✧✧✧ Durante el atardecer de ese día en Costa Rica. ✧✧✧ En los jardines de la casona, la brisa mecía lentamente las copas frondosas de los altos árboles cubiertos de musgos y vegetación. El cielo pintado de hermosos tonos naranjas y rosas que cautivaban la vista. Giovanni daba una caminata junto a su sobrino, que, a unos metros de distancia, corría con energía, sosteniendo la pequeña cámara en sus manos. El niño tenía sus cabellos oscuros despeinados por el viento, y se detenía cada tanto para enfocar una flor bañada por la luz naranja de la tarde, o una ave que volaba por el cielo. —¡Tío Giovanni! —exclamó Alessandro, deteniéndose justo frente a él mientras levantaba la cámara—. ¿Podemos caminar un poco más? Quiero tomar fotos de las flores de allá~ —señaló el niño con sus ojitos celestes brillantes de la emoción—. Hay algunas muy bonitas allá. Giovanni lo miró por un momento. Había algo en la inocencia de Alessandro que lograba suavizar su rostro, aunque fuera solo un poco.
—Lo siento… A veces se me olvida dejar de decirte "señor Andreotti"… —susurró la profesora Kathia con voz pausada, arrastrando las palabras mientras el sueño aún pesaba en su tono. La mujer bostezó, cubriéndose la boca con la mano—. Me siento todavía agotada… —¿Sí? Quizá deberías descansar más. He leído que hay mujeres embarazadas a las que les da mucho sueño. Debe ser normal. Pero cuando volvamos a Nápoles, lo consultaremos con la doctora Lombardi. Kathia lo miró, arqueando las cejas con sorpresa. "¿Ha leído…?" Una idea descabellada cruzó por su mente, una que ella misma quiso descartar en el mismo instante. "¡No! ¡Es imposible que él se haya puesto a investigar sobre mujeres embarazadas y esas cosas! ¿Por qué haría algo así? Estos bebés ni siquiera son suyos… y esto… esto no es una relación real… No es su responsabilidad…" Negó con la cabeza varias veces, como si pudiera apartar esos pensamientos con un simple movimiento. Se obligó a retomar la conversación, aunque su voz son
El líquido de la copa, empapó el pantalón y la parte baja de la camisa manga larga negra de ese italiano. Él maldijo en voz baja mientras se levantaba de un salto, sacudiendo la tela húmeda. —¡Dios mío, lo siento muchísimo! —se apresuró a decir Kathia, dejando la bandeja a un lado, levantándose de la cama a prisas, y sacando unas toallitas de papel de su bolso, se acercó a su prometido—. Déjame ayudarte. Ella se inclinó hacia él, pero en el instante en que intentó secarlo, Giovanni atrapó su muñeca con una firmeza que la dejó inmóvil. —¡Ay! ¿Qué estás haciendo? —preguntó la mujer castaña, alzando la mirada. Sus ojos avellana se encontraron con los de él, esos ojos grises que parecían iluminarse bajo la tenue luz de las lámparas en la habitación. —No hace falta. No necesitas secarme. De todas formas, pensaba quitármelos. ¡¡Kathia abrió los ojos de par en par!! La imagen de Giovanni sin camisa cruzó por su mente, y su rostro se encendió en un rojo intenso. Bajó la mirada, nervio
Los labios de Giovanni se movían con una lentitud calculada, como si estuviera tomándose su tiempo para saborear esos carnosos y rojizos labios de su prometida. Cada roce hacía que el corazón de Kathia latiera con más fuerza, como si estuviera a punto de explotar… Sin poder resistirse más, sus labios comenzaron a responderle, encontrando el ritmo del beso. —Mmm~ —la mujer soltó un pequeño gemido, en una de las pequeñas pausas. Él clavó en ella sus ojos grises con intensidad, a la vez que subió más su pierna, ahora, su rodilla rozando deliberadamente la tanga de la profesora. Pero, antes de que ella pudiera decir algo… Él volvió a besarla. Ella no quería quedarse atrás, no quería parecer menos que él… La mano de Kathia subió con decisión hasta la nuca de Giovanni, sus dedos enredándose en su cabello mientras lo atraía más cerca, eliminando cualquier espacio entre ellos, y fue entonces cuando sus lenguas se encontraron, un roce cálido, húmedo, que hizo que ambos se estremecieran
Kathia estaba por quitarse el sostén, cuando… —¡Ah! —soltó un gritito, cuando ese hombre se movió en segundos y con gran facilidad, nuevamente tumbándola en la cama boca arriba. Sus manos atraparon las muñecas de Kathia, inmovilizándola contra el colchón. —Te lo advertí, hermosa. Jugar conmigo puede ser peligroso —sonrió él, viendo a la mujer en ropa interior. La mirada de Kathia lo recorrió, desde sus ojos grises cautivantes, hasta la erección visible en su boxer. Ella apartó la mirada en segundos, recordando cómo él la había tomado anteriormente, cómo se sentía… Kathia se ruborizó… Lo deseó dentro suyo, mordió su labio inferior levemente, pero, recordó que no estaba buscando ser dominada, y… volvió a mirarlo, esta vez desafiándolo, aunque su corazón latía desenfrenado. —No me asustas, Giovanni~ Él sonrió, una sonrisa que era a la vez seductora y peligrosa. —Eso es lo que me preocupa —murmuró más para sí mismo. Giovanni se inclinó hacia ella, su rostro a solo centímetros
Marina invitó a pasar a Stéfano Rinaldi y, al hacerlo, notó el frasco de pastillas que había dejado descuidadamente sobre la mesa. Se sintió culpable por su dependencia, así que, apresuradamente, lo tomó en sus manos, su mirada nerviosa buscando dónde guardarlo. —¿Gustas algo de beber? —le dijo con amabilidad nerviosa, mientras sus ojos seguían buscando, finalmente, viendo un mueble cercano. —Un café estaría bien. —¡Claro! ¡Tengo café! —exclamó Marina tratando de desviar la atención de lo que recién él vio. Pero, Stéfano, que observaba la escena con curiosidad, no pudo evitar hacer un comentario: —¿Tomando esas cosas de nuevo? —preguntó, con un tono entre la preocupación y el sarcasmo. Recordando su encuentro en la fiesta de compromiso de Kathia y Giovanni. Ella lo miró, frunciendo el ceño. —No son de tu incumbencia —replicó, nada contenta. Pero él no se detuvo. Con un movimiento ágil, se acercó a ella, acorralándola contra la pared—. ¡Hey! —gritó Marina. Pof~ Un pe
✧✧✧ Dos días más tarde. En el interior del avión privado del señor Andreotti. Rumbo a Italia. ✧✧✧ Alessandro, estaba dormido en un asiento reclinable, su pequeño rostro angelical iluminado por la luz suave del interior. Giovanni hizo un gesto hacia una de las servidoras del avión, que se acercó con una sonrisa. —Llévate a Alessandro a su habitación —dijo Giovanni, su voz demandante. La mujer asintió y con cuidado, tomó al niño en brazos. Alessandro se movió ligeramente, pero no despertó. Mientras la servidora salía, Kathia observó la escena. Y una vez quedó a solas con Giovanni: —¿Qué pasó después de la llamada de mi amiga, en el restaurante? —preguntó Kathia, su voz temblando ligeramente. La mujer no podía ocultar la curiosidad que la consumía. Durante los dos días en Centroamérica. Giovanni había evitado hablar del tema, solo le había mencionado que su amiga estaba bien. Giovanni se reclinó, cruzando los brazos sobre su pecho, y su mirada se volvió distante. —M
✧✧✧ Al día siguiente. En Nápoles. ✧✧✧ Era una mañana soleada, la luz dorada del sol se filtraba a través de las grandes ventanas de la biblioteca de la mansión del señor Andreotti. Kathia Cárter, sentada en un cómodo sillón, miraba a Alessandro con una sonrisa mientras el niño, con su energía contagiosa, hojeaba un libro de imágenes. —Mira Kathia, este es un dinosaurio muy feroz~ —exclamó Alessandro, señalando una ilustración colorida con sus ojitos celestes brillando de emoción—. ¿No sé ven terroríficos?, me gustan los animales feroces~ —reía el niño imitando con sus manitas y haciendo un sonido de "Grrr~" —Los dinosaurios son encantadores —respondió Kathia, disfrutando del entusiasmo del niño. La forma en que él absorbía la información la llenaba de alegría. No había nada más gratificante que ver su curiosidad florecer, y era uno de los motivos por los que felizmente estudió para profesora. —¿Y tú los has visto en museos de tu país, Kathia? —preguntó Alessandro, con su peq