#45:

Amy:

Rompe el beso, y mientras yo parpadeo un par de veces para ver si esto es la realidad y no una cruel pesadilla, él da un par de pasos hacia atrás y se queda mirándome con una expresión rara.

—No estás aquí como mi prisionera, motita — susurra.

Y sé que mientes.

—Ven— me ofrece su mano, pero me limito a no tomarla, se encoge de hombros y abre la puerta por la que yo quería salir hace unos minutos y ...

¡Oh, no!

Alcanzo a ver palmeras y una playa de arena blanquísima. Más allá hay una inmensidad de mar, azul y reluciente por la luz del sol.

Todo es muy bonito y de aspecto tropical, muy diferente en todos los sentidos de la ciudad y del país en que creí estar.

— ¡¿A dónde demonios me has traído?!— chillo.

Él sale al porche, y señala a la hermosa playa con su mano.

—Bienvenida a la isla privada que compré para tí. Creo que será un perfecto regalo de bodas.

***

Tengo frío de nuevo, tanto frío que estoy temblando y sé que es por la ansiedad , ya que la temperatura de la casa ronda lo
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