Finalmente, el auto se detuvo en la entrada del complejo. Afortunadamente, solo había invitados para la ceremonia y periodistas, Aitana no vio a nadie de la empresa.Mientras estaba concentrada revisando la entrada, sintió de repente un calor en su oreja, un aliento cálido que le rozaba la oreja y el cuello, impregnado con el aroma de Thiago. Giró la cabeza sobresaltada, conteniendo la respiración. El rostro de Thiago estaba tan cerca que cuando ella volteó, sus labios casi rozaron su mejilla y la comisura de sus labios.Su aliento ardiente le acariciaba el rostro, dejándola aturdida. Estaban tan cerca que podía ver sus ojos a través de los lentes. En su mirada había un destello de ardor, no era su imaginación. Parecía atrapada en esos ojos profundos, incapaz de apartarse, mirándose fijamente, absorbida por su mirada. Sus respiraciones se entremezclaban mientras el corazón de Aitana latía con fuerza.—Thiago, ¿qué pretendes? —murmuró.—Desabrochar el cinturón —respondió con naturalidad
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