MarinaLa odio, odio a la lagartona de Renata. Odio tener que bajar la cabeza cuándo me humilla.Odio no tener voz…Estoy sentada en mi habitación, abrazando mis rodillas contra el pecho. La humillación todavía me arde en la piel. He soportado muchas cosas desde que llegué aquí, pero que Renata me tratara como si fuera basura, que me hunda cada vez con sus comentarios y sus peticiones estúpidas mientras Salvador no hacía nada me caló hondo. Lo hace porque creí que ya había superado eso, creí que había podido librarme del monstruo que quería destruirme, pero resulta que ahora no solo tengo uno, tengo dos.Intento concentrarme en otra cosa, pero los recuerdos insisten en arrastrarme hacia atrás.Torturandome, haciendo que recuerdo todo lo que me ha costado años enterrar, todo lo que creía haber superado, pero parece que no es así. Puedo ver a la pequeña niña, arrodillada en el suelo de nuestra diminuta casa, recogiendo los fragmentos de un vaso roto. Mi padre, *oliendo a alcohol y
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