Capítulo 5
Tatum está sentado en la cama de Carmela en la oscuridad, con ella sobre sus piernas y su cabeza descansando tranquilamente sobre su pecho, con uno de sus brazos alrededor de su cintura mientras el otro recorre lentamente su pelo arriba y abajo.

Como su actual Luna y portadora de su marca, el enlace mental le da a Leila acceso a todos los sentidos físicos de Tatum, pero lo que ve en su visión le paraliza el corazón, obligándola a que las lágrimas que ha estado conteniendo corran por la comisura de sus ojos.

Cualquier esperanza que tuviera de significar algo para él se hace añicos al instante y un dolor insoportable la atraviesa.

Una sonrisa de dolor se curva en los labios de Leila y está a punto de cortar el enlace mental cuando la voz de Tatum irrumpe en su cabeza.

‘¿Qué pasa?’.

La frialdad de su voz la hiere aún más que la imagen de su visión. Es como si este hombre no sintiera absolutamente nada más que irritación hacia ella desde que Carmela regresó.

Antes de que Leila pueda siquiera formar palabras en su cabeza, Carmela nota el brillo en los ojos de Tatum y adivina que es Leila en el enlace mental con él.

Ella salta de sus piernas, sabiendo que Leila puede oírla y verla a través de los sentidos de Tatum.

“Deberías regresar con tu esposa, Alfa. No pretendía alejarte de ella”, dice en tono lastimero, inclinando la cabeza.

“Por favor, perdóname, Leila… Es solo que me cuesta dormir sola. Dos años abandonada en una oscura habitación confinada me hizo… me hizo…”, empieza a jadear y llorar. Sus lágrimas caen en cascada por sus bonitos ojos marrones y se aprieta su top contra el pecho, exagerando su acto.

Tatum se levanta casi de inmediato y la abraza con fuerza.

“Shhh.... Ahora estás a salvo, cariño, nadie volverá a hacerte daño. Te lo prometo”, le dice con voz calmada y tranquilizadora mientras le pasa los dedos por su pelo rubio.

Leila frunce los labios y llora en silencio, viendo la intimidad entre su mejor amiga y su esposo. Siente lástima por Carmela, quien se sacrificó por ella hace años, pero al mismo tiempo, la pérdida del hombre que ama le rompe el corazón.

Tiene que tomar una decisión imposible: una egoísta o una desinteresada; luchar por él o dejar que lo tenga.

‘Prepárale una habitación en la casa mañana, se mudará con nosotros’.

La voz cortante de Tatum le recuerda que la decisión no es suya, sino de él.

Leila resopla y se seca la cara con el dorso de las manos. Un dolor paralizante le apuñala el corazón y así, corta el enlace mental.

Solo tiene una opción, bueno, en realidad dos. Deshacerse del bebé y divorciarse, ésta nunca debió ser su vida.

“Tatum… por favor, ayúdame…”.

Leila lanza un suspiro de tristeza y abre los ojos. El espacio vacío a su lado en la cama le recuerda que su esposo pasó la noche con otra mujer en brazos. La pena y el vacío que siente en el corazón son palpables y aprieta los labios, prometiéndose a sí misma no dejar caer las lágrimas que se asoman por sus ojos.

Sabe lo que tiene que hacer. Tiene que poner fin a su miseria antes de que se vuelva demasiado miserable. Este dolor de pérdida que siente por lo que nunca fue suyo tiene que desaparecer, antes de que la consuma por completo.

Esta noche, ella dará el primer paso y le dirá que quiere el divorcio antes de que él se lo diga. No está segura de que su pobre corazón pueda soportar oír esas palabras de él, por mucho que lo espere, así que tomará la iniciativa y se ahorrará el dolor rechazándolo primero.

Abre el enlace mental pero lo cierra rápidamente. El momento íntimo de Alfa Tatum y Carmela vuelve a su memoria tan vívidamente como lo vio anoche, enviando una punzada de dolor a su corazón.

La forma en que sus brazos envolvían tiernamente a Carmela, la suavidad de su voz, el afecto en sus ojos mientras le hablaba, le dolió a Leila una y otra vez, pero tiene que recordarse a sí misma que ella es la impostora en este triángulo amoroso.

Se estremece y agarra el móvil de la mesita, pero se queda paralizada mirando fijamente el fondo de pantalla, con el corazón oprimido por el dolor y resopla, levantando la cabeza para no llorar, porque por muchas lágrimas que derrame, la enorme sonrisa del apuesto hombre que aparece en la pantalla de su móvil, es algo que nunca volverá a ver o, mejor dicho, algo que él nunca volverá a mostrar para ella.

[Buenos días. Cuando tengas algo de tiempo, hay algo de lo que quiero hablar], le manda un mensaje.

La puerta de la habitación se abre de repente y entra Alfa Tatum, haciendo que el corazón de Leila palpite con fuerza al verlo mientras se pregunta cuándo habrá vuelto.

Tatum echa un vistazo a su móvil y lo mete en su bolsillo, sosteniendo una taza de café caliente y mostrando su cuerpo desnudo con sus joggers colgando de su cintura mientras enseña de manera sexy cómo su forma de V adonis desaparece en ella. Leila desvía su mirada hacia otro lado.

“¿Querías hablar de algo?”, pregunta Tatum, acercándose a la cama y tendiéndole la taza de café, con los ojos recorriendo su figura.
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