Capítulo cuarenta y dos: El nuevo apartamento.
Me sentí mareada por un instante, pero me recuperé con rapidez. Los empleados dejaron mi nueva mesa en el comedor. Era negra, pulcra. Me gustaba el nuevo apartamento que compré, era estético, pequeño (comparado a los lugares a los que estaba acostumbrada). Y era bonito. No importaba que tan grande o pequeño fuera, lo importante era como lo decoraría y como mantendría limpio este lugar. Me tomó dos días conseguir el apartamento que quería y cambiar a la agente de bienes raíces. El resultado me gustaba. Era un apartamento en el segundo piso, con cocina, comedor, sala, tres habitaciones y dos baños. No sé para qué necesito las otras dos habitaciones, pero sé que le encontraré un uso en el futuro.―Vaya, está quedando bien ―exclamó Austin, paseando por el comedor. Sus piernas eran largas y sus pasos también, no le costaba nada llegar de un extremo de la estancia a otro―. Acogedor, supongo. ―Supones bien. Me gusta. Y me tomé mi tiempo en elegir los muebles y la cama. Esta última Aust
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