—Uno, dos, tres —la joven abrió los ojos y se encontró con la mirada de Dante, de pie frente a ella, su pecho desnudo brillando con las gotas de agua que escurrían sobre su piel. Apenas una toalla adornaba su cintura. Allison, algo aturdida, suspiró profundamente y se quitó el abrigo empapado, buscando una toalla para secarse, pero no la encontró. Había algo en la sonrisa de Dante, una chispa de malicia que escondía intenciones ocultas no dispuestas a ser reveladas. —¿Dante, no hay más toallas aquí? —preguntó sorprendida, pero él simplemente negó con la cabeza, su sonrisa extendiéndose con picardía. —Creo que no. Parece que tendrás que secarte con la misma toalla después de que la use yo primero —respondió mientras ella tragaba saliva, nerviosa. Sabía que el próximo paso sería incómodo, una prueba de valentía que afrontar sin escapatoria. Allison comenzó a despojarse de su ropa lentamente. Cada botón era un acto deliberado de rebeldía hacia la situación, pero se detuvo al notar la
—Dante, creo que ya es suficiente —dijo entrecortadamente, con las mejillas de un rojo intenso. Dante frunció el ceño, preocupado al notar su cara enrojecida. detuvo el columpio y Allison sintió tranquilidad. —Espera un segundo, tu cara... —señaló con inquietud.—Si preguntas por qué estoy roja, es normal. Siempre me sucede —afirmó Allison, algo apenada. Dante se acercó, sintiéndose protector, y la envolvió en un delicado abrazo desde atrás. Allison, aún sentada, sintió el calor de las manos de él —. Estoy bien, no te preocupes. Me pasa cuando estoy emocionada o cansada después de hacer alguna actividad física. —¿Hay algún otro secreto que no sepa de ti? —preguntó Dante, curioso por conocer más sobre ella.—En realidad, sí hay más. Soy alérgica a las fresas y también a las flores silvestres. Mi padre siempre cuidó de mí cuando vivíamos en la mansión. Agradezco que aquí no tengamos aquellas flores y solo haya rosas y tulipanes —le confesó con una sonrisa ligera. Dante asimiló esta in
—Señor Parker, qué grato es verlo hoy aquí. Pensé que era su día libre —indicó la mujer, pretendiendo que su comentario era casual, aunque su verdadera intención era descifrar quién era la mujer que Dante llevaba abrazada junto a él. Sin embargo, Dante le dirigió una mirada fría y continuó su camino sin molestarse en responder a lo que consideraba una pregunta sin sentido. Desconcertada pero no disuadida, Kerrie observó su movimiento con atención y se dirigió a paso firme hasta donde se encontraba Nathaniel, aún dentro de la oficina. Se acercó a él, decidida a resolver el enigma que la inquietaba, preguntó con una expresión de evidente desagrado: —Nathaniel, ¿quién es esa chica con la que estaba Dante? —su voz sonó insistente. Nathaniel levantó la cabeza rápidamente al escucharla, sus ojos reflejando sorpresa y algo de molestia. Con voz severa, le respondió: —¿Por qué haces preguntas que no te corresponde, Kerrie? —tronó Nathaniel, su voz retumbando en las paredes—. ¿Acaso lo que s
Después de haber recorrido el mar durante horas, Dante y Allison regresaron a casa. Era una noche tranquila, y el sonido relajante de las olas aún resonaba en sus oídos. Al llegar, Dante sintió una inquietud inexplicable y fue directo a su oficina. Quería revisar algo antes de reunirse con Allison. Con cuidado, retiró algunas cajas polvorientas en busca de antiguos recuerdos.Ahí estaban, dos retratos que había guardado durante años. Uno con su hermano, cargado de memorias felices y compartidas. El otro, sorprendentemente, con Elaisa, una mujer que apenas recordaba. ¿Por qué conservaba esa fotografía? La pregunta le vino a la mente, pero no le dio mayor importancia. Decidió tirar aquella imagen de Elaisa; no tenía cabida en su presente, lleno de nuevas ilusiones. En su lugar, colocó una foto con Allison, un reflejo de su realidad actual y del futuro que deseaba construir.Satisfecho con el cambio, cerró el portarretratos y salió rumbo al dormitorio. Allison ya estaba durmiendo, su res
Mientras tanto en la universidad, el día continuaba su marcha habitual. Allison, quien había tenido que lidiar con una serie de problemas personales recientemente, se encontraba en el proceso de ponerse al día con sus clases. La universidad, un lugar que había sido su refugio en muchos momentos de su vida, la recibía una vez más, y aunque no era extraño para ella, cada vez que regresaba después de una ausencia, sentía que necesitaba readaptarse. Sus amigas, al tanto de lo ocurrido con sus padres, habían estado muy comprensivas y solidarias. Allison apreciaba eso más de lo que podía expresar con palabras. A pesar de la tristeza que la acompañaba, sus compañeras consiguieron aliviar un poco su carga emocional. Durante uno de los recreos, Allison se dirigía al baño, sumida en sus pensamientos, cuando un inesperado encuentro la sacó de su ensimismamiento. Sin darse cuenta, chocó con un chico que llevaba una pila de libros, los cuales cayeron al suelo junto con ellos. Antes de poder proc
Dante estaba a punto de alcanzar la puerta principal de la oficina cuando sintió la mano de Kerrie sujetar suavemente su brazo, deteniéndolo en su intento de salir temprano para disfrutar de una tarde libre. El brillo en los ojos de Kerrie sugería una mezcla de curiosidad e insistencia que hicieron que Dante suspirara, anticipando una conversación que preferiría evitar. —Dante, ¿ya te vas? —preguntó Kerrie, escudriñando con sus ojos buscando alguna respuesta contenida en el rostro del hombre. Dante, visiblemente exasperado, respondió con una ligera brusquedad, intentando ocultar su deseo de dejar atrás el ambiente de trabajo por unas horas. —La respuesta es obvia, Kerrie, ¿no lo crees? —su paciencia estaba al límite, y la pregunta le parecía tan absurda como innecesaria. Kerrie bajó la mirada, dudosamente consciente de haber cruzado un límite no explícito. —Tienes razón, discúlpame —dijó, mientras daba un paso atrás, dispuesta a retirarse. Sin embargo, algo en la situación le hiz
—Ya despierta, hombre —dijó ella, sin dejar de sonreír. Tocó sus mejillas con delicadeza antes de plantar un beso en ellas. Dante gimió ligeramente, todavía aferrado a los últimos vestigios del sueño. —¿Para qué quieres verme despierto? —preguntó con un tono suave, su voz apenas un susurro. Pero Allison estaba decidida. Continuó besando su rostro, cada suave toque una llamada a la vigilia. Finalmente, Dante abrió los ojos y con un gesto rápido y juguetón la atrapó por los brazos, haciéndola rodar para quedar debajo de él —. ¿Te gusta jugar? —preguntó con una sonrisa audaz. —¡Dante, tranquilo! —replicó Allison entre risas, sintiendo el cosquilleo de sus labios cuando comenzaron a descender por su cuello. ——Ahora sí, a levantarse —dijó Dante de repente, liberándola con otro beso fugaz —. Porque si continúo con esto, quizás llegue tarde al trabajo. Allison suspiró, notando pequeñas marcas en su piel, por sus bromas matutinas. Con un poco de vergüenza, pensó en cómo podría disimu
Cositas del pasado de Dante habían llegado hasta él: susurros de un compromiso roto con Elaisa, un amor destrozado por la traición. La noticia había pintado un vívido retrato de un hombre destrozado, consumido por la oscuridad. —Sí —susurró Allison, su voz apenas por encima de un murmullo. La curiosidad brilló en los ojos de Youseff. —¿Sabes de lo que sucedió con el cierto? —su tono estaba cargado de escepticismo, haciéndose eco de los susurros que habían impregnado la sociedad. Se decía que Dante era un hombre de fría indiferencia, incapaz de establecer una verdadera conexión. Allison encontró la mirada de Youseff con gentil firmeza. —Se que dicen cosas sobre Dante y su pasado pero se que en el fondo el no es una persona mala y solo está dolido por la traición de Elaisa. El escepticismo de Youseff persistió. Había tenido el privilegio de conocer las historias que circulaban sobre Dante, retratándolo como un seductor despiadado, dejando corazones rotos a su paso. Sin embargo, l