CROWNo la había visto en días. No porque no pudiera, sino porque no me daba la m*****a gana. Sabía exactamente lo que estaba haciendo: dejando que se pudriera en su propia terquedad, esperando a que se quebrara por su cuenta.Quella piccola diavola era una mocosa obstinada. Y eso solo hacía todo más interesante.Cuando entré a la habitación, el hedor a encierro y piel sudorosa me recibió de inmediato. En este momento es sutil, pero está ahí. Un recordatorio de cuánto tiempo llevaba en este agujero sin ser sacada.Mis ojos recorrieron su cuerpo con detenimiento, evaluando su estado. Está más delgada. Sus muñecas, aún atadas a la cabecera de la cama, muestran las marcas de la presión de las cuerdas. Su ropa, la misma con la que llegó, está sucia, arrugada, con manchas de sudor, polvo, incluso sangre seca. Su cabello rubio está enmarañado, cayendo en mechones desordenados alrededor de su rostro, y sus labios, secos y partidos, apenas ocultan la firmeza de su mandíbula.Una pequeña sonris
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