— No es tu culpa — mencionó Sabrina a Cristal. Ella volteó con mucha congoja al escucharla, ambas lunas habían permanecido en silencio, pero profundamente preocupadas, observando cómo intentaban detener al alfa sin éxito alguno. — Tou es muy astuto — añadió Sabrina con un tono contenido.— ¡Sé que quieres hacerme sentir mejor! Sea o no mi culpa, ¡no puedes evitar que me sienta mal! — espetó Cristal con tristeza evidente, mientras volvía su mirada hacia su descontrolada pareja.Cristal observó a Kogan y Rax atacando sin piedad, mirando con creciente angustia mientras intentaba contener las lágrimas que amenazaban con desbordarse. Desde su posición, podía ver cómo Hiro luchaba desesperadamente por mantenerlos alejados de los heridos, pero cada esfuerzo parecía inútil. Sus golpes, aunque precisos, apenas lograban ralentizar a su hermano, quien respondía con una furia descomunal.El lobo terrible, en uno de sus incesantes ataques, hirió la pierna de Hiro, afectando su agilidad. Cristal cer
La brisa golpeó con fuerza la piel de su cuerpo, lo que hizo que Cristal abriera los ojos lentamente tras haberlos cerrado. En ese instante, Kogan y Rax la sujetaron y la ubicaron sobre sus hombros mientras se adentraban en el inmenso bosque.Ella observó cómo, en pocos segundos, la destruida guarida del lobo desaparecía de su vista. Esto la hizo exhalar un gran suspiro de alivio, comprendiendo que había logrado calmar a su pareja y que nadie más resultaría lastimado.De no haber sido por aquella misteriosa voz, no se habría atrevido a acercarse, y todo habría sido diferente. En ese momento, el ritmo veloz de los pasos de su pareja aumentó. Ella se aferró con fuerza, creyendo que en cualquier momento caería, pero los grandes brazos del alfa la sostuvieron contra él, como si fuera un niño pequeño en los brazos de su madre. Fue entonces cuando Cristal pudo sentir su vínculo. No podía ver sus grandes facciones, pero lo sentía más relajado, lo que la llevó a preguntarse: ¿Por qué no había
— ¿Esto qué es? — preguntó Xander al ver aquella extraña pared negra.Varias horas después de que el alfa se llevará a su luna, la mente lobuna de los betas, al percibir que la ira implacable de su líder había desaparecido, les devolvieron el control a sus mentes humanas.— Es una… barrera — respondió Roland con frustración, observando con extrema preocupación la inmensa pared negra que les impedía el paso.— ¡¿Nuestro alfa puede crear barreras?! — espetó Xander, sorprendido al ver, por primera vez en sus siglos de vida, una barrera.— Desde muy joven ha podido hacerlo sin problema alguno — informó el primer beta con voz áspera.— ¿Por qué la creó? — preguntaron Sam y Clair al mismo tiempo, mostrando igual preocupación.— No quiere que nadie lo interrumpa — indicó Roland, deslizando sus manos por su cabeza, luego por su rostro hasta detenerlas en su boca. — Nos sentimos aliviados de que logró controlar al lobo terrible y pasamos por alto que nuestra luna es humana — su voz, cargada de
Ligeros murmullos hicieron que Cristal comenzará a abrir los ojos. Su respiración era lenta y pausada, reflejando la debilidad y el agotamiento de su cuerpo maltratado. Mordeduras y arañazos cubrían sus brazos, piernas y torso, mientras la sangre esparcida por el suelo daba testimonio del tormento que había sufrido.Milagrosamente, su pareja se había detenido hacía horas. Aquel respiro momentáneo le permitió caer en un profundo sueño, pero ahora, al despertar por los murmullos, giró la cabeza con dificultad. Su mirada se posó en la enorme figura que yacía en el suelo: su pareja seguía dormida en su forma licántropa.Cristal debía aprovechar ese momento. No tenía fuerzas, pero sabía que debía escapar. Echó un vistazo rápido, reconociendo aquella puerta en un rincón del lugar.Tomando una profunda bocanada de aire, comenzó a arrastrarse, deteniéndose a intervalos para recuperar el aliento y mitigar el dolor abrasador que le provocan sus heridas. Cada movimiento hacía que la sangre volvie
Horas habían transcurrido; la luz del sol iluminaba toda la caverna. Elena, Lynn y Acua permanecían juntas, con rostros de tristeza y preocupación. Luego de que Roland recuperara las fuerzas tras golpear aquella barrera impenetrable, prosiguió junto a Hiro y los demás betas intentando derribarla, sin éxito.Roland observó el estado de su pareja, de Elena y Lynn; sabía que todas ellas podían percibir que Cristal estaba gravemente herida. Apretaba con fuerza los puños, haciendo que de ellos brotara mucha sangre, mientras buscaba una alternativa. Pero, por más que intentaron romperla, él sabía que la barrera no cedería.Los otros betas intentaban mantener la calma, pero los fuertes suspiros de preocupación creaban un ambiente demasiado tenso.— ¿Cuándo hiciste el pacto con Kogan? — preguntó Hiro, lleno de curiosidad, con el semblante caído, haciendo que todos dirigieran sus miradas hacia el primer beta.— Varias lunas después de que tu hermano asesinó al alfa Zosran — respondió inmediatam
Horas habían transcurrido, y la luz del atardecer invadió el hermoso cielo celeste. A pesar de su hermosura, nadie lo contemplaba; toda la manada del territorio de Kogan tenía pleno conocimiento de lo ocurrido, y se podía percibir el vínculo que une a todos, inestable.En la caverna, Roland, Hiro y los demás betas no habían cesado en sus intentos por derribar la barrera. Estaban sumamente agotados. Llevaban horas sin noticias de su luna, lo que aumentaba su preocupación.El primer beta seguía lamentándose; el simple hecho de saber que la visión de Clair podría cumplirse perturbaba sus pensamientos. Persistía en golpear la barrera, sabiendo que no se rompería. Sin embargo, haría todo lo posible para que Cristal no muriera, ya que no podría seguir su camino con el peso de la muerte de su luna en sus hombros, y mucho menos ver el rostro de Kogan.En los pensamientos de todos no había rastro de esperanza de que la barrera se desvaneciera. Estaban seguros de que debían aguardar unos días. N
— ¡¿Escucharon eso?! — preguntó Elena, mirando a Hiro, quien descansaba junto a Roland, Sam y Ahir. Todos se encontraban extremadamente cansados por estar golpeando la barrera. Se necesitaban golpes fuertes, y esto los mantenía agotados, incluyendo a Elena, quien se había unido a ellos.— ¿Qué escuchaste? — preguntó Roland.— Como si algo hubiera caído — mencionó Elena.Hiro, quien se encontraba alejado, se levantó y se acercó a la barrera. Cerró los ojos, agudizando su sentido de la audición y, unos segundos después, logró escuchar un fuerte estruendo.— Sí, hay movimiento — afirmó, provocando que los presentes se levantaran de golpe y se acercaran junto a él. — ¡KOGAN! — gritó Hiro inmediatamente, más tranquilo, pero con preocupación evidente por Cristal. No obstante, Kogan no lo escuchaba al tener sus sentidos inestables.— ¿Habrá sido la luna? — preguntó Sam con voz débil al no recibir alguna respuesta.— No lo creo — respondió Roland. — Es Kogan, puedo percibirlo, pero no logro en
En medio del bosque, cerca de la madriguera, la tercera beta, Clair, cerraba las puertas de las catacumbas. Al asegurarse de que los miembros más débiles de la manada ya habían salido, luego de que el peligro había pasado, selló las inmensas puertas. Se inclinó y tocó aún el costado de estas; la vegetación inmediatamente cubrió la entrada frente a ella, dejándola oculta.Ella inhaló y exhaló con fuerza varias veces; la angustia le oprimía el pecho. Su semblante caído reflejaba la preocupación que la carcomía por su luna. A través del vínculo de la manada, podía sentir la débil vitalidad de la figura más importante de todos.Sabía que la luna Lynn se esmeraba haciendo lo posible para que su luna sobreviviera a esas terribles heridas, que habían sido propinadas por su propia pareja descontrolada.Su cuerpo temblaba, sacudido por el enojo y la culpa. Como esmeralda, su deber era impedir que aquella terrible visión se hiciera realidad. Por eso, Clair se resistía a verla; temía que, con sol