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Todos los capítulos de Danza con el Diablo: Capítulo 31 - Capítulo 40
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Los demonios de su pasado
Contando con que Alina estaba descansando, Viktor contemplaba el exterior desde la ventana de la sala de estar de su ático cuando su teléfono vibró en su bolsillo. La voz de Grison, su hombre de confianza, fría y calculadora como siempre, le transmitió la información que había estado esperando.—Hemos encontrado una pista. El hombre que ordenó el secuestro de Alina dejó un rastro. Es hora de actuar.La noticia lo estremeció. Sus músculos se tensaron y su mandíbula se endureció. No podía permitirse dudar. Se giró hacia la puerta de la habitación donde reposaba Alina. Caminó hasta ella y la abrió con cuidado para comprobar que ella aún dormía plácidamente en la gran cama, su silueta estaba iluminada por la tenue luz que entraba por las cortinas. Se había asegurado correr las cortinas minutos atrás cuando volvió y la encontró sumida en un sueño profundo. Ingresó en silencio a la habitación. Por un instante, contempló su fragilidad, su respiración acompasada, y un atisbo de algo desconoci
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Una falsa esperanza
La penumbra envolvía la habitación con una falsa sensación de intimidad. Las cortinas gruesas filtraban la luz de los faros del jardín, dibujando sombras en las paredes de terciopelo oscuro. Alina estaba sentada en el extremo del sofá de cuero negro, con las manos sobre su regazo, los dedos entrelazados con demasiada fuerza. Sentía el latido acelerado de su corazón en la garganta, pero se obligó a mantener la compostura. Debía mostrarse tranquila. Si quería salir de aquella jaula de oro, debía jugar bien sus cartas.La sensación de derrota aún pesaba sobre ella. Desde su intento fallido de escapar y al darse cuenta de que estaba sola, se había refugiado en la habitación, abrazando la desesperación que la asfixiaba poco a poco. Sumergida en sus pensamientos, las horas pasaron sin que lo notara, hasta que un sonido rompió el silencio del ático.El estruendo de la puerta principal al cerrarse de golpe la hizo sobresaltarse. Un escalofrío recorrió su espalda. Si había algo que sabía de Vi
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Entre el miedo y la entrega
El aire en la habitación se volvió espeso, cargado de una tensión insoportable. Viktor la observaba con una intensidad que la paralizaba, con ese brillo oscuro en los ojos que la electrizaba, uno que nunca antes había visto tan descontrolado. Alina sintió su piel arder bajo su mirada, haciéndola sentir una mezcla de miedo y algo más vibrando en sus venas.Para ese momento vestía solo la lencería que había quedado expuesta tras haberle arrancado la camisa y el short de tela que simulaba el jean que llevaba puesto, y la vulnerabilidad de su estado no hizo más que encender algo primitivo en Viktor. Algo que llevaba demasiado tiempo conteniendo.La rabia lo consumía, ardía en su interior como un incendio imposible de sofocar. No haber podido acabar con el hombre que se atrevió a desafiarlo al ordenar el secuestro de Alina lo atormentaba, era una herida en su orgullo que exigía ser sanada con sangre. Pero, en lugar de canalizar esa furia con violencia, su instinto lo llevó hacia ella.Alin
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¿Castigo o placer?
Sin necesidad de palabras, la hipnotizó. La atrapó en la intensidad de su mirada, obligándola a hundirse en el azul profundo de sus ojos, a un abismo de deseo insaciable que la envolvió sin escapatoria. Alina sintió cómo el control se le escapaba, cómo su cuerpo respondía a él de una manera que jamás había experimentado. Su respiración se volvió errática cuando la mano de Viktor se deslizó con una posesión absoluta hasta su pecho desnudo, rozándolo con la suavidad de una caricia inicial, un roce que apenas anticipaba lo que estaba por venir.Sus dedos comenzaron a trazar círculos lentos y calculados alrededor de su aureola, enviando oleadas de placer a través de su piel. Era una sensación nueva, abrumadora, algo que jamás había sentido en su vida. Su cuerpo reaccionó de manera instintiva, sin que su mente pudiera procesarlo, obligándola a arquearse hacia atrás. No pudo sostenerle la mirada; no por miedo, no por rechazo, sino porque su propia carne se rendía ante él. Cerró los ojos, y
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La prisión de su cuerpo
¿En qué momento perdió la conciencia de su nueva realidad?No supo. Todo sucedió demasiado rápido, demasiado intenso, demasiado abrumador. Viktor no le concedió un instante de tregua, no le permitió detenerse a pensar en lo que ocurría, en lo que él le estaba arrebatando. La devoró con su deseo, la poseyó como si fuera suya desde el principio de los tiempos. Como si ella jamás hubiera tenido elección.Ahora, al despertar, sentía que algo dentro de ella se había roto.Abrió los ojos y se encontró con la oscuridad de la habitación. Las gruesas cortinas bloqueaban la luz de la mañana, aislando el cuarto del mundo exterior. se sintió asfixiada. Daba una sensación de cautiverio, sombra y de pertenencia. Todo en ese entorno le recordaba que su destino ya no le pertenecía.No recordaba en qué momento se quedó dormida. Solo fragmentos de sensaciones difusas acudían a su mente: orgasmos, placer, arrebato, su lengua por su cuerpo, sus ojos observantes a sus reacciones, su risa demoniaca y de sa
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Sueños enredados con su sombra
Dos días con sus noches habían transcurrido desde aquella primera vez, y Alina seguía sumida en una espiral de frustración y rabia. Se sentía atrapada, prisionera de una vida que nunca había elegido. Su enojo no solo estaba dirigido hacia Viktor, sino también hacia sí misma por la impotencia de su situación. La opulencia que la rodeaba contrastaba dolorosamente con el vacío que crecía en su interior, un abismo que parecía no tener fin.Viktor había impuesto su voluntad sin margen para la negociación. La obligó a mudarse a la habitación principal, a rodearse de su esencia, a usar sus sudaderas impregnadas de su loción. El aroma, amaderado con toques de bergamota y cuero, no le resultaba desagradable, de hecho, su olfato lo encontraba casi reconfortante, pero lo que la enfurecía era la imposición detrás de cada uno de sus gestos. No había opción en su mundo, no había espacio para dudas o concesiones. Él decidía, él dominaba, él poseía. Y Alina no tenía más remedio que soportarlo.Sus ca
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El eco de su poder
Avergonzada, ingresó al interior de la academia. A pesar de haber caminado ese pasillo cientos de veces, esta vez sentía que todos los ojos estaban sobre ella. El murmullo de las conversaciones a su alrededor parecía aumentar con cada paso, como si su regreso despertara un sinfín de especulaciones.Se dirigía hacia la oficina de la dirección cuando una voz femenina la llamó desde el pasillo.—¡Alina! —Era Marisel Gauti, una rubia alta y de complexión atlética, quien se acercó con una sonrisa sincera en el rostro.Alina se detuvo, sin saber exactamente cómo reaccionar. No estaba preparada para preguntas ni para enfrentar la curiosidad de los demás.—¡Qué bueno ver que estás bien! Todos nos preocupamos cuando desapareciste del teatro. No saber de ti fue angustiante.Alina esbozó una sonrisa tensa.—Eh… hola —respondió con timidez—. Gracias.Pero Marisel no estaba dispuesta a conformarse con una respuesta vaga.—¿En realidad qué te sucedió? ¿Es cierto que te secuestraron? Se dijeron tant
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El umbral del dolor
Pasados unos minutos, mientras se mantenía con la mirada pegada al césped, Alina se vio sorprendida con un sacudón que estremeció su cuerpo. Su corazón se aceleró de pronto. Un simple gesto que en el pasado entre ella y Laura pudiera pasar como una broma, para Alina fue motivo de alteración; se puso nerviosa. Después del secuestro quedó sensible, y no era para menos.El recuerdo de los hombres que rodeaban la cama donde la mantenían cautiva, con apenas un veinte por ciento de discernimiento, aunado a las palabras intimidantes que constantemente usaban para infundirle temor, quedó grabado en su subconsciente. Su respiración se tornó errática y sus manos temblaron. Apretó los puños con fuerza, intentando aferrarse a la realidad y no dejarse arrastrar por los fantasmas de su mente.—Ay, ¿qué te pasa? —le preguntó Laura al ver que se encogía en sí misma como esperando una reacción agresiva.Al escuchar la voz de su amiga, Alina se recompuso lentamente. Sus ojos, cubiertos de una sombra de
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La justicia de un depredador
Afuera, Laura sintió un escalofrío recorrerle la espalda cuando el desgarrador grito de Alina resonó en el aire. Su instinto la impulsó a correr hacia la casa, pero antes de dar un paso, una mano firme se posó con fuerza sobre su hombro, deteniéndola en seco.Se giró bruscamente, con la adrenalina recorriéndole las venas, y su mirada se encontró con unos ojos azules pero tan helados como el acero. Viktor.El hombre las había seguido desde la academia sin que ninguna lo notara, sumidas en su conversación y en sus propios pensamientos ni cuenta se dieron. Ahora estaba ahí, más sombrío que nunca, con una expresión pétrea que apenas contenía la tormenta de ira que se acumulaba en su interior.—Fue ella —murmuró Viktor, su voz grave impregnada de veneno.Antes de que Laura pudiera reaccionar, él llevó una mano a la parte baja de su espalda y desenfundó un arma plateada. El brillo del metal a la tenue luz de la calle le hizo contener el aliento.Laura sintió su corazón volcarse dentro del p
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¿Depredaror o protector?
—Ella va con nosotros —dijo Alina con firmeza, aunque su voz tembló levemente.Viktor no respondió al instante. Desde su asiento al volante, observó a Laura a través del retrovisor. Su rostro, inmutable, no delataba emoción alguna, pero tras un largo segundo, suspiró.—Que termine de entrar y tú te vienes para acá —ordenó. Dio una palmada sobre el asiento del copiloto sin apartar la mirada del espejo.Laura no esperó una segunda indicación. Con un leve empujón, urgió a Alina a moverse. Alina tragó saliva y obedeció, cerrando la puerta tras de sí con un chasquido seco. La duda la asaltó por un instante antes de rodear el auto y ocupar su nuevo lugar junto a Viktor.Tan pronto tomó asiento, el hombre alzó la mano y, con una suavidad desconcertante, deslizó los dedos por la piel enrojecida de su mejilla. El contacto fue apenas un roce, pero bastó para helarle la sangre y hacerla estremecer. Su primer instinto fue apartarse, pero su cuerpo no respondió. En cambio, sus párpados descendieron
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