La ceremonia de inauguración era un espectáculo de lujo y poder. La iluminación perfectamente diseñada resaltaba la arquitectura imponente del edificio que Lisandro y su socio habían levantado con meses de esfuerzo y estrategias bien estructuradas.La música suave se deslizaba por el aire, combinándose con el sonido de las conversaciones animadas y las risas contenidas de los asistentes, todos vestidos con su mejor atuendo, irradiando confianza y ambición. Era una noche de celebración, de éxitos, de alianzas y de promesas de futuros aún más prósperos. Y en medio de todo ese ambiente de negocios, inversiones y reconocimientos, Valeska se sentía como una pieza ajena, una figura inesperada dentro de aquel mundo al que Lisandro pertenecía con tanta naturalidad.Desde el momento en que había llegado, todos los ojos se posaron sobre ella con un interés particular, con miradas inquisitivas que no se molestaban en disimular su curiosidad. No tardó en darse cuenta de por qué.A cada paso que d
El ambiente de la inauguración seguía impregnado de ese aire de celebraciones formales, donde la gente hablaba de negocios con sonrisas y elogios estratégicos. Pero para Valeska, la noche se estaba convirtiendo en un terreno minado de emociones, encuentros incómodos y verdades a medias que parecían acecharla desde cada esquina. Y ahora, frente a ella, con esa mirada de desprecio apenas disimulada, se encontraba Halley.La presencia de la mujer siempre le había resultado incómoda, pero esta vez había algo diferente en su postura, en la forma en que su mirada chispeaba con una mezcla de ira y satisfacción perversa. Valeska reconocía ese tipo de resentimiento, uno que se había cocinado a fuego lento durante demasiado tiempo y que, al encontrar la oportunidad adecuada, estallaba sin restricciones.—Vaya, vaya… —la voz de Halley resonó con un tono burlón, su sonrisa ladeada denotó un deleite cruel—. No puedo creer que te atrevas a aparecer en un evento como este, tan campante, como si no h
El aire de la noche era fresco, la leve brisa revolvía el cabello de Valeska mientras salía del edificio con el fin de alcanzar a Theo. Sus pasos eran decididos, pero su mente seguía debatiéndose entre razones y sentimientos.No tenía por qué seguirlo, esa no era su obligación, no tenía por qué entregarle su abrigo de manera personal, pero algo en su interior se resistía a simplemente dejarlo ir así sin más.Theo, al escuchar unos pasos, se giró, su rostro reveló un poco de sorpresa al ver a Valeska. Durante una milésima de segundo, sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa, como si su presencia le trajera un alivio momentáneo. No obstante, esta se desvaneció con rapidez, dejando ver esa expresión vacilante que la perseguía desde el día en que se habían distanciado.Sin decir nada, Valeska extendió la prenda en dirección de Theo, quien la tomó con un poco de urgencia.—Gracias —dijo con un tono bajo de voz, el suficiente como para delatar su incomodidad.Ella no dijo nada, solo se
La pregunta de Valeska se instaló en el aire como un peso imposible de ignorar.Lisandro, quien siempre había sido un hombre de respuestas rápidas y estrategias infalibles, se encontró por primera vez sin palabras. Nunca había titubeado, nunca se había permitido la indecisión. Su mundo estaba construido sobre cimientos firmes de determinación y control. Sin embargo, frente a ella, con su mirada expectante y vulnerable, se sentía como un impostor dentro de su propia piel.Hasta ese momento, toda su existencia se había centrado en una única meta: venganza. Cada uno de sus movimientos había sido calculado para destruir a Theo, para hacerle pagar por lo que había hecho. Nunca se había permitido pensar en lo que vendría después. Nunca había contemplado la posibilidad de una vida más allá del odio.Pero entonces llegó Valeska.Ella, con su intensidad desconcertante, su manera de desafiarlo sin miedo, su capacidad para deslizarse entre sus grietas y hacerlo dudar de todo.Siendo sincero cons
La relación entre Valeska y Lisandro se había convertido en un laberinto sin salida.Cada conversación terminaba en malentendidos, cada mirada estaba cargada de emociones que ninguno de los dos se atrevía a verbalizar. Las palabras parecían inútiles cuando el resentimiento y el miedo seguían enredados entre ellos como espinas invisibles.Al día siguiente, Valeska despertó con el pecho oprimido, con esa sensación sofocante de estar atrapada en un lugar donde el aire se volvía denso y pesado. No podía seguir así. Necesitaba salir, alejarse de aquella casa que empezaba a sentirse más como una prisión que como un hogar.Se arregló rápidamente y se dirigió hacia la puerta, pero justo cuando su mano se posó en el pomo, Lisandro apareció al final del pasillo.Su expresión era seria, con ese aire imponente que siempre lo rodeaba, pero sus ojos revelaban algo más. Algo parecido a la preocupación.—¿A dónde vas? —preguntó con tono seco, aunque en realidad lo que quería decir era quédate.—A des
El suave pitido de la máquina de monitoreo era el único sonido que rompía el silencio en la habitación.Valeska observó el rostro de su madre con una mezcla de alivio y ansiedad. Había esperado este momento durante tanto tiempo, y ahora que finalmente estaba aquí, una parte de ella se sentía como una niña pequeña que solo quería abrazarla y llorar hasta quedarse sin fuerzas.—Mamá… —Su voz tembló, reflejando el torbellino de emociones que la atravesaba.Su madre, Rosmery, parpadeó lentamente, aún recuperándose de la somnolencia inducida por el coma. Sus ojos recorrieron la habitación con curiosidad antes de posarse en su hija.—Has cambiado —susurró con una sonrisa débil, levantando una mano temblorosa para acariciar su mejilla—. Mi niña… te ves cansada.Valeska soltó una risa ahogada y tomó la mano de su madre entre las suyas.—Tú despertaste de un coma y eres tú quien se preocupa por mí —bromeó, pero la emoción en su voz la delataba.Su madre sonrió con ternura antes de fruncir lige
El amanecer llegó con una luz pálida que se filtró por las cortinas de la habitación, pero Valeska apenas la notó. Su cuerpo se sentía pesado, como si la energía la hubiera abandonado por completo durante la noche.Intentó incorporarse, pero un mareo repentino la obligó a apoyarse contra el colchón. Un escalofrío recorrió su espalda, y el malestar en su vientre se intensificó con un dolor sordo y constante.No podía ignorarlo.Sabía que el estrés del día anterior le había pasado factura, pero no imaginó que su cuerpo reaccionaría de esa manera. Respiró hondo, tratando de calmarse; no obstante, la sensación de opresión en el pecho no desapareció.Sabía que necesitaba ayuda. Tomó su teléfono con manos temblorosas y marcó el número de Oliver.—¿Valeska? —La voz de Oliver sonó alerta al otro lado de la línea.—No me siento bien —susurró con debilidad—. ¿Podrías ayudarme?—Voy en camino.No pasaron más de cinco minutos antes de que Oliver llegara a su habitación. En ese corto tiempo, Vales
La habitación del hospital estaba sumida en un silencio espeso, solo interrumpido por el sonido constante del monitor cardíaco y el leve murmullo de las voces en los pasillos. Valeska se acomodó en la cama con esfuerzo, tratando de encontrar una postura que aliviara el peso que sentía en su vientre y el cansancio que le calaba los huesos.Lisandro permanecía de pie junto a ella, con los brazos cruzados y una expresión inescrutable. Aunque su postura parecía relajada, Valeska podía notar la tensión en su mandíbula y el sutil fruncimiento de su ceño.—¿Cómo te sientes? —preguntó finalmente, con voz baja.—No tienes que preocuparte tanto. Estoy bien. —le dedicó una leve sonrisa, aunque sin mucha emoción.—Después de lo que pasó ahí afuera, dudo que sea así.—Theo no me importa tanto, Lisandro. Te lo juro.Sus palabras parecieron aliviar un poco la dureza en la expresión de Lisandro, aunque no del todo. Asintió con lentitud, como si analizara la veracidad de su respuesta.—Está bien —murm