—Gracias —respondo, ida en mis pensamientos. El licenciado se pone de pie y se despide con un leve gesto antes de salir. Apenas se cierra la puerta, siento que el aire en mis pulmones pesa. Este dinero, estas propiedades… no sé si significan un nuevo comienzo o un ancla que me conecta aún más a Al
Un escalofrío recorre mi espalda. Retrocedo, incapaz de apartar la vista de esa figura que parece surgir de una pesadilla. —¿Quién eres? —logro articular, con la voz temblorosa. No responde. Sus ojos, ocultos en la sombra de la capucha, permanecen fijos en mí. Su silencio y su apariencia me recuer
Llegamos al edificio donde vive Alonso. Todos bajamos del auto, y la madre de Thea nos deja bajo la vigilancia de su guardia antes de irse. A pesar de su apretada agenda, se tomó el tiempo para acompañarnos. —¡Ale! —exclama Thea, corriendo hacia Alonso cuando la enfermera personal que le asignó abr
—No quisiera que te fueras —dice, con tristeza palpable—. Pero prefiero eso a que ese tipo te tenga prisionera otra vez. —Marcus… —Déjame besarte en los días que te quedan aquí —pide, colocándome las manos en las mejillas—. Es mi única petición. Sus ojos me suplican, y aunque sé que no debería, n
|Dorothea Weber| Estoy atrapada entre ir o no ir. ¿Debería? Si no lo hago, él me encontrará de todas formas. Ese "Te extraño" me dejó pensando. No fui capaz de responderle algo decente. No voy a mentir: estos días que estuvo fuera, sentí ansiedad. Cada tanto miraba la pantalla, esperando uno de s
Tomo un bolso pequeño y, antes de salir, dejo un beso en la frente de Lin. Ella no dice nada, y se lo agradezco. No necesito otra charla de moral. Me despido de mis padres, quienes me recuerdan no llegar tarde. Piensan que tomaré un chófer, pero ambos sabemos que no es cierto. Artem tiene su propio
Deja mis pechos para concentrarse en mi cuello, y yo le doy total acceso, inclinándolo para que haga lo que quiera. No pierde el tiempo: me muerde con fuerza, sus dientes se clavan en mi piel, luego chupa con ganas, dejando besos agresivos que marcan cada centímetro de mis hombros y clavícula. Mient
—Más duro… —ruego con la voz entrecortada—. Más, Artem, dame más. Con un movimiento feroz, me estampa contra la pared, sus dedos enredándose en mi cuello mientras me besa con furia. La presión de su mano me deja sin aliento, y el ahogo mezclado con la intensidad de sus embestidas me lleva al límite