Luciana sintió el calor de Alexander envolviéndola mientras el beso se intensificaba, cada caricia, cada roce, llevando consigo la verdad que habían negado durante tanto tiempo. Por fin, después de semanas de tensión, miedo e indecisión, no había más palabras.Solo ellos.Alexander deslizó sus manos con suavidad por su cintura, acercándola más, como si temiera que si la soltaba, ella desaparecería. Pero esta vez, Luciana no iba a huir.Porque esta vez, estaba segura.Cuando sus labios se separaron, ambos quedaron sin aliento. Sus frentes apoyadas una contra la otra, con los ojos entrecerrados y los corazones latiendo como si quisieran alcanzarse.—Dime que esto es real —susurró Alexander, con voz ronca, como si aún dudara de lo que estaba sucediendo.Luciana sonrió, acariciando su rostro con ternura.—Lo es. Siempre lo fue. Solo que ahora estamos listos para aceptarlo.Alexander la miró con intensidad, su pulgar recorriendo suavemente su mejilla.—¿Segura?Luciana asintió sin dudar.—
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