— ¿Esto qué es? — preguntó Xander al ver aquella extraña pared negra.Varias horas después de que el alfa se llevará a su luna, la mente lobuna de los betas, al percibir que la ira implacable de su líder había desaparecido, les devolvieron el control a sus mentes humanas.— Es una… barrera — respondió Roland con frustración, observando con extrema preocupación la inmensa pared negra que les impedía el paso.— ¡¿Nuestro alfa puede crear barreras?! — espetó Xander, sorprendido al ver, por primera vez en sus siglos de vida, una barrera.— Desde muy joven ha podido hacerlo sin problema alguno — informó el primer beta con voz áspera.— ¿Por qué la creó? — preguntaron Sam y Clair al mismo tiempo, mostrando igual preocupación.— No quiere que nadie lo interrumpa — indicó Roland, deslizando sus manos por su cabeza, luego por su rostro hasta detenerlas en su boca. — Nos sentimos aliviados de que logró controlar al lobo terrible y pasamos por alto que nuestra luna es humana — su voz, cargada de
Ligeros murmullos hicieron que Cristal comenzará a abrir los ojos. Su respiración era lenta y pausada, reflejando la debilidad y el agotamiento de su cuerpo maltratado. Mordeduras y arañazos cubrían sus brazos, piernas y torso, mientras la sangre esparcida por el suelo daba testimonio del tormento que había sufrido.Milagrosamente, su pareja se había detenido hacía horas. Aquel respiro momentáneo le permitió caer en un profundo sueño, pero ahora, al despertar por los murmullos, giró la cabeza con dificultad. Su mirada se posó en la enorme figura que yacía en el suelo: su pareja seguía dormida en su forma licántropa.Cristal debía aprovechar ese momento. No tenía fuerzas, pero sabía que debía escapar. Echó un vistazo rápido, reconociendo aquella puerta en un rincón del lugar.Tomando una profunda bocanada de aire, comenzó a arrastrarse, deteniéndose a intervalos para recuperar el aliento y mitigar el dolor abrasador que le provocan sus heridas. Cada movimiento hacía que la sangre volvie
Horas habían transcurrido; la luz del sol iluminaba toda la caverna. Elena, Lynn y Acua permanecían juntas, con rostros de tristeza y preocupación. Luego de que Roland recuperara las fuerzas tras golpear aquella barrera impenetrable, prosiguió junto a Hiro y los demás betas intentando derribarla, sin éxito.Roland observó el estado de su pareja, de Elena y Lynn; sabía que todas ellas podían percibir que Cristal estaba gravemente herida. Apretaba con fuerza los puños, haciendo que de ellos brotara mucha sangre, mientras buscaba una alternativa. Pero, por más que intentaron romperla, él sabía que la barrera no cedería.Los otros betas intentaban mantener la calma, pero los fuertes suspiros de preocupación creaban un ambiente demasiado tenso.— ¿Cuándo hiciste el pacto con Kogan? — preguntó Hiro, lleno de curiosidad, con el semblante caído, haciendo que todos dirigieran sus miradas hacia el primer beta.— Varias lunas después de que tu hermano asesinó al alfa Zosran — respondió inmediatam
Horas habían transcurrido, y la luz del atardecer invadió el hermoso cielo celeste. A pesar de su hermosura, nadie lo contemplaba; toda la manada del territorio de Kogan tenía pleno conocimiento de lo ocurrido, y se podía percibir el vínculo que une a todos, inestable.En la caverna, Roland, Hiro y los demás betas no habían cesado en sus intentos por derribar la barrera. Estaban sumamente agotados. Llevaban horas sin noticias de su luna, lo que aumentaba su preocupación.El primer beta seguía lamentándose; el simple hecho de saber que la visión de Clair podría cumplirse perturbaba sus pensamientos. Persistía en golpear la barrera, sabiendo que no se rompería. Sin embargo, haría todo lo posible para que Cristal no muriera, ya que no podría seguir su camino con el peso de la muerte de su luna en sus hombros, y mucho menos ver el rostro de Kogan.En los pensamientos de todos no había rastro de esperanza de que la barrera se desvaneciera. Estaban seguros de que debían aguardar unos días. N
— ¡¿Escucharon eso?! — preguntó Elena, mirando a Hiro, quien descansaba junto a Roland, Sam y Ahir. Todos se encontraban extremadamente cansados por estar golpeando la barrera. Se necesitaban golpes fuertes, y esto los mantenía agotados, incluyendo a Elena, quien se había unido a ellos.— ¿Qué escuchaste? — preguntó Roland.— Como si algo hubiera caído — mencionó Elena.Hiro, quien se encontraba alejado, se levantó y se acercó a la barrera. Cerró los ojos, agudizando su sentido de la audición y, unos segundos después, logró escuchar un fuerte estruendo.— Sí, hay movimiento — afirmó, provocando que los presentes se levantaran de golpe y se acercaran junto a él. — ¡KOGAN! — gritó Hiro inmediatamente, más tranquilo, pero con preocupación evidente por Cristal. No obstante, Kogan no lo escuchaba al tener sus sentidos inestables.— ¿Habrá sido la luna? — preguntó Sam con voz débil al no recibir alguna respuesta.— No lo creo — respondió Roland. — Es Kogan, puedo percibirlo, pero no logro en
En medio del bosque, cerca de la madriguera, la tercera beta, Clair, cerraba las puertas de las catacumbas. Al asegurarse de que los miembros más débiles de la manada ya habían salido, luego de que el peligro había pasado, selló las inmensas puertas. Se inclinó y tocó aún el costado de estas; la vegetación inmediatamente cubrió la entrada frente a ella, dejándola oculta.Ella inhaló y exhaló con fuerza varias veces; la angustia le oprimía el pecho. Su semblante caído reflejaba la preocupación que la carcomía por su luna. A través del vínculo de la manada, podía sentir la débil vitalidad de la figura más importante de todos.Sabía que la luna Lynn se esmeraba haciendo lo posible para que su luna sobreviviera a esas terribles heridas, que habían sido propinadas por su propia pareja descontrolada.Su cuerpo temblaba, sacudido por el enojo y la culpa. Como esmeralda, su deber era impedir que aquella terrible visión se hiciera realidad. Por eso, Clair se resistía a verla; temía que, con sol
Tou se movía con agilidad, logrando que los lobos de la manada de su hermano no lo detectaran. Sin embargo, lo estaban alejando cada vez más de la madriguera y de Cristal. A través de su vínculo, podía sentir la debilidad de Lynn; estaba exhausta tras sanar a los heridos que su hermano casi mata, además de a él mismo. No resistiría mucho tiempo.Esto sería desastroso para Cristal. En su estado, sin la ayuda de un licántropo con grandes habilidades médicas, seguirá debilitándose hasta morir.Tou sabía que debía actuar rápido. Agudizó sus sentidos, percibiendo a los lobos que intentaban rastrearlo. Analizó sus movimientos y comenzó a desplazarse con precisión, logrando evitarlos. Pero este era solo un grupo; sabía que había muchos más en la zona, listos para atacar._________________________________________________________________________________________________________________Luego de que Clair le indicará que su luna estaba fuera de peligro, Los betas Sam, Clair, Xander y Ahir, a pesa
Xander patrullaba las áreas cercanas a la madriguera junto a un grupo de guerreros, sus sentidos alertas y su determinación inquebrantable. No descansaría hasta encontrar a Tou o asegurarse de que había abandonado el territorio para siempre. De pronto, un escalofrío recorrió a todos al percibir la presencia del alfa Tou cerca de la luna. El pánico se propagó como un incendio, y sin pensarlo, todos corrieron con desesperación, temiendo que su luna estuviera en peligro.El aire se tornó denso con la presencia de su alfa. El rugido de Rax detuvo en seco a los guerreros a reconocer un llamado irrefutable, una orden que ninguno podía ignorar, y los miembros de la manada que estaban junto a Xander acudieron a su llamado.El quinto beta fue el único que no acudió a ese llamado, ya que sentía que el vínculo con su luna temblaba, como una cuerda a punto de romperse. No lo pensó dos veces y corrió directo hacia ella.Cuando llegó, su corazón se encogió al ver a la luna Lynn, envuelta en un mar d