17.

—Entonces... es normal— me levanto de la silla y cierro los ojos intentando asimilarlo. 

—Lo siento— escucho su voz, se levanta también y pone sus manos en mis hombros. —Si pudiera cambiar las cosas— me dice con tristeza mientras acomoda un mechón de cabello detrás de mi oreja.

—Solo no te compadezcas de mí— me alejo y camino hacia la puerta.

—No me compadezco, ni te tengo lástima, créeme— lo escucho detrás de mí, pero decido no voltear, simplemente me quedo estática con la mano en la manija de la puerta. —Eres una mujer fuerte, tu fuerza es tan grande como tu belleza, pero no puedo evitar sentir dolor al verte consumir así... tan joven, con toda una vida por delante.

—No sigas... por favor— le digo sin voltear, ¿cree qué no me duele a mí también?, ¿qué no mu

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