Con qué cara me estaba reclamando si él había sido fotografiado con Olivia hace apenas un par de meses, babeando por ella como un maldito adolescente en celo? Aunque al día siguiente mandó a llenar