"Debo enfocarme en mi trabajo y descubrir qué está sucediendo", solo pensaba. "No sé qué me pasa, pero mis pensamientos están muy locos hoy".Sacudí rápidamente la cabeza para alejar esos pensamientos. Esta no era la hora ni el lugar para dejarme llevar por fantasías inapropiadas. Continué con mi trabajo, haciéndolo lo más profesionalmente posible. No podía permitir que mis emociones interfirieran con mi deber como médica.Una vez terminado el baño, volví a vestir a Freddy con la bata del hospital. No podía evitar que mi mirada se deslizara nuevamente por su cuerpo, quedando atrapada en su rostro tranquilo. Aunque no podía despertarse para agradecerme, sentí que, de alguna manera, estaba conectada con él.—Espero que estés bien, Freddy. Haré todo lo posible para descubrir quiénes son esos hombres y por qué te están protegiendo tanto —pronuncié.Al terminar mi turno, salí de la habitación de Freddy con una sensación de intriga y excitación que no podía ignorar. Había descubierto más de
Con la ayuda de Vanessa, llegué a la enfermería y me recosté en una camilla.Mi cabeza palpitaba y sentía un fuerte dolor en el pecho. La realidad de lo que había descubierto estaba comenzando a golpearme con fuerza.Vanessa me cubrió con una manta y me miró con una sonrisa como si se burlara de mí, pero para no llamar la atención actuó con amabilidad.—Angie, tienes que calmarte. Sé que esto es abrumador, pero necesitas recuperar fuerzas y pensar con claridad. Hay mucho en juego —me dijo Vanessa, con una falsa preocupación.Ya no confío en ella, sé que todo lo que ella pueda decir es falso, su engaño con Daniel solo me hicieron abrir los ojos y darme cuenta de que Vanessa no es mi amiga, que nunca lo fue y nunca lo será. Pero no tengo otra opción que seguir el juego, si actúa con mi enojo quedaré como una resentida ya que ellos hicieron creer en el hospital que yo era una buscona que siempre quise separarlos, que era la tercera en discordia.Me odio por haber llegado a sentir algo po
Me llevó hasta mi hogar y me bajé del auto.Él salió después de mí. Después de un momento, Matthew se me acerca preocupado.—¿Segura de que prefieres estar sola, Angie? Me preocupo de verdad por ti —me dice en un tono aprensivo.Yo le sonrío, tratando de agradecerle.—Sí, Matthew, de verdad necesito este tiempo para mí. Gracias por preocuparte, pero en serio, estaré bien —respondo, intentando tranquilizarlo.Matthew asiente, pero sigue insistiendo.—Está bien, si eso es lo que de verdad necesitas. Pero por favor, prométeme que si algo te preocupa o necesitas hablar, me llamarás.Yo prometo solemnemente.—Lo prometo, Matthew. Valoraré muchísimo tu apoyo y estaré atenta por si necesito hablar. Por ahora, solo quiero estar tranquila y pensar en silencio.Matthew parece entender mi necesidad y acepta mi respuesta.—Está bien, Angie. Cuídate y recuerda que siempre estaremos aquí para ti, hermana.Agradezco mucho sus palabras.—Gracias, Matthew. Eres un hermano increíble. Hasta luego.Despu
Días después.Como todos los días, decidí prepararme para una nueva jornada de trabajo en el hospital.Saliendo de mi casa con optimismo, observé el hermoso amanecer que pintaba el cielo de tonos naranjas y rosados.El aire fresco de la mañana me daba energías para enfrentar la intensa jornada que me esperaba.Al llegar al hospital, un imponente edificio de estructura moderna, me dirigí hacia mi área de trabajo.El bullicio de las personas, el trajín constante de doctores y enfermeras, y el sonido de los timbres de atención llenaban los pasillos.Me sentía parte de ese frenesí, aunque también sabía que había rumores malintencionados que se propagaban a mis espaldas.Vanessa se había empeñado en sembrar calumnias sobre mí. No le importaba dañar mi reputación y convertirme en la tercera en discordia. A pesar de ello, decidí mantener la frente en alto y no permitir que los chismes afectaran mi desempeño.—Hola, buen día —saludé a todos los que me saludaban, tratando de no prestar atenció
Horas después. Había hombres misteriosos custodiando la puerta de la habitación de Freddy, impidiéndome salir. Un sentimiento de desesperación se apoderó de mí mientras buscaba una solución.—Esta es una maldita tortura, tengo que salir de aquí aunque sea por un instante —pensé frustrada.Decidí llamar a Tom, a mi amigo que trabajaba en el área de vigilancia, para que me ayudara a salir de la habitación aunque fuese por unos minutos.—Tom, necesito que me eches una mano para salir de esta habitación durante un corto tiempo. Solo unos minutos —le supliqué al teléfono.—¿Estás segura, Angie? Sabes lo que podría pasar si nos descubren —me advirtió Tom con cierta preocupación.—No me importa, estoy al límite. Necesito tomar un respiro —respondí con determinación.Tom accedió a mi petición y coordinamos un plan para que pudiera salir de la habitación sin ser detectada por los hombres misteriosos.Agradecí su ayuda, sabiendo que arriesgábamos mucho al traspasar los límites impuestos por l
—Yo no soy la culpable de lo que pasó aquí — pronuncié, tratando de mantener la calma.—Yo no soy culpable de que él haya empeorado — insistí, mirando a Daniel quien no me quitaba los ojos de encima.—Cállate, maldita doctora. Aquí los dos son culpables de la muerte de mi jefe — respondió el hombre misterioso con voz amenazante. Sus palabras resonaron en el pasillo del hospital, y sentí que el peligro y la incertidumbre se cernían sobre mí.—¿Tu no viste que me desvivía por tu jefe?El hombre misterioso me miró con desprecio, pero pareció considerar mi pregunta por un momento. Sin embargo, su expresión se endureció nuevamente.—No voy a caer en tus juegos. Ambos sabemos la verdad, y pagarán por lo que hicieron —respondió, su voz llena de resentimiento.Busqué desesperadamente una manera de hacerle entender que no era responsable de lo que él creía. Intenté apelar a su lógica y sensatez.—Te aseguro que no tuve nada que ver con la muerte de tu jefe. Soy una médica comprometida con ayuda
Él me hizo entrar en su auto y me senté en el asiento del copiloto mientras él me decía cómo debía actuar con el señor Sauzza, y sobre todo, que nunca lo contradiga si amaba mi cabeza.Mientras conducía por las oscuras y solitarias carreteras, no pude evitar romper el incómodo silencio.—Vladimir, ¿de verdad piensas que voy a hacer todo lo que ese criminal me diga sin protestar? —pregunté con una pizca de enojo en mi voz.Vladimir suspiró y me miró de reojo.—Angie, entiendo tus dudas y resistencia, pero es importante que comprendas la peligrosidad de Freddy Sauzza. Si queremos protegernos, debemos jugar según sus reglas, al menos por el momento —explicó con calma. Solo suspiré.La frustración seguía ardiendo dentro de mí, pero sabía que tenía razón. En ese momento, era necesario actuar con cautela y buscar la manera de mantenernos a salvo.—Está bien, Vladimir, entiendo que debemos ser astutos y hacer lo que sea necesario para estar a salvo. Pero no sé hasta dónde estoy dispuesta a l
—Dra. Hans, no esperaba esta muestra de amabilidad por parte de alguien como usted. Vladimir me ha comentado que es una muy buena médica, pero no sabía que aceptaría mi propuesta tan pronto. Creí que tendría que usar otros métodos para convencerla —dijo Freddy mientras me mostraba su brazo herido.—¿Qué tipo de métodos? —pregunté intrigada.—No se preocupe, no es ningún método de tortura, a menos que vea como uno de ellos que usted y yo nos torturamos mutuamente en la cama —me dijo con una mirada lasciva y una sonrisa traviesa en el rostro. Tragué saliva, intentando ignorar el escalofrío que recorrió mi espalda.Me sentí incómoda e indecisa sobre cómo responder a sus insinuaciones tan directas.Sinceramente, me sentí atraída por Freddy, pero como profesional y como persona comprometida, sabía que tenía que establecer límites claros. Tomé una gasa y comencé a limpiar su herida con cuidado, tratando de mantener la conversación en un tono profesional y neutro.—No se equivoque, señor Sau