CAPÍTULO 58
Ligeros murmullos hicieron que Cristal comenzará a abrir los ojos. Su respiración era lenta y pausada, reflejando la debilidad y el agotamiento de su cuerpo maltratado. Mordeduras y arañazos cubrían sus brazos, piernas y torso, mientras la sangre esparcida por el suelo daba testimonio del tormento que había sufrido.

Milagrosamente, su pareja se había detenido hacía horas. Aquel respiro momentáneo le permitió caer en un profundo sueño, pero ahora, al despertar por los murmullos, giró la cabeza con dificultad. Su mirada se posó en la enorme figura que yacía en el suelo: su pareja seguía dormida en su forma licántropa.

Cristal debía aprovechar ese momento. No tenía fuerzas, pero sabía que debía escapar. Echó un vistazo rápido, reconociendo aquella puerta en un rincón del lugar.

Tomando una profunda bocanada de aire, comenzó a arrastrarse, deteniéndose a intervalos para recuperar el aliento y mitigar el dolor abrasador que le provocan sus heridas. Cada movimiento hacía que la sangre volvie
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