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Todos los capítulos de Eleonora, La Reina Rebelde : Capítulo 21 - Capítulo 30
43 chapters
Cap 21. Angustia
Alejandro y su tropa retoman el camino. La brisa de la madrugada es fría, y el cielo, teñido de tonos violáceos y anaranjados, anuncia un día despejado. Sin embargo, la tranquilidad del paisaje contrasta con la tensión que se respira en el grupo. El Rey cabalga al frente, con la vista fija en el horizonte. Su armadura, aunque ligera para el viaje, resplandece con los primeros rayos del sol. A su lado, el comandante Fernández, un veterano con cicatrices de múltiples batallas, le informa sobre el progreso del trayecto. —Si el clima se mantiene favorable, podríamos recuperar un día de los que perdimos en el camino —dice el comandante—. Pero aún hay zonas que no conocemos del todo bien. Alejandro asiente sin apartar la mirada del sendero. —No podemos arriesgarnos a otra emboscada. Anoche perdimos dos hombres y varios más resultaron heridos. Debemos mantenernos alerta. A sus espaldas, los soldados cabalgan en formación. Algunos conversan en voz baja, otros revisan sus armas o beben de
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Cap 22. El camino de regreso
El viento helado silba entre los árboles mientras Alejandro y su ejército avanzan con cautela por el estrecho sendero del bosque. La luna, oculta tras gruesas nubes, apenas ilumina el camino, y la única certeza que tienen es que más adelante los espera el enemigo. Uno de los exploradores regresa al galope, su respiración agitada por la carrera. —Majestad, los hemos avistado —informa con voz tensa—. Se han fortificado en la colina y nos esperan. Están preparados. Alejandro aprieta la mandíbula. Lo habían anticipado. Aquel grupo no era una patrulla desorganizada; habían previsto su llegada y los aguardaban con estrategia. —¿Cuántos son? —pregunta con calma, aunque la tensión se refleja en su mirada. —Al menos el doble de los nuestros, mi señor —responde el explorador—. Y han colocado obstáculos en el sendero. Alejandro evalúa la situación rápidamente. Podrían rodearlos, pero eso implicaría adentrarse más en el bosque y arriesgarse a otra emboscada. Podrían atacar de frente, pero e
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Cap 23. Regresando al hogar
Mientras Alejandro se debatía entre la vida y la muerte, en el palacio, Eleonora vivía su propia agonía. *La noche anterior* El viento sopla con fuerza esta noche, haciendo crujir las ventanas del palacio. Las velas parpadean con nerviosismo, proyectando el sentir de la reina. Eleonora camina inquieta por su habitación, incapaz de encontrar reposo. Un mal presentimiento la consume. Desde que Alejandro partió, ha pasado muchas noches en vela, preocupada por él. Pero esta angustia es diferente, más punzante, más cruel. Siente como si algo invisible le oprimiera el pecho, como si el aire mismo se negara a entrar en sus pulmones. Se abraza a sí misma, intentando calmar los temblores que la recorren. —Majestad… —Julie, su doncella de confianza, la observa con preocupación—. Por favor, tratad de descansar. No habéis dormido bien en semanas. —No puedo, Julie —susurra Eleonora con voz quebrada—. Algo está mal. Lo siento en mi alma. Se sienta en el borde de la cama y s
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Cap 24. El reencuentro
El sol se alza sobre el reino, pero la luz de la mañana no disipa la ansiedad de Eleonora. Desde que despertó, ha permanecido en el balcón de sus aposentos, observando el horizonte con el corazón encogido. La espera se ha vuelto insoportable; su cuerpo y su alma exigen respuestas. Los días han sido una tortura. Ha rezado hasta que sus labios se han secado, ha llorado hasta que sus ojos han ardido. Sabe que Alejandro es fuerte, que es un guerrero formidable, pero el temor de perderlo no la ha abandonado ni un solo instante. Un golpe en la puerta la hace girar de inmediato. Julie entra, su rostro iluminado por una sonrisa contenida. —Majestad… ha llegado un mensajero. Eleonora siente un vuelco en el pecho. Da un paso al frente, temiendo preguntar. —¿Qué noticias trae? Julie se apresura a acercarse, la emoción contenida en su mirada. —El rey… —sus ojos brillan—. Está bien y viene de regreso. El aire abandona los pulmones de Eleonora de golpe. Durante días ha vivido con la angusti
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Cap 25. De vuelta en el palacio
El carruaje avanza lentamente por el camino empedrado, rodeado por la escolta real. En el interior, Alejandro se recuesta contra los cojines, su cuerpo aún agotado por la fiebre y el veneno de la serpiente. Aunque la curación ha sido rápida gracias a los remedios de Brígida, todavía siente el peso de la batalla en cada músculo.Eleonora no se separa de su lado. Tras el primer abrazo que compartieron al reencontrarse, ella ha permanecido junto a él en el carruaje, observándolo con el ceño fruncido, como si temiera que desapareciera en cualquier momento.—Deberías descansar —murmura ella, posando una mano sobre su brazo.Alejandro entreabre los ojos y la observa con una leve sonrisa cansada.—He pasado demasiado tiempo inconsciente —responde con voz ronca—. Prefiero verte a ti.Eleonora sacude la cabeza con suavidad, sin apartar la mirada de su rostro.—Podrás verme todo lo que quieras cuando lleguemos al palacio, pero ahora necesitas recuperar fuerzas.Brígida, que ha permanecido en si
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Cap 26. Declaración
Alejandro se ha recuperado rápidamente gracias a los cuidados de Eleonora y a los remedios de Brígida. Su piel ya no luce tan pálida, y la fuerza ha vuelto a sus movimientos. Ahora está sentado en un sillón junto al fuego, con una copa de vino en la mano, mientras la observa con atención. Eleonora ha estado postergando este momento. No quería preocuparlo mientras estaba débil, pero ahora que ha recobrado su energía, no puede ocultarlo más. —Debo contarte algo —dice ella, sentándose frente a él. Alejandro frunce el ceño de inmediato. —¿Qué ocurre? Eleonora respira hondo antes de hablar. —Mientras estabas fuera, hubo una revuelta en el pueblo. Él se endereza en su asiento, dejando la copa a un lado. —¿Una revuelta? —El parlamento aprobó nuevas medidas que oprimían aún más a los ciudadanos. Aumentaron los impuestos y castigaron con severidad a quienes no podían pagarlos. Cuando la gente salió a protestar, enviaron soldados a reprimirlos… con violencia. Alejandro aprie
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Cap 27. Deseo
El silencio de la alcoba se rompe solo por la respiración entrecortada de ambos. Eleonora, aún temblando por la intensidad de la confesión de Alejandro, da un paso atrás sin apartar los ojos de los suyos. Su pecho sube y baja con agitación, su mente aún intenta procesar la magnitud de sus palabras:"Me enamoré de ti."Pero no quiere palabras ahora. Quiere demostrarle que su amor es mutuo, que ha esperado demasiado para entregarse a él, para dejar que la pasión contenida los consuma hasta la última fibra de su ser.Con la mirada fija en la de Alejandro, Eleonora desliza sus manos hasta los lazos de su vestido y comienza a deshacerlos con calma. La tela cede poco a poco, aflojándose, resbalando sobre su piel hasta deslizarse completamente por su cuerpo, cayendo a sus pies en un susurro de seda.Alejandro la observa con los labios entreabiertos, la sorpresa pintada en su rostro, pero sobre todo el deseo, crudo y profundo, reflejado en la intensidad de su mirada.Eleonora, completamente d
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Cap 28. Murmullos
Los primeros rayos de sol se filtran por los ventanales de la alcoba real, iluminando los rastros de la noche pasada. Las sábanas están revueltas, el dosel levemente descorrido, y la fragancia de Alejandro aún impregna el aire.Eleonora despierta con la sensación del cuerpo de su esposo aún enredado con el suyo. Se gira lentamente y lo encuentra dormido a su lado. Su rostro luce sereno, más relajado de lo que jamás lo ha visto. Su respiración es pausada, su pecho sube y baja con calma, y su cabello oscuro está ligeramente desordenado.Sonríe al verlo así. Pasa la yema de los dedos por la línea de su mandíbula con una ternura que antes solo se permitía en sus pensamientos. Apenas puede creer que, después de tanta espera, finalmente se han entregado el uno al otro.Pero entonces recuerda que debe ser discreta. No quiere que la noticia de su unión se convierta en el murmullo de la corte antes de que ellos mismos decidan hacerlo público.Con cuidado, se desliza fuera de la cama y busca su
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Cap 29. Felicidad
La noticia se esparce como el fuego en un campo seco. No hace falta que nadie lo anuncie; basta con las miradas cómplices, los susurros en los pasillos y la atmósfera cargada de algo nuevo, algo que hace mucho no se siente en palacio: esperanza. Y así es como la Reina Madre lo sabe. Desde temprano, la Reina Madre nota el brillo en los ojos de su hijo cuando lo ve en el desayuno. Alejandro siempre ha sido un hombre contenido, pero esta mañana hay en él una ligereza en los gestos, una serenidad en la mirada… una felicidad que no se puede ocultar. Cuando Eleonora entra en el salón, los ojos de la Reina Madre pasan de su hijo a su nuera, y lo que ve termina de confirmar sus sospechas. Eleonora también irradia algo diferente: una suavidad en la expresión, una paz que se mezcla con un destello de emoción oculta. La Reina Madre, con toda la dignidad de su posición, se mantiene en calma durante el desayuno, pero en cuanto Alejandro se retira para atender asuntos del reino, no puede con
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Cap 30. Rendición de cuentas
El gran salón del Parlamento está repleto. Los miembros de la asamblea ocupan sus respectivos lugares, algunos con la expresión tensa, otros con el rostro impasible. Pero todos guardan silencio cuando las puertas se abren con fuerza y la imponente figura del rey Alejandro aparece en el umbral. A pesar de su reciente recuperación, su sola presencia es abrumadora. Su porte regio, la mirada fría como el acero y la severidad en su expresión provocan un escalofrío en más de uno de los presentes. Los consejeros y nobles se ponen de pie en señal de respeto, pero Alejandro no les concede ni un instante para sus falsos honores. Sus pasos resuenan en el suelo de mármol mientras avanza hasta el centro de la sala. —Majestad —se atreve a hablar uno de los hombres—, es un alivio veros sano de nuevo. Alejandro ni siquiera parpadea. —Me hubiese aliviado más regresar a un reino en paz —responde con frialdad—. Pero en mi ausencia, os habéis tomado demasiadas libertades. Un murmullo inquieto recor
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