El eco de las palabras de Samer resonaba en el silencio. La habitación, iluminada por la tenue luz de una lámpara, parecía ser un refugio temporal, pero Agatha sabía que estaban al borde de algo decisivo. La tensión en sus hombros era evidente, y aunque intentaba mantener la calma, su mirada reflejaba la tormenta interna que enfrentaba.—Tenemos que actuar rápido —dijo Samer, rompiendo el silencio. Su voz, usualmente segura, tenía un matiz de urgencia. Se sentó frente a Agatha y deslizó un mapa sobre la mesa—. Esta es nuestra única salida.Agatha inclinó la cabeza, estudiando el mapa con detenimiento. Las rutas marcadas llevaban hacia un puerto aislado, un lugar que, según Samer, estaría menos vigilado. Sin embargo, algo no encajaba.—¿Estás seguro de que este lugar es seguro? —preguntó, sin apartar la vista del papel.Samer asintió con firmeza. —He hecho los arreglos necesarios. Tendremos un barco esperando. Pero necesitamos movernos ya.Agatha quería confiar en él, pero la incertidu
La habitación estaba en silencio absoluto, salvo por el leve sonido de la lluvia golpeando contra las ventanas. Agatha estaba sentada frente a la mesa, observando el documento que tenía frente a ella. No podía creer lo que acababa de leer. Todo este tiempo, había sido un juego mucho más grande de lo que había imaginado.Samer estaba de pie cerca de la ventana, su figura recortada por las luces tenues de la ciudad. Había algo en su postura que no pasaba desapercibido: la tensión en su cuello, la forma en que sus manos se apretaban contra el marco. Agatha lo observó, su mente llena de preguntas que necesitaban respuestas.—¿Lo sabías? —preguntó ella, su voz cargada de una mezcla de incredulidad y rabia contenida. Samer no respondió de inmediato, como si estuviera ponderando sus palabras antes de hablar.—No quería que te enteraras así —dijo por fin, con una calma inquietante en su tono—. Pero sí, sabía lo que estaba pasando.Agatha se levantó de golpe, la silla raspando contra el suelo.
El amanecer rompía tímidamente la oscuridad, proyectando un tenue resplandor a través de las ventanas de la sala. El silencio era palpable, roto solo por el leve tic-tac del reloj en la pared. Agatha permanecía sentada en el borde del sofá, con las manos entrelazadas sobre sus rodillas. Su mente seguía reviviendo cada detalle de la noche anterior, desde las miradas furtivas en el salón hasta los momentos finales de la frenética escapada.Samer entró a la habitación con una taza de café en mano, su rostro reflejando el cansancio acumulado. A pesar de las horas de tensión, su postura seguía firme, aunque sus ojos traicionaban el peso de las decisiones que tenía que tomar. Sin decir una palabra, se sentó frente a Agatha, colocó la taza en la mesa y esperó a que ella hablara primero.—Esto no puede seguir así, Samer —dijo Agatha finalmente, rompiendo el silencio. Su voz era firme, pero contenía un rastro de frustración.Samer asintió lentamente, reconociendo la verdad de sus palabras.—Lo
La oscuridad de la noche envolvía la ciudad como un manto impenetrable. Samer y Agatha permanecían en el refugio temporal, compartiendo un silencio que hablaba más que cualquier palabra. Ambos sabían que el reloj corría en su contra. Aunque habían logrado adelantarse a sus enemigos en esta ocasión, cada movimiento sentía más pesado, como si las sombras se alargaran tras ellos con la intención de atraparlos.Agatha observaba a Samer desde el otro lado de la mesa. Sus ojos recorrían cada línea del rostro de él, grabándose sus facciones con una intensidad que no podía evitar. En su mirada había algo diferente, una mezcla de determinación y vulnerabilidad que pocas veces había mostrado.—Tenemos que decidir nuestro próximo paso —dijo finalmente, rompiendo el silencio. Su voz era firme, pero había un dejo de cansancio.Samer levantó la vista hacia ella, dejando a un lado los documentos que había estado revisando. En su rostro había un leve atisbo de sonrisa, pero se desvaneció tan rápido c
El sol comenzaba a despuntar en el horizonte, tiñendo el cielo con tonos anaranjados y rosados mientras la villa se desperezaba tras una noche de tensiones. Agatha permanecía en la terraza de la habitación, envuelta en un ligero abrigo, contemplando cómo el día nacía con una serenidad que contrastaba con el caos que había marcado las últimas horas. Las palabras de Samer seguían resonando en su mente: "Confía en mí, pero prepárate para lo que venga".Sabía que esas palabras escondían un mensaje más profundo. Había aprendido a leer entre líneas con él, a interpretar lo que no se decía. La tormenta aún no había pasado, y aunque había logrado desenmascarar varias amenazas, el enemigo parecía jugar una partida interminable.Samer apareció tras ella, con el cabello aún húmedo de la ducha, vestido con una camisa blanca arremangada y pantalones oscuros. Se acercó en silencio, apoyando las manos en el borde de la barandilla.—Es curioso cómo, a pesar de todo, el sol sigue saliendo —comentó, si
El eco de los pasos resonaba en el corredor mientras Samer y Agatha avanzaban con cautela. Los últimos acontecimientos habían dejado un rastro de tensión palpable, pero también habían dado paso a una determinación inquebrantable. Ahora, más que nunca, estaban decididos a cerrar este capítulo de sus vidas, aunque el costo fuera alto.—Samer, espera —dijo Agatha, deteniéndose frente a una puerta blindada al final del pasillo. Su respiración era rápida, pero no por miedo, sino por la adrenalina que corría por sus venas—. Aquí es donde todo termina, ¿verdad?Samer asintió, sus ojos oscuros fijos en el objetivo. Sabía que cruzar esa puerta significaba enfrentar a quienes habían estado manipulando desde las sombras. También sabía que no habría marcha atrás.—Sí —respondió con firmeza—. Aquí es donde todo cambia.Sin vacilar, Samer introdujo un código en el panel junto a la puerta. Un clic mecánico indicó que el sistema había sido desactivado. Lentamente, la puerta se abrió, revelando una sa
El amanecer comenzaba a asomar, tiñendo el cielo de un tono rojizo que presagiaba una jornada llena de incertidumbre. Samer y Agatha se encontraban en el pequeño refugio, rodeados de documentos, mapas y pantallas que parpadeaban con información crucial. La operación estaba a punto de llegar a su punto culminante, y el peso de la decisión que tenían que tomar recaía sobre sus hombros.Samer, con la vista fija en una de las pantallas, observaba detenidamente las coordenadas que habían obtenido. La traición que había descubierto se extendía más allá de lo que había imaginado, y el infiltrado dentro de su círculo parecía estar siempre un paso adelante. A pesar de todo, no podía rendirse. Sabía que las consecuencias de fallar no solo afectaban a su vida, sino también a la de Agatha.—Esto no es solo una cuestión de supervivencia, Agatha —dijo Samer, sin apartar la vista de la pantalla. Su voz sonaba más grave de lo habitual. Las circunstancias los habían cambiado, y ahora su determinación
El amanecer comenzaba a asomar tímidamente entre las nubes, pero la oscuridad aún pesaba sobre el alma de Agatha. El frío de la mañana calaba en sus huesos mientras caminaba por el pasillo vacío del edificio. Los ecos de sus pasos resonaban en las paredes desmoronadas, como si los propios pasillos estuvieran guardando secretos que nadie debía conocer.Samer había desaparecido durante horas, y el vacío que dejó a su paso parecía intensificarse cada vez más. A pesar de los esfuerzos de Agatha por mantener la calma, su mente no podía evitar pensar en todo lo que había sucedido. Había llegado a un punto en el que las piezas del rompecabezas no encajaban. El infiltrado, la traición, las mentiras que se habían tejido a su alrededor, todo comenzaba a tomar una forma retorcida y peligrosa.Respiró hondo, tratando de calmar sus pensamientos. No podía permitirse ceder al miedo. Samer siempre había sido su roca, la persona en la que confiaba con los ojos cerrados, pero ahora todo parecía tambale